
Crearon la tela más negra jamás vista y luego confeccionaron un vestido. La tela «ultranegra» podría pronto formar parte de cámaras, paneles solares, telescopios y más.
- Tela más negra jamás creada.
- Inspirada en un ave del paraíso.
- Reflectancia ultrabaja: 0,13 %.
- Escalable, usable y estable desde cualquier ángulo.
- Potencial en energía solar, moda, óptica y ciencia.
- Nanofibrillas que atrapan luz como si fuera un pozo.
- Fabricación en materiales naturales: lana, seda, algodón.
- Camino abierto hacia aplicaciones climáticas reales.
La ave del paraíso que inspiró la tela más negra jamás creada
La búsqueda del color ultrablack –ese que refleja menos del 0,5 % de la luz que recibe– lleva décadas fascinando a la ciencia. Se trata de una tonalidad extrema, casi antinatural, con valor en telescopios, sensores ópticos, cámaras profesionales y también en tecnologías solares. Aun así, conseguir ese nivel de oscuridad en un material flexible, sostenible y estable desde cualquier ángulo ha sido un desafío constante.
Un equipo del Responsive Apparel Design Lab de la Universidad de Cornell acaba de mostrar que la respuesta podía estar, literalmente, en las plumas de un ave. Tras estudiar la estructura del plumaje del riflebird magnífico, un ave del paraíso de Nueva Guinea, desarrollaron un método sorprendentemente simple y reproducible: teñir lana merina blanca con polidopamina —un equivalente sintético de la melanina— y someterla después a un grabado por plasma que genera nanofibrillas capaces de absorber casi toda la luz.
El resultado es una tela natural, flexible y usable, considerada actualmente la más oscura jamás reportada en un textil.
Inspiración directa de un plumaje imposible
Las plumas del riflebird combinan dos elementos clave: melanina y una arquitectura jerárquica de barbulas extremadamente compactas. Esa combinación crea pequeñas cavidades que atrapan la luz, obligándola a rebotar múltiples veces hasta desaparecer. A simple vista, la superficie parece un vacío absoluto, una ausencia de color.

El equipo de Cornell replicó esta lógica con materiales textiles comunes como lana, seda o algodón. Primero impregnaron las fibras con polidopamina hasta el núcleo —no solo la superficie— y después aplicaron un tratamiento de plasma que erosionó ligeramente los filamentos externos, dejando esas nanofibrillas en forma de púas microscópicas. Son ellas las responsables de ese efecto de “pozo óptico”.
El dato clave: la reflectancia media de la tela final es 0,13 %, más baja que cualquier otro tejido reportado hasta la fecha. Y, a diferencia de muchos ultranegros conocidos, no pierde intensidad al inclinarlo: conserva su negrura a lo largo de un arco de 120 grados.
Un negro útil, escalable y pensado para usarse
Uno de los puntos más llamativos es su viabilidad industrial. El proceso no requiere composiciones raras ni sustratos sintéticos. Puede hacerse sobre fibras naturales, lo que abre la puerta a aplicaciones en moda, diseño técnico y materiales de laboratorio sin alejarse de procesos textiles ya conocidos.
En palabras del equipo de diseño, el gran logro es que este ultranegro no solo absorbe luz: se puede llevar puesto. Y eso es nuevo. La mayor parte de los ultrablacks existentes son frágiles, no flexibles o requieren sustratos rígidos, lo cual los limita a dispositivos ópticos o recubrimientos industriales.
La creación del primer vestido confeccionado con este material confirma esa intención. La prenda, con un toque de azul iridiscente inspirado en la misma ave del paraíso, sirvió además para demostrar un efecto sorprendente: al modificar contraste, brillo o saturación en las fotografías, todos los colores cambian menos el ultrablack, que permanece inmóvil, como un punto de referencia absoluto.
Posibles aplicaciones más allá del diseño
Aunque la moda ha sido la primera demostración pública, el potencial técnico es amplio. Entre los usos que el equipo considera más prometedores se encuentran:
- Absorción solar térmica, donde un material tan oscuro puede aumentar significativamente la eficiencia de calentadores o colectores pasivos.
- Revestimientos para sensores ópticos, mejorando la precisión al eliminar reflejos no deseados.
- Dispositivos de camuflaje térmico o textiles que regulen temperatura mediante absorción selectiva.
- Instrumentación científica, desde cámaras calibradas hasta paneles internos de telescopios.
Este tipo de materiales pueden encajar bien en proyectos energéticos que buscan maximizar la captura solar sin recurrir a químicos problemáticos. En la última década, varios países han reforzado normas para favorecer tecnologías solares más eficientes y menos tóxicas, y soluciones como esta podrían beneficiar ese marco regulatorio emergente.
Potencial
La ciencia detrás de esta tela abre caminos interesantes:
- Mejoras en captación solar pasiva. Un textil ultrablack podría incorporarse a sistemas de calentamiento doméstico o estructuras urbanas que aprovechen el calor sin gasto energético adicional.
- Reducción de residuos en óptica y fotografía. Al permitir recubrimientos ultranegros sobre telas y no solo sobre metales o polímeros, se amplía la vida útil de muchos dispositivos y se disminuye la necesidad de materiales sintéticos difíciles de reciclar.
- Moda con impacto ambiental reducido. Si se adopta en colecciones de alta tecnología, puede reducir el uso de tintes químicos intensivos o tóxicos, reforzando la transición hacia materiales más responsables.
- Arquitecturas térmicas inteligentes. Un tejido ultrablack incorporado en capas externas podría regular temperaturas en refugios, paneles móviles o estructuras temporales, reduciendo el consumo energético en climas extremos.
En definitiva, esta tela no es solo un logro estético impresionante. Es una prueba de que la biomimética sigue dando respuestas valiosas para construir un futuro más eficiente y respetuoso con el planeta, inspirándose en lo que ya funciona en la naturaleza desde hace millones de años.
Vía Bird-of-paradise inspires darkest fabric ever made | Cornell Chronicle



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