
El tejido vaginal es altamente absorbente, lo que permite que los químicos entren rápidamente al cuerpo sin filtración hepática.
- Detectan químicos eternos (PFAS) en productos menstruales reutilizables.
- Presencia en ropa interior absorbente, copas y compresas reutilizables.
- Riesgos para la salud íntima y el medio ambiente.
- Falta de regulación y transparencia en la industria.
- Llamado urgente a una fabricación más segura y limpia.
Detectan ‘químicos eternos’ en productos menstruales reutilizables
Los productos menstruales reutilizables, promovidos como una alternativa sostenible y saludable frente a los desechables, podrían estar ocultando una amenaza química. Una investigación reciente liderada por universidades estadounidenses ha detectado la presencia de sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS) en este tipo de productos, conocidos por su persistencia en el medio ambiente y sus riesgos para la salud.
PFAS en productos reutilizables: lo que revela el estudio
El análisis, realizado por científicos de la Universidad de Indiana y la Universidad de Notre Dame, incluyó 59 artículos procedentes de América del Norte, América del Sur y Europa: ropa interior menstrual, compresas reutilizables, copas menstruales y ropa reutilizable para incontinencia.
Los resultados fueron claros: en casi el 30 % de las muestras se encontraron PFAS, y en niveles que sugieren que fueron añadidos deliberadamente durante el proceso de fabricación. Este hallazgo representa la primera confirmación formal de estos compuestos en productos reutilizables para la menstruación.
El auge de estos productos —motivados por razones ecológicas y económicas— no ha ido acompañado de un escrutinio riguroso sobre su seguridad química. “Es especialmente preocupante en adolescentes y mujeres jóvenes, más sensibles a posibles efectos hormonales y reproductivos”, señala la profesora Marta Venier, coautora del estudio y experta en química ambiental.
Qué son los PFAS y por qué preocupan
Los PFAS son compuestos sintéticos utilizados por su capacidad para repeler agua, aceite y calor. Pero su mayor problema es que no se degradan fácilmente, ni en el cuerpo humano ni en la naturaleza. Se acumulan en tejidos con el tiempo y están vinculados a enfermedades como alteraciones hormonales, cáncer, problemas inmunológicos y metabólicos.
Uno de los compuestos más detectados en productos del mercado norteamericano fue el 8:2 FTOH, retirado voluntariamente del envasado alimentario en EE. UU. por su alta persistencia. Este compuesto, al entrar en el cuerpo, puede transformarse en PFOA, una sustancia aún más tóxica, según explica Sydney Brady, investigadora del equipo de Venier.
Vía de entrada rápida: una exposición invisible
La preocupación no es solo medioambiental. La vía de absorción en la zona íntima es directa y rápida, sin los filtros del sistema digestivo o hepático. La doctora Olivia Ahn, exmédica del NHS y fundadora de la marca sostenible FLUUS, recuerda que el tejido vaginal es altamente permeable: “Funciona como una autopista al torrente sanguíneo. Lo que se aplica ahí, entra de forma mucho más rápida y profunda que en otras partes del cuerpo”.
Esto plantea serias dudas sobre la seguridad de materiales que están en contacto prolongado con mucosas tan sensibles. Ahn destaca que aún hay vacíos normativos en cuanto a la composición química de productos íntimos, incluso en países con regulaciones avanzadas.
Un dilema ecológico: ¿reutilizables pero tóxicos?
La contradicción es evidente. Aunque los productos reutilizables evitan toneladas de residuos anuales, si contienen PFAS podrían filtrar estas sustancias al entorno tras su vida útil. Al llegar a vertederos, los PFAS pueden contaminar el suelo, ríos y aguas subterráneas, sumándose a una crisis química silenciosa.
Y lo más preocupante: las etiquetas no lo advierten. Los fabricantes no están obligados a declarar la presencia de PFAS, lo que deja al consumidor sin herramientas para elegir con conciencia.
“Es un problema de opacidad industrial”, apunta Venier. “No basta con parecer sostenible. Hay que serlo desde dentro”.
Más información:
Wang, Z., Peebles, E., Baird, D. D., Jukic, A. M. Z., Wilcox, A. J., Curry, C. L., Fischer-Colbrie, T., Onnela, J.-P., Williams, M. A., Hauser, R., Coull, B. A., & Mahalingaiah, S. (2025). Menstrual product use patterns in a large digital cohort in the United States: Variations by sociodemographic, health, and menstrual characteristics. American Journal of Obstetrics and Gynecology. https://doi.org/10.1016/j.ajog.2025.03.002
Wicks, A., Brady, S., Whitehead, H. D., Hedman, T., Zachritz, A., Venier, M., & Peaslee, G. F. (2025). Per- and Polyfluoroalkyl Substances in Reusable Feminine Hygiene Products. Environmental Science & Technology Letters. https://doi.org/10.1021/acs.estlett.5c00553



Noelia dice
Muy interesante.
Estaré atenta para ampliar la información, pues sería interesante comparar los niveles con los de productos desechables o prendas no menstruales. Y si hay diferencia entre marcas o fábricas.
Compresas y tampones desechables tienen el mismo problema de disruptores endocrinos (químicos eternos, además, que se usan como blanqueantes incluso en material para pañales) sólo que estes además se desechan con 1 solo uso, claro.
Los productos desechables ecológicos no llevan estas sustancias, pero suelen ser más caros.