
Nuevo panel solar semitransparente y flexible logra 9.2% de eficiencia y personalización de color, ideal para arquitectura y superficies curvas.
- Panel solar semitransparente.
- Color ajustable, sin tintes.
- Impresión 3D de microestructuras.
- Ventanas que generan energía.
- Fachadas activas.
- Perovskita flexible.
- Menos material, más diseño.
Durante años, la energía solar ha tenido un problema más estético que técnico: funciona bien, pero cuesta integrarla sin convertir los edificios en un collage de placas opacas. Este nuevo panel solar de perovskita semitransparente y ajustable en color, fabricado mediante impresión 3D, cambia ese equilibrio. No obliga a elegir entre diseño arquitectónico y producción eléctrica. Ambas cosas pueden coexistir, incluso en superficies curvas, ventanas o fachadas ligeras.
La clave está en una idea sencilla pero potente: en lugar de modificar químicamente el material fotovoltaico para hacerlo más transparente, se controla la luz que entra mediante una geometría microscópica impresa en polímero. Menos química, más ingeniería óptica. Y eso, en sostenibilidad, suele ser una buena noticia.
El trabajo, liderado por Shlomo Magdassi y Lioz Etgar en la Universidad Hebrea de Jerusalén, conecta con una tendencia cada vez más fuerte en Europa y Asia: convertir las superficies urbanas pasivas en infraestructura energética distribuida. Fachadas que producen electricidad, marquesinas que filtran luz y generan energía, ventanas que ayudan a alimentar el propio edificio. No ciencia ficción, sino arquitectura activa.
Diseño innovador y proceso de fabricación
El corazón de esta tecnología es una matriz de micro-pilares poliméricos creados mediante impresión 3D de alta resolución. Son columnas microscópicas, invisibles a simple vista, que funcionan como una especie de filtro óptico tridimensional. Al controlar su tamaño, separación y altura, se regula cuánta luz atraviesa la célula solar y cómo se distribuye.
Eso permite algo poco habitual en fotovoltaica: ajustar la transparencia sin tocar la perovskita. El material que convierte la luz en electricidad se mantiene intacto, optimizado para rendimiento. Es la estructura la que decide cuánta luz pasa y cuánta se aprovecha para generar energía.
Además, el proceso se basa en polímeros no tóxicos y sin disolventes agresivos, y no requiere altas temperaturas. Eso lo hace compatible con sustratos flexibles, como láminas plásticas o películas que pueden pegarse sobre vidrio o metal. Menos energía en fabricación, menos residuos peligrosos. Una pequeña victoria ambiental que suma.
Este tipo de fabricación encaja bien con los procesos roll-to-roll que ya se usan en la industria de embalajes o pantallas flexibles. Es decir, podría producirse a gran escala sin reinventar toda la cadena industrial.
Ajuste de color y aplicaciones prácticas
El color no es un simple capricho estético aquí. Ajustando el grosor del electrodo transparente, el panel refleja determinadas longitudes de onda y adopta distintos tonos: azulados, dorados, neutros. Lo interesante es que esa coloración no bloquea la generación eléctrica de forma drástica.
En la práctica, esto abre la puerta a ventanas solares que no parecen placas solares, algo clave para edificios históricos, oficinas, hoteles o viviendas donde la normativa o el gusto arquitectónico suele frenar la instalación fotovoltaica.
También resulta útil en fachadas ventiladas, cubiertas ligeras o incluso vehículos eléctricos y trenes, donde las superficies curvas y el peso importan. Una lámina flexible que produce energía y además filtra luz puede reducir la carga térmica interior. Menos aire acondicionado, menos consumo. Todo conectado.
En ciudades que ya están apostando por el solar integrado en edificios, como varias capitales europeas bajo las normativas de edificios de consumo casi nulo, este tipo de tecnología encaja como un guante. No sustituye a los paneles clásicos del tejado, los complementa donde antes no se podía poner nada.
Resultados de rendimiento y líneas futuras de desarrollo
En pruebas de laboratorio, estas células alcanzaron eficiencias de conversión de hasta el 9,2 % con una transparencia visible media del 35 %. No es un récord absoluto, pero sí un equilibrio muy poco común entre producción eléctrica y paso de luz. Y, sobre todo, lo lograron en un formato flexible y semitransparente, algo que las tecnologías tradicionales no manejan bien.
Las células mantuvieron su rendimiento tras múltiples ciclos de flexión y durante operación prolongada, lo que apunta a una estabilidad mecánica realista para fachadas o ventanas que se dilatan, vibran o se montan en estructuras ligeras.
El siguiente paso es el menos glamuroso pero más decisivo: encapsulación y barreras protectoras. La perovskita es sensible a la humedad y al oxígeno, así que el reto ahora es crear envolventes que la protejan sin perder transparencia ni flexibilidad. Ahí se juega la entrada al mercado.
Potencial
Este tipo de panel puede convertir un bloque de oficinas en una pequeña planta solar vertical, generando parte de la energía que consume sin alterar su estética. En viviendas, permitiría ventanas que producen electricidad mientras filtran la luz y reducen el calor.
En infraestructuras de transporte, desde marquesinas de autobús hasta estaciones, puede aportar energía para iluminación, señalización o recarga ligera. Nada espectacular, pero constante. Y lo constante es lo que suma.
Si estas tecnologías logran una durabilidad real de décadas y costes razonables, podrían integrarse en normativas de construcción sostenible, igual que hoy se exige aislamiento térmico o eficiencia energética. Edificios que no solo consumen menos, sino que devuelven energía a la red.
No salvará el planeta por sí sola, claro. Pero añade una pieza más al puzzle de una ciudad que produce parte de la energía que necesita. Y eso, en un mundo que se calienta demasiado rápido, ya es mucho decir.
More information: Vikas Sharma et al, Semitransparent color tunable perovskite solar cells with 3D pillar structure, EES Solar (2026). DOI: 10.1039/d5el00153f



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