
Una lámina delgada recubierta de nanogeneradores que producen electricidad mediante el impacto de las gotas de lluvia y, al mismo tiempo, mejora la durabilidad de las celdas fotovoltaicas.
- Sol y lluvia, misma superficie.
- Electricidad continua, incluso con mal tiempo.
- Perovskitas protegidas, mayor vida útil.
- Nanogeneradores triboeléctricos, energía de cada gota.
- IoT autónomo, menos baterías.
- Producción escalable, técnicas sostenibles.
Un dispositivo genera electricidad a partir del sol y la lluvia de forma simultánea
Una lámina delgada desarrollada por el Instituto de Ciencia de Materiales de Sevilla, centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y la Universidad de Sevilla, permite algo poco habitual: aprovechar dos fuentes de energía que normalmente se excluyen. Mientras el sol alimenta la célula fotovoltaica, la lluvia deja de ser un problema y pasa a convertirse en recurso energético.
El dispositivo combina celdas solares de perovskita con nanogeneradores triboeléctricos integrados en una lámina de apenas 100 nanómetros. Esta capa no es un simple recubrimiento protector. Funciona como escudo químico, mejora el comportamiento óptico del panel y, además, convierte el impacto de las gotas de lluvia en electricidad. Todo a la vez. Sin piezas móviles. Sin sistemas complejos.
Las perovskitas de haluro llevan años despertando interés por su alta eficiencia y bajo coste de fabricación, pero su talón de Aquiles sigue siendo la sensibilidad a la humedad y al estrés térmico. Aquí entra en juego la tecnología de plasma empleada por el equipo sevillano: un proceso que permite recubrimientos uniformes, duraderos y compatibles con producción industrial, algo clave si se piensa en aplicaciones reales y no solo de laboratorio.

Energía cuando el cielo se nubla
Los resultados son especialmente llamativos en condiciones adversas. Cada gota de lluvia puede generar picos de tensión de hasta 110 voltios, una cifra elevada para un sistema de recolección energética a microescala. Estas tensiones se producen con corrientes extremadamente bajas, por lo que no son comparables a la electricidad suministrada por la red, sino que resultan adecuadas para cargar condensadores o microalmacenamientos que, con impactos repetidos de lluvia, permiten mantener activos sensores y dispositivos electrónicos de muy bajo consumo. No se trata de sustituir a una planta solar, sino de evitar los periodos muertos cuando el cielo se cierra y la radiación cae.
Además, los ensayos muestran una estabilidad notable: inmersión prolongada en agua, ciclos repetidos de humedad-temperatura y funcionamiento continuo sin degradación significativa. En el contexto de dispositivos expuestos al exterior, esto no es un detalle menor. Es, de hecho, una de las barreras que más ha frenado la adopción de nuevas tecnologías fotovoltaicas.

Disminución de las baterías
Aquí aparece una de las claves del avance. Muchos dispositivos actuales —sensores ambientales, estaciones remotas, nodos IoT— dependen de baterías que hay que sustituir, reciclar o transportar. Un coste económico, pero también ambiental.
Este sistema híbrido apunta a reducir esa dependencia, extendiendo la autonomía y, en algunos casos, minimizando o eliminando la necesidad de baterías convencionales en aplicaciones de consumo ultrabajo.
En agricultura de precisión, por ejemplo, sensores de humedad o lluvia podrían funcionar de forma autónoma durante años. En infraestructuras, permitiría monitorizar puentes o edificios sin cableado ni mantenimiento constante. Y en entornos marinos o remotos, donde acceder a un equipo implica barcos, combustible y tiempo, la autosuficiencia energética deja de ser una promesa y pasa a ser una necesidad.
La idea de ciudades inteligentes también encaja bien con este enfoque: señalización autónoma, alumbrado auxiliar, sensores de calidad del aire o ruido que no fallan cuando más llueve, justo cuando más información ambiental se necesita.
Potencial
Conviene aclarar que esta tecnología no está diseñada para alimentar electrodomésticos, vehículos eléctricos ni equipos informáticos, ni para sustituir a una instalación fotovoltaica convencional. Su objetivo es garantizar autonomía energética en sistemas distribuidos, especialmente en exteriores y entornos húmedos, donde la lluvia y la baja radiación solar reducen la eficacia de los paneles tradicionales.
Su potencial está en lo realista:
- Sistemas IoT autosuficientes, sin baterías o con baterías mínimas.
- Infraestructuras monitorizadas con menor huella material.
- Energía distribuida en zonas donde la red no llega o es inestable.
- Mejor aprovechamiento del clima, incluso cuando no acompaña.
La combinación sol-lluvia refleja una idea sencilla pero poderosa: adaptar la tecnología al entorno, no al revés. En un contexto de crisis climática, donde la resiliencia importa tanto como la eficiencia, soluciones así no solo generan electricidad. Cambian la forma de pensar el diseño energético. Y eso, a largo plazo, puede marcar la diferencia.
Vía Consejo Superior de Investigaciones Científicas
Más información: Water resistant hybrid perovskite solar cell – drop triboelectric energy harvester



Joan dice
se puede usar en instalaciones fotovoltaicas ya instaladasy funcionando o es para la fabricacion de nuevas placas solares?
Lobotomik dice
Los datos son insuficientes para entender la relevancia, y además seguramente erróneos.
Para empezar, lo de 110V por el impacto de una gota de agua seguramente es un error; ¿no serán 110mV?
En todo caso faltan dimensiones.115V es la tensión de la red eléctrica en toda América, ¿con una gota de lluvia puedo enchufar el ordenador?¿poner un lavaplatos?¿cargar un coche? ¿Y con una gota cada segundo, o mil, o un millón?
Otra vez más demostráis que no tenéis ni idea de física, ni de química, ni de electricidad, ni de electrónica ni de nada de lo imprescindible para hablar de energías renovables. De verdad, buscad a alguien que sepa, para complementar vuestros buenos deseos y esperanzas infundadas.