
Científicos de Singapur desarrollan batería sólida de sodio más segura y barata usando un material derivado de urea.
- 🌍 Sodio abundante y barato frente a litio escaso y caro.
- 🔋 Baterías sólidas más seguras sin líquidos inflamables.
- 🧪 Material obtenido a partir de urea y procesos relativamente simples.
- ⚡ Más de 2.000 horas de funcionamiento estable en pruebas de laboratorio.
- 🏭 Potencial para almacenamiento renovable masivo y redes eléctricas más resilientes.
- 🚗 Aplicaciones futuras en vehículos eléctricos y sistemas industriales.
- ♻️ Menor dependencia minera crítica y mayor seguridad energética.
El sodio gana terreno en la carrera por las baterías sostenibles
Durante años, el debate energético ha girado alrededor del litio. Coches eléctricos, baterías domésticas, almacenamiento renovable… casi todo dependía de este mineral. Pero el crecimiento acelerado de la demanda también ha dejado al descubierto varios problemas: extracción intensiva, tensiones geopolíticas, aumento de precios y dependencia de unos pocos países productores.
En ese contexto, el sodio empieza a dejar de verse como una alternativa secundaria. Investigadores de la Universidad Nacional de Singapur han desarrollado una nueva batería sólida basada en sodio que podría resolver uno de los grandes obstáculos de esta tecnología: la seguridad.
La propuesta combina dos elementos muy buscados en el sector energético actual. Por un lado, un material abundante y barato. Por otro, una arquitectura de batería diseñada para evitar incendios y degradación prematura. Y ojo, eso cambia bastante el escenario.
Por qué el sodio interesa tanto a la industria energética
El sodio tiene una ventaja evidente: está prácticamente en todas partes. Se encuentra en grandes cantidades en la corteza terrestre y también en el agua marina. Frente al litio, cuya extracción suele concentrarse en regiones concretas de Sudamérica, Australia o China, el sodio ofrece una cadena de suministro mucho más distribuida y menos vulnerable.
Eso resulta especialmente importante para el almacenamiento eléctrico a gran escala. Las redes renovables necesitan baterías gigantes capaces de almacenar excedentes solares o eólicos durante horas. Ahí el coste importa muchísimo más que el peso o el tamaño.
En otras palabras: para guardar energía en una planta solar o estabilizar una red eléctrica nacional, el sodio puede resultar mucho más lógico económicamente.
Algunas empresas chinas ya están apostando fuerte por ello. Fabricantes como CATL o HiNa Battery llevan años desarrollando tecnologías comerciales basadas en sodio para almacenamiento estacionario y movilidad ligera. Europa también empieza a mover ficha mediante programas vinculados a la autonomía estratégica de materias primas.
El problema de seguridad que frenaba estas baterías
Hasta ahora, muchas baterías de sodio seguían utilizando electrolitos líquidos inflamables, similares a los de las baterías de litio convencionales. El problema es conocido: fugas, sobrecalentamientos y riesgo de incendio.
En instalaciones masivas, esos riesgos aumentan. Basta recordar los incidentes ocurridos en sistemas de almacenamiento eléctrico en Corea del Sur, Estados Unidos o Australia durante los últimos años. La seguridad se ha convertido en una prioridad absoluta para el sector.
La solución más prometedora era sustituir esos líquidos por electrolitos sólidos, capaces de transportar los iones sin materiales inflamables. El inconveniente estaba en el rendimiento: los iones de sodio se movían demasiado lento y aparecían las temidas dendritas, unas estructuras metálicas microscópicas que terminan perforando la batería y provocando cortocircuitos.
Y ahí entra el nuevo avance.
Un material barato que reorganiza toda la batería
El equipo utilizó un compuesto llamado nitruro de carbono grafítico, obtenido calentando urea a unos 550 °C. Nada de materiales exóticos ni procesos imposibles de escalar. Esa sencillez es parte de lo interesante.
El material actúa dentro del electrolito sólido modificando su estructura interna. Según los investigadores, consigue crear zonas más flexibles donde los iones de sodio pueden desplazarse con mayor facilidad. Además, ayuda a separar mejor los iones activos, aumentando la conductividad.
El resultado fue notable: la conductividad iónica llegó a duplicarse en comparación con sistemas similares sin ese aditivo.
Pero quizá lo más importante sea la estabilidad mecánica. El nuevo electrolito mostró una resistencia mucho mayor frente a la formación de dendritas. Traducido: menos riesgo de fallo interno y mayor vida útil.
Más ciclos, menos degradación
Las pruebas realizadas por el equipo muestran cifras bastante sólidas para una tecnología todavía experimental.
La batería mantuvo el 95 % de su capacidad tras 500 ciclos de carga y descarga. Además, resistió miles de horas de funcionamiento sin cortocircuitos, incluso trabajando con densidades de corriente superiores.
No se trata aún de una batería lista para llenar concesionarios de coches eléctricos mañana mismo. Falta escalar producción, reducir costes industriales y validar el comportamiento en condiciones reales durante años. Pero sí representa una señal clara de hacia dónde se está moviendo el sector.
Cada vez más laboratorios intentan desarrollar baterías con materiales abundantes, menos tóxicos y más fáciles de reciclar. Ya no basta con almacenar energía. También importa cómo se fabrican las baterías y qué impacto dejan detrás.
El almacenamiento energético entra en una nueva etapa
El crecimiento de la energía solar y eólica está transformando el sistema eléctrico mundial. Pero ambas tecnologías comparten un problema evidente: producen energía cuando hay sol o viento, no necesariamente cuando se necesita.
Por eso el almacenamiento se ha convertido en una pieza estratégica. Sin baterías más seguras, asequibles y duraderas, la transición energética avanza más despacio.
La Agencia Internacional de la Energía lleva años advirtiendo de que el despliegue de almacenamiento deberá multiplicarse varias veces durante esta década para cumplir los objetivos climáticos. Y depender únicamente del litio puede convertirse en un cuello de botella industrial y geopolítico.
Las baterías de sodio no pretenden reemplazar de inmediato a las de litio en todos los usos. Probablemente convivirán durante años, ocupando nichos distintos. El litio seguirá dominando aplicaciones donde el peso y la densidad energética sean críticos, como vehículos de alta gama o aviación eléctrica.
Pero en almacenamiento estacionario, redes inteligentes, instalaciones renovables o sistemas industriales… el sodio empieza a tener muchísimo sentido.
Potencial
La evolución de las baterías de sodio de estado sólido podría facilitar una expansión más rápida de las energías renovables, especialmente en regiones con menos acceso a materias primas críticas o con presupuestos limitados para infraestructuras energéticas.
Su uso en almacenamiento masivo permitiría aprovechar mejor la electricidad generada por parques solares y eólicos, reduciendo el desperdicio energético y disminuyendo la dependencia de centrales fósiles de respaldo.
También podría favorecer sistemas energéticos más descentralizados, con comunidades capaces de almacenar parte de su propia energía localmente. Eso resulta especialmente interesante en zonas rurales, islas o regiones con redes eléctricas frágiles.
Además, la utilización de materiales más abundantes y potencialmente menos conflictivos podría aliviar parte de la presión ambiental y geopolítica asociada a la minería intensiva de litio, cobalto o níquel.
Queda camino por recorrer. Mucho. Pero avances como este muestran algo importante: la transición energética no depende únicamente de producir más electricidad renovable. También exige reinventar cómo se almacena, cómo se transporta y cómo se fabrica toda esa tecnología. Y ahí, el sodio ya no parece una opción menor.
Más información: Sudharshan Vasudevan et al, Composite Polymer Electrolyte With Functional 2D GCN for Improved Na‐Ion Transport and Na Metal Compatibility of All‐Solid‐State Sodium‐Ion Batteries, Advanced Functional Materials (2026). DOI: 10.1002/adfm.75729



Jesus MS dice
La urea que se descompone en amoniaco, que tan segura sería en una gran batería para un coche? debería estar muy bien aislada del habitáculo para no morir por asfixia, que es lo que provoca concentraciones elevadas de amoniaco.
Jairo Luis dice
¡Por supuesto! Claro, porque todos sabemos que los ingenieros automotrices diseñan los autos pensando en gasear a sus conductores los martes por la tarde.
Jairo Luis dice
Menos mal que los autos de gasolina actuales son súper seguros y viajan con 50 litros de un líquido totalmente inofensivo que jamás explota, ni se incendia, ni genera monóxido de carbono asfixiante. Eso sí es tranquilidad.