
La carga inductiva en vehículos eléctricos facilitaría su uso como baterías móviles para energías renovables.
- Carga inalámbrica de coches eléctricos, rápida y automática.
- Mayor comodidad, menor fricción en el día a día.
- Eficiencia similar a un cargador con cable.
- Vehículos como almacenes móviles para apoyar la red.
- Tecnología ya probada en condiciones reales en Suiza.
Carga rápida y sencilla de coches eléctricos sin cables
En Suiza ya circulan los primeros vehículos adaptados para carga inductiva. El sistema, desarrollado en colaboración entre Empa y varios socios del proyecto INLADE, permite que un coche reciba energía simplemente al situarse sobre una placa emisora instalada en el suelo. Nada de enchufes, nada de maniobras extra. Para quienes llegan cansados a casa o cargan su vehículo en espacios públicos donde la rotación es alta, esta comodidad marca la diferencia.
El interés no se limita al confort. La conexión automática abre una puerta clara a modelos energéticos más flexibles. En cuanto un coche queda estacionado, su batería puede integrarse a la red y actuar como almacenamiento distribuido, algo especialmente valioso en países que avanzan hacia una mayor penetración solar y eólica. La experiencia del proyecto, impulsado con el apoyo de la Oficina Federal de Energía y los cantones de Zúrich y Argovia, demuestra que la tecnología ya tiene un nivel de madurez suficiente para pruebas reales, sin depender de prototipos de laboratorio.

Misma eficiencia que la carga por cable
El equipo de Empa comprobó que la eficiencia ronda el 90%, equivalente a la de un cargador convencional. Este dato es clave porque, históricamente, la carga inalámbrica ha despertado dudas por posibles pérdidas energéticas. En este caso, no. Incluso en escenarios exigentes, con nieve, lluvia o pequeñas desviaciones en el alineamiento, el rendimiento se mantuvo estable.
La precisión en el aparcamiento aún requiere cierta atención del conductor, aunque el sistema incluye pantallas guía y en el futuro será el propio asistente de aparcamiento del vehículo quien ubique el coche sobre la bobina emisora. Mientras tanto, la interoperabilidad sigue siendo una prioridad. Las pruebas incluyeron mediciones de compatibilidad electromagnética para asegurar que el campo magnético no interfiere con marcapasos, teléfonos móviles, llaves del coche o los propios sistemas internos del vehículo. Tras superar estos controles, los coches recibieron aprobación individual para circular en vías suizas.
Esta validación es importante porque la falta de estándares comunes ha sido una de las barreras a la expansión de la carga inductiva. Aunque organismos internacionales trabajan en normativas unificadas, proyectos como este ayudan a presionar para que fabricantes y operadores adopten interfaces compatibles y seguras.
Amortiguador para energías renovables
El potencial energético es quizás el aspecto más interesante. Un coche eléctrico permanece parado unas 23 horas al día, tiempo más que suficiente para convertirse en un amortiguador de energía renovable. Con sistemas bidireccionales, el vehículo podría devolver electricidad a la red en momentos de alta demanda y recargarse cuando haya excedente, sobre todo durante horas de fuerte producción fotovoltaica.
A nivel económico, este enfoque ayuda a reducir la factura eléctrica si la recarga se programa en horas con mayor proporción de renovables o menor precio. En algunos municipios europeos ya se estudian incentivos para flotas que aporten flexibilidad a la red mediante este tipo de tecnologías. La carga inductiva simplifica todo porque elimina la fricción diaria: el coche se conecta solo, sin depender de que el usuario recuerde enchufarlo.
Potencial
La carga inductiva puede convertirse en una pieza real del sistema energético, no solo un accesorio cómodo. Si se combina con redes inteligentes y tarifas dinámicas, facilita que los vehículos actúen como microrreservas renovables en barrios, empresas o comunidades energéticas.
Otro aspecto prometedor es su uso en aparcamientos públicos y estaciones de taxi o carsharing, donde la rotación constante hace más difícil mantener los coches cargados de forma manual. En esos escenarios, la automatización garantiza niveles de batería adecuados sin intervención humana.
Mirando a medio plazo, esta tecnología podría integrarse en infraestructuras de movilidad eléctrica ligera, vehículos de reparto o autobuses urbanos que recargan durante paradas breves. No necesita transformar la ciudad de golpe, solo instalar placas donde realmente aporten valor.
Vía Empa



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