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Investigadores suizos desarrollan método con drones e IA que reduce atascos y puede ahorrar hasta un 20% de combustible en ciudad

27 abril, 2026 Deja un comentario

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Tráfico Manhattan
Tráfico Manhattan. Imagen: Helena G.H Shutterstock

Científicos suizos utilizan drones y aprendizaje automático para anticipar atascos y optimizar semáforos en ciudades.

  • 🔍 Menos atascos → datos en tiempo real desde el aire.
  • 🚁 Drones + IA → visión completa del tráfico urbano.
  • ⛽ Hasta 20% menos consumo → conducción más eficiente.
  • 🌍 Menos emisiones → impacto directo en calidad del aire.
  • 🚦 Semáforos inteligentes → anticipación, no reacción.
  • 📊 Modelos predictivos → decisiones urbanas más precisas.

Cuando las matemáticas ayudan a hacer mejores predicciones

Los atascos forman parte del paisaje cotidiano en muchas ciudades. No solo consumen tiempo; también energía, dinero… y paciencia. La cuestión es evidente: ¿cómo reducirlos sin seguir ampliando carreteras? La respuesta empieza a tomar forma desde el aire.

Según datos recientes, ciudades como Ginebra alcanzan pérdidas de hasta 141 horas anuales por persona en congestión, con velocidades medias urbanas por debajo de 20 km/h. No es un problema aislado. Es estructural. Y ahí es donde la gestión inteligente del tráfico empieza a marcar la diferencia.

Una nueva forma de observar la ciudad

Durante décadas, los sistemas de control del tráfico se han basado en sensores fijos: cámaras, bucles en el asfalto, estaciones de medición. Funcionan, pero tienen limitaciones claras. Solo captan fragmentos.

Los drones introducen una perspectiva completamente distinta. No se limitan a observar un punto concreto, abarcan áreas completas. Cruces complejos, rotondas, arterias principales… todo a la vez. Y con un nivel de detalle que permite entender lo que realmente ocurre.

Aquí está la clave: no se trata solo de ver coches. Se trata de comprender interacciones reales entre vehículos, peatones y ciclistas. Cómo se forman los cuellos de botella. Por qué un frenazo genera una onda de congestión. Ese tipo de cosas.

Del dato bruto a la predicción

Captar datos es solo el primer paso. El verdadero salto llega con la inteligencia artificial y el aprendizaje automático.

Al integrar la información de drones con sensores tradicionales, los modelos predictivos mejoran entre un 15% y un 20%. Puede parecer poco, pero en movilidad urbana es enorme. Supone anticiparse.

Y anticiparse lo cambia todo.

Por ejemplo, ajustar semáforos antes de que llegue un atasco a una zona. Redistribuir el tráfico en tiempo real. Detectar patrones invisibles a simple vista. Incluso prever cómo se propagará una congestión tras un incidente.

No se predice el accidente. Se predice su impacto. Y eso permite reaccionar con inteligencia.

Adaptar la tecnología a cada ciudad

No todas las ciudades se comportan igual. Lo que funciona en Zúrich puede no servir en Nairobi. El tráfico responde a factores culturales, urbanísticos, económicos.

Por eso, los modelos necesitan datos locales reales. Y aquí los drones vuelven a jugar un papel clave: permiten generar esa información de forma rápida, flexible y relativamente económica.

Además, su uso respeta la privacidad. No identifican personas ni matrículas. Analizan patrones, no individuos.

Más allá del tráfico: ruido, aire y comportamiento

El potencial de esta tecnología no se limita a los atascos.

Al analizar variables como velocidad, aceleración o tipo de motor, es posible estimar niveles de ruido y emisiones contaminantes. No con sensores aislados, sino con una visión global del sistema.

Esto permite responder a preguntas muy concretas:

  • ¿Dónde se genera más contaminación acústica?
  • ¿Qué zonas concentran más emisiones en horas punta?
  • ¿Cómo influye el tráfico en la calidad del aire de un barrio?

También se pueden estudiar comportamientos. Cambios de carril agresivos. Interacciones peligrosas. Situaciones que, vistas desde el suelo, pasan desapercibidas.

De la investigación a la ciudad real

La tecnología ya ha salido del laboratorio. Proyectos piloto en ciudades como Atenas, Manchester o Helsinki han demostrado su viabilidad.

Empresas surgidas de estos entornos, como las que trabajan con gemelos digitales urbanos, están empezando a integrar estos datos en sistemas que simulan la ciudad en tiempo real. Una especie de réplica virtual que permite probar decisiones antes de aplicarlas.

  • ¿Cambiar un sentido de circulación?
  • ¿Reducir carriles?
  • ¿Priorizar transporte público?

Todo se puede ensayar primero en ese entorno digital. Sin riesgos. Sin improvisaciones.

Cuando las matemáticas entienden cómo vivimos

El tráfico no es solo movimiento. Es comportamiento humano.

Los nuevos modelos ya no analizan únicamente trayectos aislados. Consideran el conjunto de actividades diarias: trabajo, ocio, compras, cuidados. Incluso las dinámicas del hogar.

Quién usa el coche. Cuándo. Para qué.

Este enfoque permite generar predicciones mucho más realistas. Porque refleja cómo vivimos de verdad, no cómo se supone que deberíamos movernos.

Y eso abre la puerta a algo importante: diseñar ciudades que se adapten a las personas, no al revés.

Qué impacto puede tener

La congestión no es solo un problema de movilidad. Es una fuente directa de emisiones innecesarias.

Un coche atrapado en un atasco consume más combustible y emite más CO₂ que uno circulando de forma fluida. Reducir la congestión implica reducir emisiones sin necesidad de cambiar vehículos.

Aquí es donde estas tecnologías aportan valor inmediato: La optimización del tráfico puede traducirse en reducciones significativas de consumo, especialmente en entornos urbanos donde las paradas y arranques constantes disparan el gasto energético.

Además, al identificar zonas críticas, las ciudades pueden implementar medidas específicas: limitaciones de tráfico, zonas de bajas emisiones o rediseño de infraestructuras.

También hay un efecto indirecto: mejorar la fluidez hace más atractivas alternativas como el transporte público o la movilidad activa.

Menos ruido. Menos contaminación. Más calidad de vida. No es menor.

Vía EPFL

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Publicado en: Contaminación, Eficiencia energética

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