
Científicos suizos superan récord previo con célula solar multicapa de bajo coste que promete superar el 40% en el futuro.
- 30% eficiencia certificada.
- Triple capa: silicio + perovskitas.
- Más energía con misma superficie.
- Coste potencial mucho menor.
- Escalabilidad en marcha.
- Alternativa a tecnología espacial cara.
- Camino abierto hacia >40%.
- Mejor aprovechamiento del espectro solar.
Células solares de triple unión perovskita-silicio alcanzan un 30% de eficiencia
La energía solar lleva años avanzando a buen ritmo, pero no todos los saltos son iguales. Algunos marcan un antes y un después. Este es uno de ellos. Un equipo de investigadores de EPFL y CSEM ha conseguido superar el 30% de eficiencia en una célula solar de triple unión, combinando silicio con dos capas de perovskita en un único dispositivo.
Puede parecer un dato más. No lo es. Supone acercar tecnologías que hasta ahora estaban reservadas al espacio —carísimas— al ámbito terrestre. Y eso cambia las reglas del juego.

Una arquitectura que rompe límites
La clave está en cómo se organiza la célula. En lugar de una única capa que intenta capturar toda la luz solar, este diseño divide el trabajo:
- Una capa inferior de silicio, robusta y bien conocida.
- Una capa intermedia de perovskita optimizada para infrarrojo cercano.
- Una capa superior de perovskita ajustada a la luz visible de alta energía.
Cada una absorbe una parte distinta del espectro solar. Es como repartir tareas para no desperdiciar energía. Resultado: más electricidad con la misma cantidad de luz.
El avance no se ha quedado en teoría. El dispositivo ha alcanzado una eficiencia certificada del 30,02%, superando claramente el récord anterior del 27,1%. Y además, en un formato escalable de hasta 54 cm², algo clave si se piensa en aplicaciones reales.
Tres mejoras que marcan la diferencia
Este salto no ha sido casual. El equipo ha afinado tres aspectos críticos que tradicionalmente limitaban este tipo de células:
Primero, han introducido una molécula que guía el crecimiento de los cristales de perovskita, reduciendo defectos. Esto permite generar un voltaje más alto, en torno a 1,4 voltios en la capa superior.
Segundo, han desarrollado un proceso de fabricación en tres pasos que mejora la absorción de luz en el infrarrojo cercano en la capa intermedia. Esa parte del espectro suele desaprovecharse en muchas tecnologías.
Y tercero, han incorporado nanopartículas reflectantes entre capas, que devuelven parte de la luz hacia la célula intermedia, aumentando la generación de corriente. Un detalle pequeño, pero con impacto real.
Aquí no hay magia. Hay ingeniería fina.

Más eficiencia… sin disparar costes
Hasta ahora, las células solares más eficientes del mundo —las de tipo III-V— se utilizan en satélites. Pueden alcanzar eficiencias cercanas al 37%, pero su coste es prohibitivo: hasta 1.000 veces más por vatio que las tecnologías convencionales.
Lo interesante de este desarrollo es que utiliza materiales potencialmente más baratos, como el silicio y las perovskitas. Si se logra escalar la producción, el sector podría acceder a eficiencias cercanas a las espaciales… pero a precios terrestres.
No es un detalle menor. La eficiencia no solo afecta a cuánta energía se genera, sino a:
- La superficie necesaria de instalación.
- El coste por kilovatio generado.
- La viabilidad en entornos urbanos o limitados.
Más eficiencia implica menos paneles para producir lo mismo. Y eso, en ciudades o tejados, se nota.
De laboratorio a aplicaciones reales
El reto ahora no es solo mejorar el rendimiento, sino demostrar que estas células pueden:
- Mantener su durabilidad en condiciones reales.
- Integrarse en procesos industriales.
- Resistir humedad, calor y radiación UV.
Aquí es donde entra el siguiente paso: industrialización y pruebas a largo plazo. En este punto, colaboraciones como la de EPFL con CSEM son clave.
Además, ya se vislumbran posibles aplicaciones:
- Instalaciones fotovoltaicas de alta densidad en zonas con espacio limitado.
- Integración en edificios (BIPV), donde cada metro cuenta.
- Sistemas solares para movilidad o dispositivos autónomos.
- Incluso aplicaciones espaciales más económicas.
Potencial
Si esta tecnología logra salir del laboratorio y consolidarse a escala industrial, las implicaciones son profundas.
Podría permitir generar más energía renovable en menos espacio, algo crítico en entornos urbanos. También facilitaría la electrificación de sectores difíciles, al abaratar el coste de la electricidad limpia.
En países con alta radiación solar, estas células podrían acelerar la transición energética sin necesidad de grandes infraestructuras adicionales. Más producción distribuida, más resiliencia.
A medio plazo, cabe imaginar tejados, fachadas o incluso infraestructuras integradas con paneles de alta eficiencia casi invisibles, aprovechando mejor cada rayo de sol.
No es una solución única. Pero sí una pieza importante del puzle.
Y, tal vez, una de esas que inclinan la balanza.
Vía Record efficiency for perovskite-silicon triple-junction solar cells – EPFL
Más información: Kerem Artuk et al, Triple-junction solar cells with improved carrier and photon management, Nature (2026). DOI: 10.1038/s41586-026-10385-y



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