
Allianz Trade advierte que los centros de datos impulsados por la IA generaron 286 millones de toneladas de CO₂ en 2025, un 57% más que las estimaciones de la AIE.
- 🌍 286 millones de toneladas de CO₂ en 2025.
- ⚡ Expansión acelerada de los centros de datos.
- 🤖 Mayor consumo eléctrico por la inteligencia artificial.
- 💧 Demanda creciente de agua para refrigeración.
- 🔋 Electricidad renovable, factor decisivo.
- 🇺🇸🇨🇳 Estados Unidos y China, principales focos de emisiones.
- 🌱 Descarbonización, clave para reducir el impacto.
La revolución de la inteligencia artificial también tiene un coste climático
La carrera mundial por desarrollar modelos de inteligencia artificial cada vez más potentes está impulsando una auténtica explosión en la construcción de centros de datos. Estas instalaciones albergan miles de servidores que trabajan las 24 horas del día procesando enormes volúmenes de información y ejecutando modelos de IA que requieren una capacidad de cálculo sin precedentes.
Ese crecimiento tiene una consecuencia directa: un aumento muy importante del consumo energético. Un estudio elaborado por Allianz Trade estima que los centros de datos emitirán alrededor de 286 millones de toneladas de CO₂ durante 2025, una cifra un 57% superior a la calculada anteriormente por la Agencia Internacional de la Energía.
La diferencia pone de manifiesto una realidad que empieza a preocupar tanto a científicos como a responsables políticos. La IA ya no representa únicamente un desafío tecnológico; también se ha convertido en un nuevo factor que condiciona la evolución de la demanda eléctrica mundial.
Cada consulta a una IA necesita una enorme infraestructura invisible
Cuando una persona utiliza un chatbot, genera imágenes o traduce documentos mediante inteligencia artificial, el proceso parece inmediato. Sin embargo, detrás de esa respuesta trabajan miles de procesadores especializados repartidos por grandes centros de datos.
Los modelos de IA consumen mucha más energía que muchas aplicaciones tradicionales debido a la enorme cantidad de operaciones matemáticas que realizan. Además, conforme aumentan el tamaño de los modelos y el número de usuarios, también crecen las necesidades de infraestructura.
El informe señala que actualmente la IA representa entre el 15% y el 20% del consumo eléctrico de los centros de datos, aunque esa proporción podría alcanzar el 40% antes de 2030 si continúa el ritmo actual de adopción.
No se trata únicamente de construir más edificios. También es necesario ampliar redes eléctricas, instalar nuevas subestaciones, reforzar sistemas de refrigeración y garantizar un suministro continuo incluso durante episodios de alta demanda.
La electricidad utilizada marca una diferencia enorme
No todos los centros de datos generan la misma huella de carbono. El impacto depende en gran medida de cómo se produce la electricidad que alimenta los servidores.
En países donde predominan las energías renovables, la energía hidroeléctrica o la energía nuclear, las emisiones por kilovatio-hora son muy reducidas. El informe compara el caso de Noruega y Suecia, donde la producción eléctrica genera menos de 30 gramos de CO₂ por kilovatio-hora.
La situación cambia completamente en sistemas eléctricos muy dependientes del carbón. En India, por ejemplo, las emisiones superan los 600 gramos de CO₂ por kilovatio-hora, multiplicando varias veces el impacto climático de realizar exactamente el mismo trabajo informático.
Esto explica por qué muchas grandes compañías tecnológicas están buscando nuevas ubicaciones para sus centros de datos en regiones con abundante generación renovable y temperaturas más bajas, donde también resulta más sencillo reducir el consumo energético destinado a refrigeración.
El agua, otro recurso cada vez más presionado
La electricidad no es el único recurso bajo presión. Mantener miles de servidores funcionando de forma continua obliga a evacuar enormes cantidades de calor.
Muchos centros de datos emplean sistemas de refrigeración que utilizan agua para disipar esa energía térmica. Allianz Trade calcula que estas instalaciones podrían necesitar entre 1,3 y 1,8 billones de litros de agua al año en 2030, un volumen similar al consumo anual de un país como Suiza.
Este aspecto adquiere especial relevancia en regiones donde las sequías son cada vez más frecuentes. En algunos lugares ya se están planteando restricciones sobre el uso industrial del agua durante los meses de mayor escasez, lo que está llevando al sector a desarrollar sistemas de refrigeración líquida, circuitos cerrados y tecnologías que reducen notablemente el consumo hídrico.
La industria busca soluciones para contener el crecimiento de las emisiones
Las grandes empresas tecnológicas son conscientes de que la expansión de la IA puede poner en riesgo sus propios objetivos climáticos. Por ese motivo, durante los últimos años han aumentado las inversiones en parques solares, parques eólicos, almacenamiento mediante baterías y contratos de suministro eléctrico renovable a largo plazo.
También se están desarrollando nuevos procesadores mucho más eficientes, capaces de realizar más operaciones utilizando menos electricidad. Fabricantes de chips como NVIDIA, AMD, Intel o las compañías que diseñan aceleradores específicos para IA trabajan precisamente en reducir el consumo energético por operación.
Otra línea prometedora consiste en reutilizar el calor residual generado por los centros de datos. En países del norte de Europa ya existen proyectos donde ese calor se aprovecha para alimentar redes urbanas de calefacción, reduciendo el consumo de combustibles fósiles durante el invierno.
Paralelamente, la Unión Europea continúa impulsando medidas para mejorar la eficiencia energética del sector digital mediante requisitos de transparencia y evaluación del rendimiento ambiental de los centros de datos, favoreciendo instalaciones cada vez más eficientes.
Qué impacto puede tener en el medio ambiente
El crecimiento acelerado de los centros de datos puede traducirse en un aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero, especialmente cuando la electricidad procede de combustibles fósiles. También incrementa la presión sobre recursos como el agua y el suelo, debido a la construcción de nuevas infraestructuras de gran tamaño.
Sin embargo, el impacto ambiental no depende únicamente del número de instalaciones. La forma en la que se diseñan, el origen de la electricidad, la eficiencia de los equipos y la capacidad para reutilizar el calor generado pueden reducir considerablemente su huella ecológica.
Otro aspecto relevante es la planificación territorial. Concentrar grandes centros de datos en zonas donde la red eléctrica ya está muy saturada puede obligar a construir nuevas infraestructuras energéticas con un elevado coste económico y ambiental. Una planificación adecuada permite aprovechar excedentes renovables y minimizar esos efectos.
Un desafío que también abre oportunidades para transformar el sistema energético
Aunque las cifras del informe resultan preocupantes, también evidencian una oportunidad. La enorme demanda eléctrica de la IA puede acelerar inversiones que beneficien al conjunto del sistema energético.
La necesidad de disponer de electricidad limpia durante las 24 horas está impulsando nuevos proyectos de almacenamiento energético, redes inteligentes, gestión flexible de la demanda y tecnologías de refrigeración mucho más eficientes.
Cada mejora aplicada a un centro de datos puede extenderse después a hospitales, edificios públicos, industrias o viviendas, multiplicando el ahorro energético en otros sectores de la economía.
Más información: Allianz Trade



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