
Un análisis de 22 episodios históricos revela hasta qué punto podría cambiar el calor extremo durante este siglo y por qué las ciudades no están preparadas.
- 🌡️ Hallazgo principal: Las olas de calor más extremas registradas durante las últimas décadas podrían quedar ampliamente superadas por las que se produzcan a lo largo del siglo XXI.
- 📊 Alcance de la investigación: Un equipo internacional ha analizado 22 olas de calor registradas entre 2010 y 2023 y las ha comparado con simulaciones climáticas hasta 2100.
- 🔥 Duración e intensidad: En escenarios de emisiones elevadas, algunas regiones podrían experimentar episodios de calor extremo que duren varios meses y acumulen varias veces más calor que los eventos históricos estudiados.
- 🌍 Incluso con menos emisiones: Las proyecciones indican que algunas olas de calor excepcionales podrían superarse incluso aplicando políticas ambiciosas de reducción de gases de efecto invernadero.
- ⚠️ Adaptación insuficiente: Las infraestructuras, los sistemas sanitarios y los planes de emergencia diseñados a partir de los episodios conocidos podrían resultar insuficientes frente a los futuros extremos climáticos.
Las olas de calor que han batido récords de temperatura durante los últimos años, provocando miles de muertes, incendios forestales y graves daños ambientales, podrían parecer relativamente moderadas frente a las que experimentará el planeta en las próximas décadas.
Esta es la principal conclusión de una investigación publicada en Nature Communications el 5 de noviembre de 2026. El trabajo, desarrollado por científicos de distintas instituciones internacionales, advierte de que las futuras olas de calor no solo podrían alcanzar temperaturas más extremas, sino extenderse durante mucho más tiempo y afectar simultáneamente a territorios más amplios.
La investigación introduce además una cuestión especialmente preocupante: reducir las emisiones de gases de efecto invernadero permitirá limitar la gravedad de estos fenómenos, pero no evitará necesariamente que se superen algunos de los récords históricos recientes.
Las olas de calor actuales podrían quedarse pequeñas frente a las futuras
Para comprender cómo podrían evolucionar estos fenómenos, los investigadores analizaron 22 olas de calor excepcionales ocurridas entre 2010 y 2023 en distintas regiones del planeta.
Posteriormente, compararon sus características con las de episodios futuros simulados mediante modelos climáticos internacionales de los proyectos CMIP5 y CMIP6.
A diferencia de los estudios que se centran principalmente en las temperaturas máximas, esta investigación examinó seis características de las olas de calor:
- Duración total del episodio.
- Calor acumulado durante el evento.
- Severidad media y máxima de las temperaturas extremas.
- Extensión territorial media afectada.
- Extensión territorial máxima alcanzada.
Esta metodología permite evaluar de forma más completa el peligro de una ola de calor. Un episodio de temperaturas extraordinariamente altas durante tres días puede tener consecuencias importantes, pero otro ligeramente menos intenso que se prolongue durante varias semanas puede provocar impactos acumulativos mucho mayores.
Los resultados indican que una proporción considerable de las olas de calor proyectadas para las próximas décadas superaría los valores observados en algunos de los episodios históricos más excepcionales.
Olas de calor que podrían prolongarse durante meses
Uno de los resultados más llamativos está relacionado con la duración.
En los escenarios de emisiones altas y muy altas, los modelos proyectan que determinadas regiones podrían experimentar olas de calor que se prolonguen durante varios meses, en lugar de los días o semanas habituales en muchos de los episodios recientes.
Además, algunos de estos eventos acumularían varias veces más calor que las olas de calor utilizadas como referencia.
El calor acumulado es especialmente importante porque permite evaluar la persistencia de temperaturas superiores a los umbrales climáticos de cada región.
No significa simplemente sumar las temperaturas máximas registradas, sino calcular cuánto se supera un determinado umbral durante todos los días que dura el episodio.
Por ejemplo, si una región experimenta temperaturas superiores a su umbral de ola de calor durante un periodo prolongado, el estrés térmico acumulado puede aumentar considerablemente, aunque no se alcancen nuevos récords absolutos cada jornada.
Esta persistencia tiene consecuencias importantes para la salud humana, la vegetación, los recursos hídricos y el funcionamiento de las infraestructuras.


Ni siquiera una reducción ambiciosa de emisiones evitaría todos los récords
Los investigadores estudiaron diferentes trayectorias futuras de emisiones, desde escenarios de mitigación ambiciosa hasta otros caracterizados por emisiones muy elevadas.
Los resultados muestran que, incluso bajo escenarios de bajas emisiones, algunas olas de calor históricas excepcionales podrían ser superadas durante este siglo.
Sin embargo, esto no significa que reducir las emisiones resulte inútil.
Al contrario, el estudio identifica diferencias importantes entre las trayectorias climáticas. Cuanto mayores sean las emisiones y el calentamiento global, mayor será la probabilidad de experimentar olas de calor extraordinariamente intensas, extensas y persistentes.
En los escenarios de mayores emisiones, una proporción preocupante de los episodios proyectados supera simultáneamente las seis características analizadas de determinadas olas de calor históricas.
Los autores también examinaron las consecuencias de no aplicar los compromisos nacionales de reducción de emisiones establecidos en el Acuerdo de París.
Su conclusión es que incumplir estos compromisos aumentaría todavía más el riesgo de que se produzcan episodios extremos muy superiores a los conocidos.
Por tanto, la mitigación climática no elimina completamente el peligro, pero sí puede reducir sustancialmente su magnitud.
El problema no es únicamente alcanzar temperaturas récord
Una de las principales aportaciones del estudio es demostrar que las olas de calor deben analizarse como fenómenos multidimensionales.
La temperatura máxima representa solo una parte del problema.
Un episodio prolongado puede generar una acumulación de efectos que resulte especialmente difícil de gestionar.
Riesgos para la salud humana
La exposición continuada a temperaturas elevadas dificulta la recuperación fisiológica del organismo, especialmente cuando las noches también son cálidas.
Esto puede aumentar el riesgo de deshidratación, agotamiento térmico y golpes de calor, además de agravar enfermedades cardiovasculares y respiratorias.
Las personas mayores, los niños pequeños, los trabajadores expuestos al calor y quienes padecen determinadas enfermedades crónicas se encuentran entre los colectivos especialmente vulnerables.

Mayor presión sobre los sistemas eléctricos
Las olas de calor prolongadas pueden incrementar considerablemente la demanda eléctrica destinada a refrigeración.
Al mismo tiempo, las altas temperaturas pueden reducir la eficiencia de determinados equipos eléctricos y complicar la refrigeración de instalaciones industriales y energéticas.
En los sistemas fotovoltaicos, por ejemplo, el aumento de la temperatura de funcionamiento de los módulos suele reducir su rendimiento eléctrico instantáneo, aunque la producción total también depende de la irradiación solar disponible.
Esto refuerza la necesidad de combinar generación renovable, almacenamiento energético, redes eléctricas resilientes y estrategias de reducción de la demanda.
Consecuencias para los ecosistemas y la agricultura
Los episodios persistentes de calor extremo también pueden intensificar la evaporación y la demanda atmosférica de agua, aumentando el estrés hídrico de los cultivos y la vegetación natural.
Cuando coinciden con sequías, pueden favorecer condiciones propicias para incendios forestales y provocar pérdidas de productividad agrícola.
No obstante, estos impactos dependen de factores como la humedad del suelo, la disponibilidad de agua, las especies presentes y la capacidad de adaptación de cada territorio.
El estudio de Nature Communications no calcula directamente cuántas muertes, incendios o pérdidas agrícolas producirán las futuras olas de calor. Sus conclusiones se centran en las características físicas de los episodios proyectados, que permiten identificar riesgos potenciales.
Las ciudades tendrán que prepararse para condiciones que todavía no han experimentado
Uno de los principales desafíos identificados por la investigación es que muchas estrategias de adaptación climática se diseñan tomando como referencia los fenómenos extremos del pasado.
Sin embargo, las simulaciones muestran que una parte significativa de las futuras olas de calor podría situarse fuera del rango de experiencias recientes.
Esto plantea dificultades para dimensionar infraestructuras, establecer protocolos sanitarios y planificar las necesidades energéticas.
Una ciudad preparada para afrontar una ola de calor de una semana no necesariamente dispone de recursos suficientes para gestionar un episodio de intensidad comparable que se prolongue durante un mes.
Entre las medidas que pueden contribuir a reducir la vulnerabilidad destacan el diseño urbano bioclimático, la mejora del aislamiento de los edificios, los sistemas de refrigeración eficientes, el aumento de superficies sombreadas y la creación de refugios climáticos.
La infraestructura verde urbana también puede contribuir a reducir las temperaturas locales mediante sombra y evapotranspiración, siempre que se seleccionen especies adaptadas al clima y se gestione adecuadamente el consumo de agua.
Estas intervenciones no sustituyen a la reducción de emisiones, pero pueden disminuir la exposición de la población al calor extremo.
¿Qué significa este estudio para España?
Aunque la investigación analiza distintas regiones del planeta y no proporciona una predicción específica para cada ciudad española, sus conclusiones tienen especial interés para los países mediterráneos.
España ya se enfrenta a episodios de calor intenso que afectan a la salud pública, la agricultura, la disponibilidad de agua y el consumo energético.
En este contexto, los resultados refuerzan la importancia de planificar la adaptación climática teniendo en cuenta no solo las temperaturas máximas, sino también la duración, la recurrencia y la extensión territorial de las olas de calor.
Para el sector energético español, esto implica prestar especial atención a la evolución de la demanda de refrigeración, la capacidad de las redes de distribución y la resiliencia de las instalaciones eléctricas durante periodos prolongados de temperaturas elevadas.
También resulta relevante para la rehabilitación energética de edificios, donde las medidas pasivas de protección solar y reducción de ganancias térmicas pueden disminuir la dependencia de la climatización mecánica.
Una advertencia sobre los límites de la adaptación climática
Los autores señalan que las poblaciones humanas y los ecosistemas pueden adaptarse parcialmente a cambios en las condiciones térmicas.
Sin embargo, existen límites fisiológicos a la tolerancia humana al calor y restricciones prácticas a la velocidad con la que pueden transformarse las infraestructuras.
Además, las proyecciones climáticas presentan incertidumbres relacionadas con la evolución futura de las emisiones, las diferencias entre modelos y la variabilidad natural del clima.
Por ello, los resultados no deben interpretarse como una predicción exacta de cuándo se producirá una determinada ola de calor, sino como una evaluación de los riesgos asociados a diferentes escenarios climáticos.
La conclusión central es que los récords de calor recientes no representan necesariamente el límite de lo que puede ocurrir durante este siglo.
La reducción de emisiones sigue siendo esencial para contener el calentamiento global, pero deberá acompañarse de medidas de adaptación capaces de responder a episodios mucho más prolongados, extensos e intensos que los conocidos hasta ahora.
El desafío consiste en preparar las ciudades, los sistemas energéticos y los servicios públicos para un clima cuyas condiciones extremas podrían superar ampliamente las experiencias que han servido hasta ahora como referencia.
Más información: Recent extreme heatwaves are no match for future events. Nature Communications. DOI: 10.1038/s41467-026-76809-5.

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