
Un estudio muestra los beneficios para la salud de combatir el arsénico, el cromo-6 y otros contaminantes a la vez. El cromo-6 y el arsénico se encuentran comúnmente en el agua potable en los EE.UU.
- Agua del grifo con mezclas tóxicas.
- +50.000 casos de cáncer evitables.
- Contaminantes comunes: arsénico, cromo-6, nitrato.
- Tratamiento múltiple, más eficaz y justo.
- Pequeñas comunidades, las más vulnerables.
- Tecnologías ya disponibles.
- Normas legales obsoletas.
- Urge modernizar políticas de agua potable.
EWG: reducir varios contaminantes del agua del grifo podría evitar más de 50.000 casos de cáncer
Tratar el agua potable considerando la combinación de contaminantes —y no uno por uno— puede evitar decenas de miles de casos de cáncer en EE. UU., según un nuevo estudio revisado por pares del Environmental Working Group (EWG). El hallazgo rompe con la lógica regulatoria actual, que sigue evaluando cada sustancia de forma aislada, pese a que en el agua real suelen encontrarse mezclas complejas.
Los investigadores de EWG analizaron más de diez años de datos de más de 17.000 sistemas de agua comunitarios. Observaron que el arsénico y el cromo-6, ambos cancerígenos conocidos, tienden a coexistir en las redes de abastecimiento, y pueden eliminarse mediante tecnologías compartidas como la ósmosis inversa o la resina de intercambio iónico.
Si los sistemas contaminados con cromo-6 también redujeran el arsénico entre un 27 % y un 42 %, se podría evitar hasta cuatro veces más casos de cáncer que actuando solo sobre el cromo-6. La clave está en el enfoque integral: cuanto más contaminantes se traten simultáneamente, mayores son los beneficios para la salud pública.
“El agua llega contaminada en mezclas, pero las normas actúan como si los tóxicos aparecieran por separado”, resume Tasha Stoiber, doctora en ciencias y autora principal del estudio.
Solo el cromo-6 se encuentra en el agua que consume más del 75 % de la población estadounidense. En estados como California, Texas y Arizona, la carga de arsénico es tan alta que un tratamiento integral marcaría una diferencia inmediata en términos de salud.
Riesgos sanitarios de los contaminantes en el agua
Los efectos no se reparten de forma equitativa. Niños, mujeres embarazadas y comunidades rurales que dependen de aguas subterráneas —especialmente en zonas agrícolas— son los más expuestos y los que menos recursos tienen para exigir soluciones.
Cromo-6
Famoso por el caso de Erin Brockovich, el cromo hexavalente es uno de los metales pesados más peligrosos. Puede provocar cáncer gástrico, daño hepático y problemas reproductivos incluso en concentraciones muy bajas.
A pesar de su toxicidad, la Agencia de Protección Ambiental (EPA) no impone un límite específico para cromo-6, sino que regula el cromo total, que mezcla el cromo-6 con el benigno cromo-3. El límite actual, 100 partes por mil millones (ppb), ignora décadas de evidencia científica sobre los riesgos del cromo-6 aislado.
Arsénico
Presente en los 50 estados, el arsénico proviene de fuentes naturales pero también de actividades humanas como la minería o el uso de pesticidas. La exposición prolongada se asocia a cánceres de vejiga, pulmón y piel, además de daños cardiovasculares y en el desarrollo infantil.
El límite federal se estableció en 2001 en 10 ppb, pero no responde a lo que sería seguro, sino a estimaciones de coste. En contraste, California fijó su meta de salud pública en solo 0,004 ppb, un nivel que eliminaría prácticamente todo riesgo cancerígeno.
Nitrato
Común en aguas cercanas a zonas agrícolas, el nitrato entra al agua por escorrentías de fertilizantes y estiércol. También contamina pozos privados mal protegidos.
Aunque su regulación se basa en evitar el síndrome del bebé azul, se ha demostrado que incluso niveles muy por debajo del límite legal de 10 mg/L pueden aumentar el riesgo de cáncer colorrectal, defectos congénitos, y partos prematuros extremos. En Europa, estudios recientes alertan de daños a niveles 10 veces menores que el límite estadounidense.
“Limpiar el agua no es solo una cuestión técnica. Es una cuestión de equidad ambiental”, afirma Sydney Evans, analista de salud ambiental y coautora del estudio.
Normas más inteligentes y realistas
El actual sistema regulador de EE. UU. sigue considerando coste-beneficio contaminante por contaminante, un modelo que ignora la realidad química del agua. Las pequeñas localidades rurales, a menudo sin acceso a financiación o asistencia técnica, cargan con los mayores riesgos y los menores recursos.
Por ejemplo, el nitrato, que suele ir acompañado de cromo-6, representa una oportunidad clara de intervención. Reducirlo solo un 20 % evitaría 130 casos de cáncer anuales y ahorraría 35 millones de dólares en costes sanitarios.
La tecnología no es el problema: sistemas como ósmosis inversa o intercambio iónico ya están disponibles y son capaces de eliminar estos tres contaminantes a la vez. El verdadero obstáculo está en la voluntad política y las inversiones estructurales.



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