
Investigadores de la Universidad de Almería y Michigan identifican las zonas de Andalucía con más calor nocturno y mayor potencial de biomasa para cubrir la demanda energética.
- 🌡️ Noches tropicales cada vez más frecuentes.
- 🏙️ Mayor impacto en ciudades y zonas costeras.
- 🌳 Vegetación y agua como barreras naturales frente al calor.
- 🚜 Gran disponibilidad de biomasa residual en áreas afectadas.
- ⚡ Producción energética local para refrigeración.
- 🔄 Menor dependencia de combustibles fósiles.
- 🏡 Nuevas herramientas para planificar ciudades más resilientes.
- 🌍 Adaptación climática basada en recursos del territorio.
🌙 Andalucía localiza sus puntos más vulnerables al calor nocturno y descubre una fuente energética justo donde más se necesita
Durante décadas, el calor extremo se asociaba principalmente a las horas centrales del día. Sin embargo, los científicos llevan años alertando de un fenómeno que resulta incluso más preocupante: las temperaturas nocturnas están aumentando a un ritmo muy elevado en muchas regiones mediterráneas.
Las llamadas noches tropicales, en las que la temperatura mínima no baja de los 20 °C, representan mucho más que una incomodidad. Diversos estudios han relacionado estos episodios con un aumento de problemas cardiovasculares, alteraciones del sueño, estrés térmico y una mayor vulnerabilidad entre personas mayores, niños y colectivos con problemas de salud.
En Andalucía, donde los veranos ya son especialmente exigentes, este fenómeno se está convirtiendo en un desafío energético de primer orden. Cada noche cálida implica más ventiladores, más aire acondicionado y una mayor demanda eléctrica precisamente en momentos en los que la generación solar ya no está disponible.
Satélites para entender cómo se comporta el calor
El trabajo desarrollado por investigadores de la Universidad de Almería y la Universidad de Michigan aporta una visión especialmente interesante porque combina datos climáticos, observación terrestre y planificación energética.

Gracias al uso de imágenes satelitales de alta resolución, los investigadores han podido identificar con precisión qué territorios experimentan antes la llegada de las noches tropicales y cuáles poseen condiciones naturales que ayudan a retrasarlas.
Los resultados confirman algo que ya se intuía: las superficies urbanizadas acumulan calor durante el día y lo liberan lentamente durante la noche. El asfalto, el hormigón y los edificios actúan como auténticas baterías térmicas. Por el contrario, los espacios con abundante vegetación, parques urbanos, zonas agrícolas bien conservadas o proximidad al agua muestran una mayor capacidad para moderar las temperaturas nocturnas.
Este conocimiento permite elaborar mapas de riesgo climático mucho más precisos y diseñar estrategias adaptadas a las características de cada municipio.
La biomasa residual aparece donde surge el problema
La gran aportación de esta investigación no consiste únicamente en identificar dónde hace más calor. Lo realmente novedoso es que analiza simultáneamente la disponibilidad de biomasa residual.

Andalucía cuenta con uno de los sectores agrícolas más importantes de Europa. Cada año se generan enormes cantidades de restos procedentes de podas, cultivos, explotaciones ganaderas, industrias agroalimentarias y residuos forestales.
Tradicionalmente, una parte de estos materiales ha tenido un aprovechamiento limitado. Sin embargo, pueden transformarse en energía mediante tecnologías maduras como la combustión eficiente, la gasificación o la producción de biogás.
El hallazgo clave es que muchas de las zonas con una elevada demanda potencial de refrigeración coinciden geográficamente con áreas capaces de suministrar estos recursos energéticos. En otras palabras, el territorio podría disponer de una parte de la solución justo donde aparece el problema.
Más allá de la electricidad: una red energética más equilibrada
La transición energética suele asociarse a la expansión de la energía solar y eólica. Ambas tecnologías son esenciales, aunque presentan limitaciones relacionadas con la variabilidad meteorológica.
La biomasa ofrece una característica especialmente valiosa: puede generar energía de forma gestionable cuando resulta necesaria. Esto permite complementar otras fuentes renovables y aportar estabilidad al sistema energético.
En Andalucía, donde la energía solar está creciendo de forma muy rápida, disponer de recursos renovables adicionales puede ayudar a equilibrar la red eléctrica durante las noches de verano, cuando la demanda de refrigeración sigue siendo elevada y la producción fotovoltaica desaparece.
Además, muchas instalaciones de biomasa pueden ubicarse cerca de los puntos de consumo, reduciendo pérdidas asociadas al transporte energético y favoreciendo modelos de generación más descentralizados.
Ciudades que se adaptan al nuevo clima
El estudio también pone de relieve la importancia de actuar sobre el diseño urbano.
La creación de corredores verdes, la recuperación de zonas húmedas, la plantación estratégica de arbolado y el uso de materiales menos absorbentes del calor forman parte de las soluciones que ya están aplicando numerosas ciudades europeas.

De hecho, iniciativas impulsadas por la Unión Europea dentro de las estrategias de adaptación climática están promoviendo el desarrollo de infraestructuras verdes urbanas capaces de reducir varios grados la temperatura percibida en determinados barrios.
La investigación demuestra que estas actuaciones pueden complementarse con una planificación energética basada en recursos locales, generando beneficios dobles: menor exposición al calor y menor dependencia energética exterior.
Un recurso que también ayuda a gestionar residuos
Otro aspecto especialmente relevante es el papel de la biomasa en la economía circular.
Los residuos agrícolas y forestales representan un importante desafío de gestión. Cuando no se aprovechan adecuadamente pueden acumularse en el territorio, incrementar el riesgo de incendios o generar emisiones derivadas de su descomposición.
Convertir estos restos en energía permite cerrar ciclos productivos y otorgar valor a materiales que anteriormente eran considerados un problema.
En una región con un peso tan importante del sector agrícola como Andalucía, esta estrategia puede generar nuevas oportunidades económicas para áreas rurales que a menudo sufren despoblación y falta de inversión.
Qué impacto puede tener en el medio ambiente
La combinación de planificación climática y aprovechamiento energético de la biomasa puede generar efectos positivos significativos.
Por un lado, facilita la reducción del consumo de combustibles fósiles destinados a cubrir los picos de demanda eléctrica durante los episodios de calor extremo. Por otro, favorece una gestión más sostenible de residuos agrícolas, forestales e industriales.
También puede contribuir a disminuir las emisiones asociadas al transporte energético al promover sistemas de generación cercanos a los lugares de consumo.
Eso sí, los expertos recuerdan que el aprovechamiento de biomasa debe realizarse bajo criterios estrictos de sostenibilidad. Extraer más material del que los ecosistemas pueden regenerar o utilizar tecnologías poco eficientes podría reducir parte de los beneficios ambientales esperados.
La clave está en utilizar residuos ya existentes y no en incrementar la presión sobre los recursos naturales.
Más información: Linking problems with solutions: Biomass waste is where most needed to mitigate energy demand during tropical nights – ScienceDirect



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