
Un solo refresco con eritritol altera células cerebrales clave y podría aumentar el riesgo de infarto y derrame cerebral.
- Edulcorantes sin calorías, consumo cotidiano.
- Eritritol, percepción de inocuidad.
- Cambios rápidos en células vasculares.
- Estrés oxidativo y menos óxido nítrico.
- Vasos cerebrales más rígidos.
- Mayor dificultad para disolver coágulos.
- Señales tempranas de riesgo cardiovascular.
Edulcorante común encontrado como capaz de aumentar de forma significativa e inmediata el riesgo de infarto e ictus
Los productos “sin azúcar” ya no son una rareza. Refrescos, barritas energéticas, chicles, postres proteicos, incluso pastas dentífricas. El eritritol aparece en la etiqueta como una promesa: dulzor sin calorías, sin picos de glucosa, compatible con dietas cetogénicas y con la diabetes. A primera vista, todo ventajas. Pero no siempre lo que parece ligero lo es para el organismo.
Un nuevo estudio desarrollado en la Universidad de Colorado Boulder ha abierto una grieta incómoda en esa narrativa. No se centra en el peso ni en las caries, sino en algo más delicado: el efecto del eritritol sobre los vasos sanguíneos del cerebro, un territorio clave cuando se habla de infartos e ictus.
“Este trabajo se suma a la evidencia de que edulcorantes no nutritivos, considerados durante años seguros, pueden no estar exentos de consecuencias negativas para la salud”, explica el profesor Christopher DeSouza, investigador principal del estudio.
Comprender los edulcorantes artificiales
Los edulcorantes artificiales y no calóricos se han convertido en una herramienta habitual para reducir el consumo de azúcar. Entre ellos, el eritritol ocupa una posición privilegiada. Es un polialcohol presente de forma natural en pequeñas cantidades en algunas frutas, pero el que se consume de forma masiva se produce industrialmente a partir de almidón de maíz o trigo.
Su atractivo es evidente. Aporta sabor dulce, prácticamente no suma energía y no eleva la glucemia. Además, a diferencia de otros polialcoholes, suele provocar menos molestias digestivas porque se absorbe casi por completo antes de llegar al colon.
Durante años, este perfil lo situó como una alternativa “limpia”. Sin embargo, estudios recientes han empezado a vincular niveles elevados de eritritol en sangre con eventos cardiovasculares, incluidos infartos e ictus. Este nuevo trabajo no se queda en la correlación: entra en el mecanismo.
El edulcorante altera las células del cerebro
El experimento no se realizó en personas, sino directamente en células humanas que recubren los vasos sanguíneos del cerebro. Son células críticas: regulan el flujo sanguíneo, modulan la inflamación y participan en la prevención de coágulos.
Bastaron tres horas de exposición al eritritol, en una cantidad equivalente a la de una sola bebida sin azúcar, para observar cambios claros. Las células entraron en estrés oxidativo. Aumentaron los radicales libres, esas moléculas inestables que dañan proteínas, ADN y membranas celulares.
El sistema antioxidante intentó reaccionar, pero no logró compensarlo. Una defensa insuficiente. Como si el daño llegara demasiado rápido.
Los vasos sanguíneos empezaron a funcionar mal
Ese estrés tuvo consecuencias funcionales. Las células redujeron su capacidad de producir óxido nítrico, una molécula esencial para que los vasos sanguíneos se relajen y mantengan un flujo adecuado. Menos óxido nítrico significa vasos más rígidos, menos capacidad de adaptación.
La cantidad total de la enzima responsable no varió mucho, pero su actividad sí. Cambios en puntos clave de activación redujeron su eficacia. El resultado: alrededor de un 20 % menos de producción de óxido nítrico. No parece enorme, pero en el cerebro, esos márgenes importan. Mucho.
El edulcorante provoca la contracción de los vasos cerebrales
A la pérdida de capacidad de dilatación se sumó otro efecto. Las células comenzaron a liberar más endotelina-1, una proteína que envía la orden contraria: contraer los vasos. El aumento fue de aproximadamente un 30 %, junto con mayores niveles de su precursor.
Doble impacto. Menos señales para relajarse y más señales para contraerse. Un escenario que favorece la reducción del flujo sanguíneo cerebral.
“Si los vasos están más contraídos y la capacidad para disolver coágulos disminuye, el riesgo de ictus aumenta”, señala la investigadora principal del estudio, Auburn Berry. El trabajo no solo sugiere el riesgo, muestra cómo puede construirse a nivel celular.
Los coágulos no tienen escapatoria
El organismo necesita un equilibrio fino entre formar coágulos y eliminarlos. Para esto último, una de las herramientas clave es el activador tisular del plasminógeno (t-PA).
En condiciones normales, ante una señal de coagulación, las células liberan más t-PA para evitar bloqueos innecesarios. En el estudio, las células no expuestas al eritritol respondieron como se esperaba: un aumento del 25 %.
Las tratadas con eritritol, no. Respuesta anulada. El sistema de defensa se quedó mudo. Coágulos que se forman y vasos que no reaccionan. Una combinación peligrosa.
Estos mecanismos encajan con estudios poblacionales previos. En uno de ellos, con más de 4.000 personas en Estados Unidos y Europa, quienes presentaban niveles altos de eritritol en sangre mostraron más infartos e ictus en los tres años siguientes, independientemente del sexo u otros factores de riesgo.
Los edulcorantes pueden dañar los vasos sanguíneos
El equipo de Colorado trabajó con una dosis realista, equivalente a una bebida estándar. Y aquí surge la pregunta incómoda: muchas personas consumen varias al día. Además, el eritritol no se queda fuera del sistema nervioso. Puede atravesar la barrera que protege el cerebro.
El estudio no analiza efectos a largo plazo, pero deja una advertencia clara. ¿Qué ocurre cuando estas células se exponen no durante horas, sino de forma diaria y sostenida?
Ante este escenario, los investigadores recomiendan prudencia. No pánico. Observación y moderación.
Más información: Sociedad Americana de Fisiología



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