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Siguen durante 6 años la basura de una playa y descubren hasta dónde está llegando el plástico: casi 4 km bajo el mar

1 octubre, 2026 Deja un comentario

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Foto: Michaud et al, 2026

Bolsas, envases y redes aparecen en zonas abisales del Pacífico, donde el frío y la ausencia de luz pueden hacer que algunos residuos persistan durante mucho tiempo.

  • 🌊 Plástico localizado a más de 3.900 m de profundidad.
  • 🛍️ Bolsas, envases, botellas y aparejos de pesca en el fondo oceánico.
  • 🏖️ 152,9 kg de residuos recogidos en solo 100 m² de playa durante seis años.
  • 🎣 Pesca y consumo recreativo, entre las principales fuentes identificadas.
  • 🔬 13 inmersiones y más de 560.000 m² de fondo marino examinados.
  • 🥶 Apenas 2 °C en las zonas más profundas estudiadas.

¿Por qué importa?

El plástico que llega al océano no permanece necesariamente flotando ni termina siempre de nuevo en una playa. Parte puede desplazarse mar adentro, hundirse y quedar depositada en lugares extremadamente difíciles de alcanzar. Una investigación frente a las costas de Ecuador ha encontrado bolsas, envases y aparejos de pesca a más de 3.900 m de profundidad, aportando la primera evidencia documentada de contaminación plástica en las profundidades abisales del Pacífico ecuatorial oriental.

Y hay otro detalle inquietante: algunos envases encontrados allí abajo todavía conservaban un aspecto relativamente intacto.

De una playa ecuatoriana al fondo del Pacífico

El trabajo combina dos observaciones que rara vez aparecen juntas en un mismo estudio: seis años de seguimiento sistemático de residuos en una playa y exploraciones directas del fondo oceánico mediante un submarino tripulado.

Entre 2019 y 2025, los investigadores realizaron 135 muestreos en una parcela fija de 100 m² próxima a Salinas, Ecuador. Durante ese periodo retiraron 152,9 kg de residuos plásticos.

La tasa estimada de acumulación fue de 566 g por semana en esos 100 m², equivalente a unos 5,7 g/m² semanales.

No significa que todas las playas ecuatorianas reciban esa cantidad. El dato corresponde exclusivamente al punto estudiado y precisamente ahí está su valor: permite observar durante años cómo cambia la llegada de residuos en un mismo lugar.

La cantidad tampoco fue constante. Hubo visitas en las que prácticamente no apareció plástico y otras con acumulaciones mucho mayores. En 2024, por ejemplo, apareció una red de pesca abandonada de unos 50 kg, el objeto más pesado recuperado durante el seguimiento.

📊 EN CIFRAS

152,9 kg de plástico recogidos entre 2019 y 2025 en una zona fija de apenas 100 m². La acumulación media estimada fue de 566 g por semana.

La basura cambia, pero las fuentes dejan pistas

Los objetos recogidos permiten reconstruir parte del problema.

Los materiales relacionados con actividades pesqueras representaron más de la mitad de los objetos identificados. Aparecieron redes, cabos, líneas, boyas y recipientes asociados a la actividad en el mar.

También hubo una presencia considerable de residuos vinculados al turismo y al ocio, especialmente envases de alimentos y productos desechables. Esta categoría superó el 45 % de los objetos contabilizados y aumentaba especialmente después de periodos vacacionales.

Eso deja una lectura bastante clara. La contaminación marina no procede de una única tubería invisible. Se alimenta de muchas pequeñas entradas: consumo en la costa, pesca, navegación, transporte de mercancías, residuos arrastrados por ríos y materiales desplazados posteriormente por corrientes y oleaje.

Algunos envases incluso presentaban etiquetas y marcas extranjeras. Es tentador atribuirles inmediatamente un origen internacional concreto, pero el estudio no permite reconstruir su recorrido. Podrían haber viajado grandes distancias o haber llegado mediante actividades comerciales y marítimas regionales.

Lo realmente sorprendente estaba a kilómetros bajo el agua

La segunda parte de la investigación llevó la búsqueda bastante más lejos.

En febrero de 2024, el submarino tripulado NAUTILE, operado por el instituto oceanográfico francés IFREMER, realizó 13 inmersiones frente a Ecuador. Las exploraciones atravesaron plataforma continental, talud y zonas abisales situadas a más de 3.900 m.

El vehículo recorrió aproximadamente 70 km sobre el fondo marino y las cámaras permitieron estudiar más de 560.000 m².

Allí volvieron a aparecer objetos demasiado familiares: bolsas, recipientes de alimentos, botellas, envoltorios, redes y líneas de pesca.

No eran restos concentrados únicamente cerca de la costa. Había contaminación incluso en las zonas más profundas inspeccionadas.

🌊 DATO CLAVE

El estudio documenta por primera vez residuos plásticos en las profundidades abisales del Pacífico ecuatorial oriental, con observaciones realizadas por debajo de los 3.900 m.

A 3.900 metros el plástico entra en otro mundo

Una bolsa abandonada en una playa está sometida a radiación solar, temperaturas relativamente altas, oxígeno, arena, oleaje y abrasión. Con el tiempo se deteriora y puede fragmentarse en partículas cada vez menores.

En las profundidades oceánicas las condiciones son radicalmente diferentes.

En la fosa estudiada se midieron temperaturas cercanas a 2 °C. Tampoco llega radiación solar y la actividad física que deteriora los objetos es muy distinta.

Eso ayuda a explicar una observación particularmente llamativa: mientras algunos aparejos de pesca estaban muy degradados, varias bolsas y recipientes mantenían un aspecto relativamente intacto.

El fondo marino profundo puede actuar, por tanto, como zona de depósito de residuos durante periodos prolongados.

No significa que el plástico permanezca eternamente sin cambios. Significa que algunos de los mecanismos que aceleran su deterioro en superficie pierden fuerza allí abajo.

❄️ DATO CURIOSO

En la zona de más de 3.900 m se midió una temperatura de aproximadamente 2 °C. La ausencia de luz solar y el frío pueden favorecer una conservación mucho más prolongada de determinados residuos.

La misma basura arriba y abajo

Uno de los aspectos más interesantes del trabajo aparece al comparar ambos escenarios.

En la playa había bolsas, botellas, recipientes de comida y líneas de nailon. Objetos prácticamente equivalentes aparecieron también en las exploraciones submarinas.

La coincidencia respalda la existencia de una conexión entre los sistemas costeros y las grandes profundidades oceánicas.

Conviene no llevar la conclusión más allá de lo demostrado. Los investigadores no siguieron una bolsa desde la playa hasta una fosa abisal. Las observaciones submarinas se realizaron además durante una campaña cuyo objetivo principal era geológico, por lo que el estudio de los residuos fue complementario.

Lo que existe es una evidencia consistente de continuidad entre ambientes: residuos semejantes aparecen desde la costa hasta el fondo profundo y existen mecanismos oceanográficos capaces de transportarlos.

Corrientes, oleaje, aportes fluviales y procesos de hundimiento pueden redistribuirlos. Una vez mar adentro, la historia de cada objeto se vuelve mucho más difícil de reconstruir.

El plástico ya forma parte del paisaje de algunos animales

Hay una imagen del estudio especialmente reveladora.

Los investigadores observaron cangrejos fantasma pintados (Ocypode gaudichaudii) transportando pequeños fragmentos de plástico hacia sus madrigueras.

Estos crustáceos manipulan normalmente arena y materiales naturales para construir y mantener sus refugios. Encontrarlos utilizando restos sintéticos muestra hasta qué punto los residuos humanos han entrado en la dinámica cotidiana del ecosistema costero.

Eso no demuestra que los animales estuvieran comiendo el plástico ni que sufrieran un daño concreto. El estudio no midió esos efectos.

En las profundidades ocurrió algo parecido: las cámaras mostraron residuos próximos a comunidades bentónicas, incluidas zonas de emanaciones frías donde viven organismos adaptados a condiciones muy particulares.

🦀 OBSERVACIÓN DE CAMPO

Los investigadores vieron cangrejos fantasma transportando fragmentos de plástico a sus madrigueras. El comportamiento fue observado directamente, aunque el estudio no determinó si los animales ingerían esos materiales.

Las redes de pesca merecen atención especial

El trabajo ecuatoriano vuelve a señalar un problema observado en otros ambientes marinos: los aparejos de pesca perdidos o abandonados.

No todos los residuos marinos tienen el mismo comportamiento ni generan los mismos riesgos. Una botella y una red de decenas de metros comparten material plástico, pero sus consecuencias potenciales son distintas.

Las redes pueden continuar atrapando fauna después de perderse, desplazarse largas distancias y terminar enganchadas en estructuras del fondo.

Precisamente por eso algunas normativas están empezando a trasladar parte de la responsabilidad hacia fabricantes y sistemas de recogida. En la Unión Europea, por ejemplo, la legislación sobre plásticos de un solo uso contempla regímenes de responsabilidad ampliada del productor para artes de pesca que contienen plástico, además del seguimiento de los equipos comercializados y recogidos como residuos.

Es una aproximación bastante más lógica que esperar a encontrar una red a miles de metros de profundidad.

🎣 EL PUNTO DÉBIL

Los residuos relacionados con la pesca representaron más de la mitad de los objetos recogidos en la playa estudiada. Redes, líneas y otros aparejos también aparecieron durante las inmersiones profundas.

Ficha técnica

Cómo funciona

No se trata de una tecnología, sino de un estudio de monitorización ambiental que combina dos metodologías. Por un lado, se realizaron muestreos periódicos entre 2019 y 2025 en una parcela fija de playa de 100 m² próxima a Salinas. Por otro, el submarino tripulado NAUTILE realizó 13 inmersiones frente a Ecuador en febrero de 2024 y registró mediante vídeo los residuos encontrados desde la plataforma continental hasta profundidades superiores a 3.900 m.

En cifras

  • 152,9 kg de residuos plásticos recogidos en 100 m² de playa entre 2019 y 2025.
  • 135 campañas de muestreo realizadas en la estación costera.
  • 566 g por semana de acumulación media estimada en los 100 m² estudiados.
  • 13 inmersiones submarinas frente a Ecuador.
  • Más de 560.000 m² de fondo marino examinados mediante vídeo.
  • Más de 3.900 m de profundidad alcanzados en las zonas abisales analizadas.

Qué tiene de diferente

El valor del trabajo está en estudiar conjuntamente contaminación costera y contaminación del fondo oceánico profundo. Existen investigaciones sobre basura en playas y otras sobre residuos abisales, pero son mucho menos habituales los trabajos que combinan ambas escalas dentro de una misma región y con una serie costera de varios años.

Comparación directa con la monitorización convencional

La vigilancia habitual mediante limpieza y muestreo de playas permite medir la contaminación que llega o permanece en la costa, pero deja fuera una parte importante del problema.

La combinación con observaciones submarinas permite comprobar qué ocurre mucho más allá de la línea de costa y detectar residuos depositados a miles de metros de profundidad. A cambio, la exploración submarina es considerablemente más compleja, costosa y limitada espacialmente.

Limitaciones

El estudio no siguió individualmente los residuos desde la costa hasta las profundidades. La presencia de objetos semejantes en ambos ambientes respalda una conexión entre ellos, pero no demuestra el recorrido concreto de cada pieza.

Las observaciones profundas fueron además oportunistas dentro de una campaña principalmente geológica, por lo que no constituyen un censo exhaustivo del plástico presente en todo el fondo marino ecuatoriano.

Las estimaciones de densidad de residuos profundos se realizaron mediante observaciones visuales y deben interpretarse como aproximaciones.

Tampoco pueden extrapolarse directamente los 152,9 kg recogidos en 100 m² al conjunto de las playas de Ecuador.

Por último, las observaciones de fauna junto al plástico no demuestran por sí mismas efectos biológicos concretos. Harían falta estudios específicos para cuantificar ingestión, toxicidad, alteraciones del hábitat u otros impactos.

En qué fase se encuentra

Investigación científica publicada y revisada por pares.

No corresponde a las categorías de prototipo, piloto o producto comercial. El trabajo presenta resultados obtenidos mediante monitorización costera e investigación oceanográfica de campo.

Quién está detrás

La investigación está encabezada por François Michaud y Franklin Isaac Ormaza-González y reúne investigadores de instituciones de Francia y Ecuador, entre ellas Sorbonne Université, CNRS, Institut de Recherche pour le Développement, Université Côte d’Azur, ESPOL, Universidad Católica de Santiago de Guayaquil, Escuela Politécnica Nacional y Université de Brest, entre otras.

La campaña SUPER-MOUV recibió apoyo de instituciones francesas como IFREMER, IRD, INSU y CNRS, además del proyecto FLUID2SLIP de la Agence Nationale de la Recherche francesa.

Fuente de los datos

Artículo científico revisado por pares publicado el 17 de septiembre de 2026 en Frontiers in Marine Science.

Título: Plastic debris in the Ecuadorian shoreline, coastal and deep-water zones of the eastern Pacific margin.

Los datos proceden de muestreos costeros realizados entre 2019 y 2025 y de la campaña oceanográfica SUPER-MOUV desarrollada con el submarino tripulado NAUTILE en febrero de 2024.

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Publicado en: Contaminación

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