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Startup de Boston presenta batería térmica que alcanza 1.800 °C que promete descarbonizar casi cualquier fábrica

30 enero, 2026 Deja un comentario

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Electrified Thermal Solutions lanza su primera batería térmica industrial capaz de almacenar 20 MWh de calor con energía renovable.

  • Calor industrial sin combustión.
  • Ladrillos cerámicos como batería térmica.
  • 1.800 °C almacenados, energía renovable diferida.
  • Acero, cemento, vidrio, química, alimentación.
  • Pruebas reales en EE. UU. y Europa.
  • Industria pesada bajo presión climática.

Startup presenta una batería de calor que promete descarbonizar casi cualquier fábrica

Una estructura gris, con forma de contenedor recortado, salpicada de tuberías y cables, llama la atención en un centro de investigación de San Antonio. No parece una revolución energética. Pero lo es, al menos sobre el papel. La tecnología que esconde ese bloque metálico apunta a uno de los grandes elefantes en la habitación de la transición ecológica: el calor industrial de alta temperatura.

Las fábricas que producen acero, cemento, vidrio o productos químicos necesitan aire y vapor a temperaturas extremas para transformar materias primas en materiales esenciales. Durante décadas, esa energía ha llegado casi siempre del gas fósil, el carbón o el fuelóleo. No por falta de alternativas, sino porque electrificar procesos que superan fácilmente los 1.000 °C ha sido, hasta ahora, técnica y económicamente complicado.

La startup estadounidense Electrified Thermal Solutions, nacida como spin-off del MIT, plantea una vía distinta: convertir la electricidad renovable en calor almacenado, guardarlo durante horas o días y liberarlo justo cuando la fábrica lo necesita. Sin llama. Sin humo. Sin combustión.

Cómo funciona la batería térmica Joule Hive

El sistema, bautizado como Joule Hive, se basa en algo sorprendentemente simple: ladrillos cerámicos de óxidos metálicos, diseñados para soportar temperaturas extremas sin degradarse. En lugar de acumular electrones, como hacen las baterías químicas, esta tecnología acumula energía térmica.

Durante las horas en las que la red eléctrica tiene abundancia de renovables —por ejemplo, picos de solar al mediodía o de eólica por la noche—, la electricidad se hace pasar directamente por los ladrillos. Estos se calientan progresivamente hasta convertirse en un auténtico “banco de calor”.

Cuando la fábrica necesita energía térmica, el proceso se invierte: corrientes de aire atraviesan los bloques calientes y salen convertidas en gas a altísima temperatura, que puede inyectarse directamente en hornos, calderas o secaderos industriales.

El primer sistema comercial, instalado en el Southwest Research Institute de Texas, puede almacenar unos 20 megavatios hora de calor y alcanzar temperaturas de hasta 1.800 °C. Ese umbral no es un detalle técnico menor. Es, en la práctica, el rango en el que operan sectores como la siderurgia, la fabricación de cemento o la producción de vidrio plano.

Más allá del acero y el cemento

Aunque el foco suele ponerse en las industrias más pesadas, el abanico de aplicaciones es mucho más amplio. La generación de vapor a alta temperatura es clave también en sectores como:

  • Industria alimentaria, para cocción, esterilización y secado.
  • Química básica, en reacciones que dependen del calor constante y controlado.
  • Papel y celulosa, donde los procesos térmicos dominan el consumo energético.

En palabras de su equipo directivo, la idea es que la batería pueda comportarse como un “quemador invisible”, pero alimentado por electricidad limpia en lugar de gas. La diferencia, claro, está en lo que sale por la chimenea. O en lo que deja de salir.

Pruebas reales y alianzas industriales

La unidad de San Antonio no es solo una demostración tecnológica. Funciona como banco de pruebas para empresas que quieren ver, tocar y medir cómo se comporta el sistema en procesos reales, como el secado de minerales o el tratamiento térmico de materiales.

En Europa, la startup ha dado un paso estratégico al asociarse con ArcelorMittal, uno de los mayores productores de acero del mundo. En su centro de I+D en España ya se están evaluando aplicaciones del almacenamiento térmico para sustituir el calor generado con gas en fases clave del conformado y tratamiento del metal.

No es el único gigante industrial que se ha acercado. Empresas como Holcim, en el sector del cemento, o Vale, en la minería de hierro, han invertido en la compañía. Un movimiento que refleja una realidad cada vez más evidente: la presión regulatoria y de mercado sobre las emisiones industriales ya no es una promesa futura, es un factor de negocio presente.

Un sector en ebullición

Electrified Thermal no está sola en esta carrera. En los últimos años ha surgido toda una generación de empresas que exploran el almacenamiento térmico de larga duración como alternativa a los combustibles fósiles.

Algunas apuestan por roca triturada, otras por sales fundidas, arena o bloques de grafito. La lógica es parecida en todos los casos: capturar electricidad barata y renovable cuando sobra en la red y transformarla en calor disponible bajo demanda.

El interés de los inversores refleja ese movimiento. Solo en los dos últimos años, el sector ha atraído cientos de millones de euros en capital riesgo, con proyectos que van desde el suministro de calor industrial hasta la generación eléctrica a partir de calor almacenado.

El desafío económico sigue siendo enorme, especialmente en regiones donde el gas sigue siendo barato y abundante. Pero el contexto está cambiando. Los costes de la electricidad renovable continúan cayendo, mientras que los sistemas de comercio de emisiones y las normativas climáticas empiezan a penalizar de forma directa el uso de combustibles fósiles en la industria.

Potencial

El verdadero valor de tecnologías como Joule Hive no está solo en un contenedor lleno de ladrillos calientes. Está en el cambio de lógica que propone para la industria.

En lugar de adaptar las renovables a los horarios rígidos de las fábricas, permite que las fábricas se adapten, en parte, al ritmo del sol y del viento. Ese desacoplamiento entre generación y consumo es una pieza clave para sistemas energéticos más estables y limpios.

En la práctica, esto podría traducirse en:

  • Polígonos industriales conectados a parques solares o eólicos locales, usando baterías térmicas como colchón energético.
  • Procesos productivos con menor volatilidad de costes, al depender menos de mercados de gas internacionales.
  • Nuevos empleos técnicos ligados al diseño, mantenimiento e integración de sistemas térmicos electrificados.

No es una solución mágica. El acero, el cemento o los productos químicos seguirán teniendo impactos ambientales. Pero desplazar el calor fósil por calor renovable es una de esas palancas silenciosas que, sumadas, pueden marcar la diferencia entre una transición cosmética y una transformación real.

Y sí, al final, todo empieza con algo tan poco glamuroso como un ladrillo. Solo que esta vez, arde sin quemar nada.

Vía electrifiedthermal.com

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Publicado en: Almacenamiento de energía

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