
El motor desarrollado por Toshiba es un prototipo de 2 megavatios, diez veces más ligero que los motores convencionales con la misma potencia.
- Motor superconductor: compacto, ligero, 2 megavatios.
- Perfecto para aviación con hidrógeno.
- Enfriamiento criogénico: ventaja doble.
- Alianza Airbus + Toshiba: clave para 2050.
- Impacto más allá de la aviación.
Cumplir el sueño del vuelo con hidrógeno gracias a un motor superconductor
Mientras la industria de la aviación se enfrenta al reto de lograr emisiones netas cero de CO₂ en 2050, surgen nuevas tecnologías que apuntan más allá del simple cambio de combustible. El verdadero cambio vendrá de rediseñar el sistema aeronáutico completo, desde la fuente de energía hasta la propulsión. En este contexto, el motor superconductor desarrollado por Toshiba podría marcar un punto de inflexión: es más pequeño, mucho más ligero y con una potencia de hasta 2 megavatios, ofreciendo una eficiencia sin precedentes.
Una de las primeras compañías en reconocer este potencial fue Airbus, el mayor fabricante de aviones del mundo, que desde hace años apuesta por el hidrógeno como vector energético para una aviación libre de CO₂. Tras la presentación del primer prototipo del motor en 2022, en 2024 ambas empresas oficializaron una colaboración para investigar su aplicación en aviones de hidrógeno. Esta alianza podría acelerar el salto hacia una nueva era de vuelos más limpios.

Motores superconductores: diseñados para el hidrógeno
El anuncio conjunto se hizo en la Japan International Aerospace Expo 2024, y marca un paso firme en la integración de tecnologías que hasta hace poco parecían lejanas al sector aeronáutico. La clave está en la sinergia entre las condiciones operativas del hidrógeno y los requisitos del motor superconductor.
El motor desarrollado por Toshiba, según explica Fumitoshi Mizutani, responsable del proyecto, ofrece un rendimiento extraordinario: una décima parte del peso de un motor convencional de la misma potencia. Esto representa una ventaja crítica, especialmente en aviación, donde cada kilogramo cuenta. Airbus vio en esta tecnología una vía viable para desarrollar propulsión eléctrica basada en pilas de combustible de hidrógeno, alternativa a la combustión directa en turbinas.
Además, el hidrógeno debe almacenarse a -253 °C para mantenerse en estado líquido, condición que coincide perfectamente con el entorno criogénico que necesita la superconductividad, fenómeno donde la resistencia eléctrica desaparece al alcanzar temperaturas extremadamente bajas. En este sentido, el propio hidrógeno podría ser tanto combustible como sistema de refrigeración para el motor, un doble aprovechamiento que mejora la eficiencia y simplifica el diseño general del avión.

Una solución para volar más lejos y con menos impacto
Esta tecnología no solo reduce el peso y mejora el rendimiento: también puede ampliar el alcance de los aviones eléctricos, que hasta ahora han estado limitados a trayectos cortos por la baja densidad energética de las baterías. Al utilizar hidrógeno como fuente energética y aprovechar la alta densidad de potencia del motor superconductor, se abre la puerta a vuelos regionales e incluso intercontinentales con cero emisiones directas.
Los desafíos no son menores. El desarrollo de infraestructura para producir, transportar y almacenar hidrógeno verde —generado a partir de fuentes renovables— aún avanza a un ritmo desigual. Sin embargo, Europa ya ha dado pasos firmes: el Plan REPowerEU apuesta por una capacidad de producción de 10 millones de toneladas de hidrógeno renovable para 2030. Además, el impulso regulatorio con normas como el Fit for 55 empieza a traducirse en incentivos para proyectos de aviación sostenible.
Mucho más que aviones: barcos, trenes y espacio
Kyohei Shibata, del Departamento de Nuevos Negocios de Toshiba, destaca que este desarrollo no es un caso aislado, sino el fruto de más de cinco décadas de investigación en superconductividad. Gracias a esa trayectoria, el equipo logró una solución lista para escalarse a otras industrias. Transporte marítimo, trenes de levitación magnética, e incluso vehículos para misiones espaciales podrían beneficiarse del mismo principio: alta potencia con bajo peso y cero emisiones.
Hoy, los grandes buques mercantes generan casi el 3 % de las emisiones globales de CO₂. Aplicar motores superconductores alimentados por hidrógeno o amoníaco verde podría reducir esa huella de forma radical. En el caso del transporte ferroviario, ya se están explorando trenes impulsados por hidrógeno en países como Alemania y Japón, donde el motor superconductor permitiría trayectos más largos sin necesidad de electrificar toda la vía.
Potencial
La adopción de motores superconductores en la aviación con hidrógeno no es solo un avance tecnológico, sino una herramienta concreta para luchar contra el cambio climático. Si se consigue su implementación a gran escala, esta tecnología podría:
- Reducir drásticamente las emisiones del sector aéreo, uno de los más difíciles de descarbonizar.
- Optimizar el uso de hidrógeno, integrando combustión, refrigeración y propulsión en un solo sistema.
- Acelerar la transición energética en otros sectores como la marina mercante, el ferrocarril y la exploración espacial.
- Impulsar cadenas de suministro sostenibles, con empleo de materiales avanzados y procesos industriales de bajo impacto.
- Estimular el desarrollo de infraestructura de hidrógeno, esencial para lograr objetivos climáticos globales.
Pero sobre todo, representa una visión clara: combinar ciencia, industria y compromiso medioambiental para rediseñar cómo nos movemos por el mundo. Sin soluciones milagrosas, pero con tecnología real, probada, y cada vez más cerca de despegar.



Jose Luis dice
tengo duda el Hidrógeno en esa altura se congela o cambia de estado?
Fernando Berot dice
este cuento del cambio climático es un verso inventado para sacar dinero de la estupidez colectiva
Enrique A. Warleta dice
José Luis, el hidrógeno necesita estar a -250° para permanecer líquido, que es como se almacena. Eso está cerca del cero absoluto (-273°), la temperatura exterior incluso en la ISS es de -100°. Te aseguro que el frío no es problema ninguno.
Lo que sí puede ser un problema es lo opuesto: que el hidrógeno enfríe el exterior del motor demasiado, y pueda congelar rotores o incluso las alas y se forme hielo con la humedad exterior.
FERNANDO RAMIREZ DE ARELLANO dice
¿Qué no aprendieron nada de la tragedia del Hindenburg?
Gregorio González Vélez dice
Una cuestión, el hidrógeno se emplearía como combustible para que la pila de Hidrógeno, genere la electricidad para alimentar al motor superconductor. Pero para que ese motor funcione, debe hacerlo en condiciones criogénicas (muy muy baja temperatura). Que dicen se aprovechan de que el hidrógeno para mantenerlo en estado líquido (con densidad energética adecuada para la pila de hidrógeno), tiene que estar a -253°C. Y entonces de donde sacas la energía para que funcione la «mega enfriadora criogénica» que tendría que llevar el avión……..
Diego dice
lo que estaría guapo es poder ver el test, para ver las capacidades reales