
La plantación de más de 66.000 millones de árboles en el norte de China impulsa la absorción de CO₂ alrededor del desierto de Taklamakan.
- Desierto del Taklamakan rodeado de montañas
- Más de cuatro décadas de revegetación en sus bordes.
- Arbustos resistentes plantados desde 1978..
- Reducción medible de CO₂ atmosférico.
- Datos satelitales de NASA confirmando el fenómeno.
- Nuevo sumidero de carbono en pleno entorno árido.
- Lección climática: incluso los desiertos pueden contribuir.
Arbustos frenan las emisiones de carbono en el mayor desierto de China
Durante décadas, el desierto del Taklamakan, en el oeste de China, fue considerado uno de los entornos más hostiles del planeta. Un mar de arena de unos 337.000 kilómetros cuadrados, rodeado por las montañas Tian Shan, Kunlun y Pamir, donde las precipitaciones son mínimas y las condiciones ambientales resultan extremas para casi cualquier forma de vida.
Sin embargo, desde finales de la década de 1970 se desarrolla allí un experimento silencioso. Y persistente.
El gobierno chino inició en 1978 un programa de revegetación destinado a frenar el avance del desierto y proteger las tierras agrícolas cercanas. Lo que comenzó como una medida de control de la desertificación ha terminado convirtiéndose en algo más interesante: un pequeño pero verificable sumidero de carbono.
Hoy, varias décadas después, la evidencia empieza a ser visible incluso desde el espacio.
Un experimento de revegetación que ya se puede medir desde satélite
Un estudio liderado por investigadores de la Universidad de California en Riverside analizó datos satelitales durante varios años para evaluar qué ha ocurrido realmente en los bordes del Taklamakan.
Los científicos utilizaron información de dos instrumentos clave:
- OCO (Orbiting Carbon Observatory) de la NASA, especializado en medir concentraciones de dióxido de carbono en la atmósfera
- MODIS, también de la NASA, que detecta cambios en la vegetación y en la actividad fotosintética
El resultado es llamativo.
En las zonas donde se han plantado arbustos y árboles adaptados a climas áridos, los satélites detectan dos señales claras:
- Una ligera disminución del CO₂ atmosférico, entre 1 y 2 partes por millón respecto a áreas cercanas.
- Un aumento de la fluorescencia inducida por el sol, una señal luminosa que indica actividad fotosintética.
En otras palabras: allí donde antes había arena desnuda, ahora hay vegetación capturando carbono.

No se trata de un bosque exuberante como el Amazonas. En muchos lugares la vegetación recuerda más a los matorrales mediterráneos o al chaparral californiano. Pero incluso esa cobertura vegetal modesta está absorbiendo CO₂ de forma constante.
Y eso ya es significativo.
Cuatro décadas de persistencia política y ecológica
Uno de los factores más importantes del proyecto no ha sido tanto la tecnología como la continuidad en el tiempo.
Muchos programas de revegetación en zonas áridas fracasan porque duran pocos años. Cambian los gobiernos, se agotan los fondos o desaparece el interés político.
En el Taklamakan ocurrió lo contrario.
El proyecto se mantuvo durante más de cuarenta años, lo que permitió que los arbustos y árboles sobrevivieran, se expandieran y estabilizaran los suelos.
La motivación inicial tampoco era únicamente climática.
El avance del desierto amenazaba tierras agrícolas, infraestructuras y comunidades rurales en la región occidental de China. Además, el control de la desertificación se consideraba una herramienta para mejorar la estabilidad económica y social de territorios históricamente complejos.
El resultado ha sido una especie de infraestructura ecológica a largo plazo.
No espectacular. Pero sí efectiva.
¿Cuánto carbono puede capturar realmente un desierto reverdecido?
Conviene mantener la perspectiva.
Incluso si todo el Taklamakan —un territorio similar en tamaño a Alemania— fuera completamente revegetado, la captura de carbono sería relativamente limitada a escala global.
Las estimaciones sugieren que podría compensar alrededor de 60 millones de toneladas de CO₂ al año.
Para comparar:
- Emisiones globales anuales: cerca de 40.000 millones de toneladas.
- Emisiones de Canadá en un año: aproximadamente 600 millones de toneladas.
Es decir, incluso un escenario extremo cubriría apenas alrededor del 10 % de las emisiones anuales de Canadá.
La conclusión es clara: plantar árboles no resolverá por sí solo la crisis climática.
Pero tampoco es irrelevante. En absoluto.
Los sumideros naturales de carbono —bosques, suelos, manglares o humedales— siguen siendo una pieza importante del equilibrio climático.
El gran desafío: el agua
En los desiertos, la limitación fundamental siempre es la misma.
El agua.
Las plantaciones del Taklamakan sobreviven gracias al escurrimiento procedente de las montañas circundantes, que alimenta ríos como el Tarim. Sin ese aporte hídrico natural, la revegetación sería inviable.
Extender el proyecto hacia el interior del desierto exigiría fuentes de agua adicionales, algo cada vez más complicado en un planeta donde el estrés hídrico crece año tras año.
Por eso muchos científicos insisten en que la revegetación en zonas áridas debe planificarse con extremo cuidado. Si se gestiona mal, puede incluso agravar la escasez de agua.
La clave está en elegir especies nativas, resistentes y de bajo consumo hídrico, generalmente arbustos adaptados a climas extremos.
Una curiosidad científica: la arena también puede capturar carbono
Algunos estudios recientes han sugerido un fenómeno curioso en los desiertos.
Las oscilaciones térmicas entre el día y la noche provocan que los granos de arena se expandan y contraigan. Este proceso podría favorecer la absorción física de pequeñas cantidades de CO₂.
El mecanismo es menor comparado con la fotosíntesis, pero podría contribuir a capturar hasta 1 millón de toneladas de carbono al año en determinadas regiones desérticas.
Es un recordatorio interesante: incluso los paisajes aparentemente inertes participan en los ciclos climáticos.
Qué impacto puede tener en el medio ambiente
Los efectos de proyectos como el del Taklamakan van más allá del carbono.
Cuando un desierto comienza a recuperar vegetación, aunque sea en forma de matorral disperso, se activan varios procesos ecológicos importantes.
Primero, la estabilización del suelo. Las raíces fijan la arena y reducen las tormentas de polvo, que en muchas regiones de Asia pueden viajar miles de kilómetros y afectar a la calidad del aire de grandes ciudades.
También mejora la retención de humedad en el suelo, lo que permite que se establezcan nuevas especies vegetales y pequeños ecosistemas.
Con el tiempo aparecen insectos, aves y pequeños mamíferos, generando corredores ecológicos que antes no existían.
Otro efecto interesante es el enfriamiento local del microclima. La vegetación modifica la reflectividad del suelo y aumenta la evapotranspiración, lo que puede reducir ligeramente las temperaturas superficiales.
Nada de esto convierte el desierto en un bosque tropical. Pero sí puede transformar regiones degradadas en paisajes más resilientes.
Vía UC Riverside
Más información: Human-induced biospheric carbon sink: Impact from the Taklamakan Afforestation Project | PNAS



Francisco dice
Me gusta mucho la información que aportan en ecoinventos.com. Excelente trabajo!