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Científicos checos desarrollan enjambres de microrobots que eliminan hasta el 94% de microplásticos del agua y el 81% del suelo

9 agosto, 2026 1 comentario

4.8/5 - (13 votos)
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Científicos checos diseñan enjambres de microrobots que capturan microplásticos en agua y suelo mediante campos magnéticos.

  • 🤖 Microrobots microscópicos controlados mediante campos magnéticos.
  • 💧 Hasta un 94 % del poliestireno retirado del agua.
  • 🌱 Hasta un 81 % eliminado de muestras de suelo.
  • 🧲 Recuperación mediante imanes tras capturar los microplásticos.
  • ♻️ Actuación sobre PET y poliestireno.
  • 🔬 Tecnología todavía en fase experimental de laboratorio.
  • ⚠️ Pendientes las pruebas ambientales a gran escala.

Enjambres de microrobots magnéticos logran retirar hasta el 94 % de los microplásticos del agua y el 81 % del suelo

¿Por qué importa?

Los microplásticos presentan un problema especialmente incómodo: una vez dispersos por un río, un suelo agrícola o un sedimento, recuperarlos resulta extraordinariamente difícil. Un equipo científico de la República Checa ha desarrollado microrobots capaces de desplazarse activamente entre estas partículas, atraparlas y facilitar después su retirada mediante un campo magnético.

El avance apunta hacia algo que las tecnologías convencionales tienen complicado: buscar el contaminante allí donde está disperso, en lugar de esperar a que llegue hasta un filtro.

Los resultados, de un vistazo

💧 94 % del poliestireno retirado del agua
🧴 89 % del PET retirado del agua
🌱 81 % del poliestireno retirado del suelo experimental
🧪 72 % del PET retirado del suelo experimental
⏱️ En agua, los resultados se obtuvieron en alrededor de una hora
Importante: son resultados obtenidos en laboratorio. Todavía no demuestran que pueda alcanzarse esa eficacia en ríos, campos agrícolas o depuradoras reales.

Una contaminación diminuta que se queda durante mucho tiempo

Se consideran microplásticos las partículas plásticas de tamaño inferior a 5 mm, aunque dentro de esta categoría conviven fragmentos con comportamientos muy diferentes.

Algunos proceden directamente de productos y materias primas industriales. Otros aparecen poco a poco por la degradación de objetos mayores, el desgaste de neumáticos, pinturas, textiles sintéticos y otros materiales.

El problema no termina en mares y océanos.

El suelo constituye otro gran compartimento ambiental para estas partículas. Allí pueden mezclarse con minerales y materia orgánica, desplazarse con el agua e introducirse en espacios microscópicos. Esa distribución hace que una limpieza convencional resulte muy complicada.

Separar unos trozos de plástico de una playa es relativamente sencillo. Intentar extraer partículas microscópicas atrapadas dentro de un suelo es otra historia.

Y precisamente ahí aparece la parte más interesante del nuevo trabajo.

Microrobots que buscan el plástico en lugar de esperarlo

El equipo científico ha desarrollado pequeñas estructuras basadas en MXenes, una familia de materiales bidimensionales formados por capas extremadamente finas.

Su elevada superficie específica y sus propiedades químicas permiten que interactúen con los contaminantes. Para convertir esas partículas en sistemas móviles, los investigadores incorporaron nanopartículas magnéticas de níquel.

El resultado es un microrrobot que responde a campos magnéticos externos.

Cuando se aplica un campo magnético rotatorio, las diminutas estructuras comienzan a girar y desplazarse. No disponen de motores, baterías ni electrónica en el sentido convencional. Es el campo aplicado desde el exterior el que proporciona el mecanismo necesario para controlar su movimiento.

Esta diferencia es importante.

Un material adsorbente convencional depende en buena medida de que el contaminante llegue hasta su superficie. Los microrobots pueden moverse activamente por el medio contaminado, aumentando las probabilidades de entrar en contacto con las partículas de plástico.

💡 Dato curioso

No son pequeños robots con motores o baterías

El término microrrobot puede resultar engañoso. Estas estructuras no incorporan electrónica, motores ni una batería microscópica. Su movimiento se genera desde el exterior mediante campos magnéticos rotatorios, que hacen girar y desplazarse a las partículas de MXene recubiertas con material magnético.

Esto permite controlar numerosos microrobots simultáneamente sin tener que proporcionar energía individualmente a cada uno.

Así funciona la limpieza

El procedimiento experimental puede entenderse como una secuencia bastante sencilla.

Primero se introducen los microrobots en el agua o suelo contaminado. Después, un campo magnético externo provoca su movimiento.

Durante ese recorrido, las superficies de MXene entran en contacto con los microplásticos y los retienen.

En suelo ocurre algo especialmente interesante. Los robots pueden desplazarse a través de microporos ocupados por agua, ayudando a liberar partículas que permanecen atrapadas entre los componentes de la matriz del suelo.

Una vez terminada la fase de captura, otro campo magnético permite recuperar conjuntamente los microrobots y el plástico adherido a ellos.

Eso evita, al menos conceptualmente, tener que realizar posteriormente una filtración masiva del medio tratado.

🧲 La clave está en el movimiento

Un adsorbente convencional espera al contaminante. Estos microrobots van a buscarlo.

La movilidad magnética aumenta las posibilidades de que la superficie del MXene entre en contacto con los microplásticos. Esto resulta especialmente interesante en el suelo, donde las partículas pueden quedar atrapadas entre minerales, materia orgánica y diminutos espacios ocupados por agua.

Después de capturarlas, un campo magnético permite concentrar y retirar los microrobots junto con su carga de plástico.

Hasta un 94 % de eliminación en agua

Las pruebas de laboratorio se realizaron con dos plásticos muy habituales: poliestireno y tereftalato de polietileno (PET).

Los resultados muestran diferencias dependiendo tanto del material como del medio tratado.

En agua, los microrobots consiguieron retirar aproximadamente el 94 % de las partículas de poliestireno y el 89 % de las partículas de PET en alrededor de una hora.

La dificultad aumentó al pasar al suelo, como cabía esperar. Aun así, se consiguió retirar aproximadamente el 81 % del poliestireno y el 72 % del PET en las condiciones experimentales.

El movimiento magnético marcó una diferencia. Los investigadores compararon el sistema con partículas de MXene utilizadas de manera pasiva y comprobaron que la movilidad aumentaba la capacidad de capturar los microplásticos.

No se trata únicamente de disponer de un material al que se adhiera el plástico. La clave está en hacerlo circular por el entorno contaminado.

El suelo podría ser el escenario más interesante

Gran parte de las tecnologías desarrolladas para combatir los microplásticos se han centrado en el agua, donde pueden aplicarse membranas, filtros, procesos de coagulación, adsorbentes y sistemas de separación.

El suelo plantea otro desafío.

Excavar grandes cantidades de terreno para lavarlo o someterlo a tratamientos intensivos puede resultar costoso y alterar seriamente el ecosistema que se pretende recuperar.

Una tecnología capaz de circular por microambientes húmedos del suelo abre una vía diferente. En teoría, permitiría actuar sobre determinadas zonas contaminadas reduciendo la necesidad de retirar físicamente grandes volúmenes de tierra.

Eso podría resultar interesante en terrenos próximos a instalaciones industriales, zonas donde se manipulan plásticos, sedimentos contaminados o puntos donde se hayan producido vertidos importantes.

Por ahora, esa posibilidad sigue siendo una perspectiva de futuro. Los experimentos se han realizado bajo condiciones controladas.

🌱 Lo más sorprendente

El suelo podría ser más interesante que el agua

Filtrar agua es técnicamente posible mediante membranas y otros sistemas de separación. Limpiar microplásticos incrustados en un terreno es bastante más complicado.

Los microrobots demostraron en laboratorio que pueden desplazarse por microambientes acuosos presentes entre las partículas del suelo y alcanzar plástico atrapado en su interior.

Esta capacidad abre una posible vía para descontaminar determinados terrenos y sedimentos sin tener que extraer y procesar enormes cantidades de material.

Del laboratorio a un río hay un salto enorme

Un porcentaje de eliminación superior al 90 % resulta llamativo, pero conviene poner la cifra en contexto.

Una muestra preparada en laboratorio es muy diferente de un río, un humedal o una parcela agrícola.

En un ecosistema real aparecen materia orgánica, arcillas, sales, microorganismos, raíces, corrientes y multitud de partículas naturales capaces de interferir con el comportamiento de los microrobots.

También cambia enormemente la concentración del contaminante.

Cuando los microplásticos están muy dispersos, el gasto energético y material necesario para recuperar cada gramo de plástico puede convertirse en un factor determinante.

La verdadera prueba llegará cuando pueda calcularse cuánta superficie o cuánto volumen de agua puede tratarse con una determinada cantidad de microrobots y energía.

Recuperarlos todos será tan importante como capturar el plástico

Existe además una cuestión ambiental que no puede quedar en segundo plano.

Los dispositivos contienen níquel y materiales de tamaño micro y nanométrico. Introducirlos deliberadamente en un ecosistema solo tendría sentido si después pueden recuperarse de forma muy eficiente.

Una pérdida significativa de microrobots podría sustituir un problema por otro.

Por eso, una eventual aplicación comercial necesitará demostrar cuestiones que van bastante más allá del porcentaje de microplásticos capturados: estabilidad química, ausencia de lixiviación preocupante de metales, toxicidad ambiental, recuperación magnética, reutilización y comportamiento después de numerosos ciclos de funcionamiento.

También habrá que conocer qué ocurre con el plástico recogido y cómo se regeneran o gestionan los microrobots después del tratamiento.

La circularidad del propio sistema será parte de la ecuación.

Una tecnología para puntos críticos, no para limpiar todo el océano

La aplicación más lógica probablemente no consista en liberar enjambres de microrobots por mares y océanos.

La enorme extensión del medio marino y la baja concentración de partículas en muchas zonas convertirían ese planteamiento en una operación difícil de controlar.

Hay escenarios mucho más razonables.

Plantas de tratamiento de aguas residuales, efluentes industriales, depósitos, canales, aguas de proceso, sedimentos confinados y suelos contaminados de extensión limitada ofrecen condiciones en las que sería posible controlar mejor tanto el tratamiento como la recuperación posterior de los microrobots.

Incluso podrían plantearse sistemas cerrados donde el agua circule por cámaras sometidas a campos magnéticos antes de regresar al proceso industrial o al medio receptor.

Ahí la tecnología tendría bastante más sentido.

¿Qué tiene de diferente frente a un filtro?

Un filtro funciona fundamentalmente como una barrera: el agua y las partículas tienen que pasar por él.

Estos microrobots plantean el proceso al revés.

El campo magnético hace que el material adsorbente se desplace hacia las partículas contaminantes, aumentando los encuentros entre su superficie y los microplásticos. Después, el mismo carácter magnético facilita concentrar y retirar el material.

En el suelo esta diferencia adquiere especial importancia. No existe una corriente continua que pueda conducirse cómodamente a través de una membrana. Los contaminantes permanecen atrapados entre partículas minerales, materia orgánica y pequeños espacios ocupados por agua.

Ahí está una de las ideas realmente nuevas del trabajo: convertir un material adsorbente pasivo en un sistema móvil.

Europa intenta cerrar el grifo de los microplásticos

El desarrollo científico llega además en un momento de endurecimiento de las políticas europeas contra esta contaminación.

La Unión Europea mantiene el objetivo de reducir un 30 % las emisiones de microplásticos al medio ambiente para 2030.

Desde 2023 existe además una restricción dentro del reglamento REACH destinada a reducir los microplásticos añadidos intencionadamente a determinados productos, con diferentes periodos de transición dependiendo de cada aplicación.

El frente regulatorio se amplió en 2025 con el Reglamento (UE) 2025/2365, centrado específicamente en evitar las pérdidas de pellets plásticos durante su fabricación, manipulación y transporte.

Las nuevas obligaciones afectan, entre otros actores, a instalaciones europeas que manejan al menos 5 toneladas anuales de pellets, además de transportistas y determinadas operaciones marítimas. El enfoque europeo prioriza evitar las pérdidas, contenerlas cuando ocurren y limpiar los vertidos.

Es una distinción importante.

Tecnologías como estos microrobots pueden ayudar con la contaminación existente. La prevención continúa siendo mucho más eficiente que intentar recuperar millones de partículas después de dispersarse por el entorno.

El precedente de los pellets en las costas españolas

España conoce bien esa dificultad.

El vertido del buque Toconao frente a las costas de Portugal a finales de 2023 provocó la llegada masiva de pellets plásticos a las costas de Galicia y posteriormente a otras zonas.

Uno de los contenedores perdidos transportaba 1.000 sacos de 25 kg, es decir, unas 25 toneladas de pellets.

La situación mostró algo bastante básico: incluso partículas considerablemente mayores que muchos microplásticos pueden resultar tremendamente difíciles de recoger cuando se dispersan por kilómetros de costa.

Cuando el plástico continúa fragmentándose hasta alcanzar tamaños microscópicos, la recuperación se vuelve todavía más complicada.

Tecnologías de separación magnética podrían encontrar precisamente ahí uno de sus nichos futuros: intervenir antes de que una contaminación localizada termine completamente dispersa.

No todos los microplásticos se comportan igual

Otro desafío será ampliar el catálogo de partículas que el sistema puede capturar.

PET y poliestireno son buenos materiales para demostrar el concepto, pero el medio ambiente contiene una mezcla mucho más complicada: polietileno, polipropileno, poliamidas, fibras de poliéster, cauchos procedentes de neumáticos, pinturas y polímeros envejecidos por la radiación solar, entre otros.

Su forma también cambia.

Hay fibras, fragmentos irregulares, películas y partículas extremadamente pequeñas. Además, una superficie plástica que lleva meses o años en el medio ambiente puede quedar cubierta por microorganismos y materia orgánica.

El siguiente paso científico será comprobar hasta qué punto los microrobots mantienen su eficacia frente a esa mezcla mucho más realista.

La gran ventaja: poder recuperar también el sistema de limpieza

La utilización de campos magnéticos aporta una característica especialmente atractiva para tecnologías ambientales: control remoto sin necesidad de incorporar una fuente de energía a cada microrrobot.

Un campo externo puede movilizar simultáneamente grandes cantidades de partículas.

Después, el magnetismo puede emplearse para concentrarlas y extraerlas.

Ese principio podría permitir diseñar procesos donde los microrobots circulen repetidamente entre una zona de captura y otra de recuperación, en lugar de utilizarse una sola vez.

Si además pudieran regenerarse y reutilizarse durante numerosos ciclos, disminuirían tanto el consumo de materiales como la cantidad de residuos generados por el propio tratamiento.

Ese punto puede terminar siendo tan importante como el porcentaje inicial de eliminación.

Más información: Jeonghyo Kim et al, Magnetic MXene-based microrobots for soil microplastics removal, npg Asia Materials (2026). DOI: 10.1038/s41427-026-00670-7

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Publicado en: Tecnología verde, Artículos destacados

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Comentarios

  1. Urith dice

    9 agosto, 2026 a las 20:03

    La noticia resulta increíblemente innovadora, me hace muy feliz ver avances de este tipo, me surge la duda de cómo estos pequeños robots y sus sistemas electromagnéticos interactúan con los seres vivos que conviven activamente con el medio. Es decir, peces, insectos, crustáceos, etc.

    Responder

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