
Investigadores de Southern Illinois University Carbondale, dentro de un proyecto relacionado con NASA, han programado levaduras para convertir compuestos procedentes de PET y residuos agrícolas en proteínas, grasas, vitaminas y moléculas aromáticas. Como demostración, utilizaron los ingredientes para imprimir en 3D unos pequeños productos tipo galleta denominados µBites.
- 🧴 Botellas de PET como fuente de carbono.
- 🌽 Restos agrícolas incorporados al proceso.
- 🦠 Levaduras modificadas como pequeñas fábricas biológicas.
- 🍪 Proteínas, grasas, vitaminas y aromas a partir de residuos.
- 🖨️ Alimentos moldeados mediante impresión 3D.
- 🚀 Tecnología nacida para misiones espaciales.
- ⚠️ Todavía sin aprobación para consumo público.
Una galleta que empezó siendo una botella de plástico: levaduras transforman PET y residuos agrícolas en alimento
¿Por qué importa?
El proyecto µBites plantea una posibilidad bastante radical: recuperar parte del carbono atrapado en residuos plásticos y agrícolas y utilizar microorganismos para transformarlo en moléculas aprovechables como ingredientes alimentarios.
La propuesta, desarrollada en la Southern Illinois University (SIU) Carbondale, no pretende convencer a nadie de que coma plástico. El PET se descompone previamente y determinadas moléculas resultantes pasan a convertirse en materia prima para levaduras seleccionadas y modificadas. Es una forma de bio-upcycling, o suprarreciclaje biológico, que intenta obtener productos de mayor valor a partir de residuos difíciles de gestionar.
La investigación se ha desarrollado en el contexto del Deep Space Food Challenge de la NASA y ha llegado a producir un prototipo de galleta rica en proteínas mediante impresión 3D. En agosto de 2026, el equipo presentó nuevos resultados en la reunión ACS Fall 2026 de la American Chemical Society.
Del envase usado a una materia prima para microorganismos
El punto de partida es el tereftalato de polietileno (PET), el polímero utilizado en millones de botellas de agua y refrescos, envases y fibras de poliéster.
Normalmente, el reciclaje intenta conservar ese material dentro de la propia industria del plástico. El reciclaje mecánico lo clasifica, lava, tritura y vuelve a fundir. Otras tecnologías avanzadas buscan romper químicamente sus cadenas para recuperar moléculas con las que fabricar nuevamente polímeros.
µBites explora otro camino.
El equipo dirigido por Lahiru Jayakody, profesor asociado de SIU Carbondale, parte de una idea química sencilla: tanto el plástico como los alimentos contienen carbono. La cuestión realmente complicada consiste en transformar el carbono de un polímero sintético en moléculas que los microorganismos puedan metabolizar de manera controlada.
Aquí intervienen dos tecnologías diferentes.
Primero se descompone el residuo. Después, los microorganismos hacen el trabajo fino.
Agua, oxígeno, calor y presión para desmontar los residuos
Antes de alimentar las levaduras, el PET, los tallos y hojas de maíz y otras formas de biomasa pasan por un proceso denominado disolución hidrotérmica oxidativa, conocido por las siglas OHD.
La tecnología fue desarrollada por Ken Anderson, profesor de Geología de SIU Carbondale.
El proceso utiliza agua, oxígeno, temperatura elevada y presión para atacar materiales resistentes y convertir parte de ellos en compuestos carbonados solubles y mucho más accesibles para los microorganismos.
No es un detalle menor.
Una levadura no puede alimentarse directamente de una botella intacta. El polímero debe ser previamente desmontado hasta obtener compuestos suficientemente pequeños para entrar en rutas metabólicas conocidas o diseñadas mediante ingeniería biológica.
Las levaduras se convierten en fábricas microscópicas
La segunda etapa resulta todavía más interesante.
El equipo de Jayakody y la investigadora Sandhya Jayasekara trabaja con diferentes levaduras, incluida la conocida levadura de panadero, modificando su metabolismo para que conviertan determinados compuestos procedentes del plástico y de la biomasa en sustancias útiles.
La idea pertenece a un campo mucho más amplio: la biomanufactura microbiana.
Los microorganismos llevan décadas utilizándose industrialmente para producir alimentos, enzimas, medicamentos y compuestos químicos. La novedad está en combinar esa capacidad con corrientes de carbono procedentes de residuos que normalmente tendrían un valor muy bajo.
En los experimentos de SIU, las levaduras pueden generar componentes como proteínas, grasas y ácidos.
El equipo ha avanzado además en algo fundamental para que el concepto pueda trascender una demostración de laboratorio: vitaminas y sabor.
Del etilenglicol del PET al betacaroteno
Una de las demostraciones más llamativas utiliza etilenglicol, uno de los componentes que aparecen al descomponer el PET.
Los investigadores han desarrollado una cepa capaz de aprovecharlo para producir betacaroteno, pigmento que el organismo humano puede transformar en vitamina A.
Otra levadura de panadero modificada puede producir compuestos asociados al sabor a vainilla utilizando biomasa vegetal.
Esto cambia bastante la lectura del proyecto.
No se trata únicamente de producir calorías. Una plataforma de alimentación basada en microorganismos tendría que proporcionar proteínas, micronutrientes, grasas y componentes organolépticos suficientes para crear alimentos aceptables.
La impresora 3D entra al final del proceso
Una vez obtenidos los componentes alimentarios, todavía queda convertirlos en algo reconocible.
Para fabricar los prototipos actuales, los investigadores añaden fibra, almidón y edulcorante y utilizan posteriormente una impresora 3D de alimentos para dar forma a las pequeñas galletas bautizadas como µBites, pronunciado “microbites”.
La impresión 3D no es, por tanto, la tecnología que convierte el plástico en comida. Es simplemente el sistema empleado para estructurar y dar forma al producto final.
A largo plazo, el objetivo es reducir incluso esa dependencia externa. El grupo pretende conseguir que los microorganismos produzcan una proporción creciente de los ingredientes necesarios, incluidos componentes que actualmente deben añadirse después de la fermentación.
Un alimento pensado primero para lugares donde llevar comida resulta difícil
Que el proyecto surgiera dentro del programa de alimentación espacial de la NASA tiene bastante lógica.
En una misión de larga duración hacia Marte, transportar toda la comida desde la Tierra supone dedicar masa y volumen a suministros que se van consumiendo progresivamente. Al mismo tiempo, la tripulación genera residuos.
Una plataforma capaz de recuperar carbono residual y convertirlo nuevamente en productos útiles podría ayudar a cerrar parcialmente ese ciclo.
La NASA lleva años investigando sistemas de soporte vital regenerativos y tecnologías de aprovechamiento de residuos. En misiones de espacio profundo, cada kilogramo enviado desde la Tierra cuenta.
µBites intenta llevar esa filosofía hasta la alimentación.
Seguridad alimentaria: la gran barrera que queda por superar
Aquí conviene separar el potencial científico del producto comercial.
Las µBites todavía no son un alimento disponible para el público.
Según la información presentada por la American Chemical Society, los datos obtenidos por el equipo indican que el prototipo es seguro en las pruebas realizadas hasta ahora. Sin embargo, los investigadores todavía estaban esperando autorización institucional para realizar pruebas de sabor con participantes cuando presentaron el trabajo en agosto de 2026.
Hasta el momento se ha evaluado su aroma y la disposición de participantes a consumir un alimento de este tipo en circunstancias con recursos limitados.
Eso está muy lejos de equivaler a una autorización regulatoria para comercializarlo.
Cualquier alimento obtenido a partir de materias primas derivadas de residuos plásticos tendría que demostrar de manera especialmente rigurosa la ausencia de contaminantes, subproductos indeseados, aditivos procedentes del plástico, metales, compuestos tóxicos y microorganismos no deseados.
También sería necesario garantizar que cada lote presenta una composición nutricional reproducible.
El reto energético tampoco puede ignorarse
La circularidad química no garantiza automáticamente una reducción del impacto ambiental.
La etapa OHD necesita temperatura y presión elevadas, mientras que el cultivo de microorganismos requiere reactores, control de temperatura, bombeo, separación de productos y posteriores operaciones de procesado.
Por eso, para determinar si convertir PET y biomasa en ingredientes alimentarios ofrece una ventaja ambiental real será necesario disponer de análisis de ciclo de vida completos.
Importará especialmente saber cuánta electricidad y energía térmica consume el sistema por kilogramo de producto, qué porcentaje del carbono inicial acaba realmente en el alimento, cuánta agua necesita y qué ocurre con las fracciones que los microorganismos no pueden aprovechar.
Si el calor y la electricidad proceden de fuentes renovables o de calor residual industrial, el balance podría mejorar considerablemente. Con energía fósil intensiva en carbono, parte de la ventaja circular se reduciría.
Una nueva generación de reciclaje biológico
µBites forma parte de una tendencia que está ganando terreno: utilizar microorganismos y enzimas para convertir residuos en productos de mayor valor.
El PET resulta especialmente interesante porque puede descomponerse en compuestos como ácido tereftálico y etilenglicol. Una vez separados, esos bloques químicos pueden convertirse en materia prima para nuevos procesos.
Ya existen investigaciones que utilizan microorganismos modificados para transformar componentes procedentes del PET en productos químicos, nuevos polímeros e incluso moléculas farmacéuticas.
El salto conceptual consiste en dejar de contemplar ciertos residuos únicamente como materiales que deben eliminarse y empezar a verlos como reservas de carbono industrial.
Eso sí, cada ruta tendrá que competir en eficiencia, coste y emisiones con alternativas cada vez mejores de reciclaje químico y biológico.

Ficha técnica
Cómo funciona
El sistema combina pretratamiento termoquímico y biotecnología microbiana. PET, residuos de maíz y otra biomasa se procesan mediante disolución hidrotérmica oxidativa. Los compuestos resultantes sirven posteriormente como sustratos para levaduras seleccionadas o modificadas metabólicamente. Estas producen componentes alimentarios que pueden formularse y estructurarse mediante impresión 3D.
En cifras
- 2026: presentación de los nuevos resultados en ACS Fall 2026.
- 23-27 de agosto de 2026: celebración de ACS Fall 2026 en Chicago.
- 25.000 dólares: financiación que SIU había recibido inicialmente dentro del NASA Deep Space Food Challenge para el desarrollo de µBites.
- 1: prototipo alimentario principal presentado, las galletas µBites.
- 2 grandes corrientes de residuos: PET y biomasa agrícola.
- Varios años: horizonte planteado por el investigador principal para intentar avanzar hacia un producto apto para consumo público, todavía sin fecha comercial confirmada.
Qué tiene de diferente
El sistema intenta transformar carbono procedente de plástico y biomasa en ingredientes mediante microorganismos, en lugar de limitarse a recuperar el polímero para fabricar nuevamente plástico.
Combina en una misma plataforma OHD, ingeniería metabólica de levaduras y fabricación alimentaria mediante impresión 3D.
Comparación directa con la tecnología convencional
- Reciclaje mecánico de PET: conserva el material como plástico mediante clasificación, lavado, trituración y refundición.
- Reciclaje químico: rompe el PET para recuperar monómeros o sustancias químicas que pueden utilizarse nuevamente como materias primas.
- µBites: descompone el residuo y dirige parte de sus compuestos hacia rutas metabólicas microbianas destinadas a producir moléculas de interés alimentario.
No reemplaza necesariamente a las tecnologías anteriores. Podría complementarlas en determinadas corrientes de residuos.
Limitaciones
La tecnología todavía debe demostrar su seguridad alimentaria a escala comercial, reproducibilidad, estabilidad nutricional y aceptación por parte de consumidores.
También falta determinar públicamente su competitividad económica a gran escala.
El tratamiento OHD necesita calor y presión, por lo que su consumo energético debe incorporarse al balance ambiental.
Todavía no se dispone de datos públicos suficientes para afirmar que el alimento obtenido tenga una huella de carbono inferior a proteínas convencionales o alternativas.
La composición variable de los residuos puede complicar el control del proceso.
Además, transformar PET reciclable en ingredientes alimentarios no será necesariamente la opción ambientalmente óptima en todos los casos.
En qué fase se encuentra
Prototipo experimental / investigación.
Se han fabricado µBites y demostrado diferentes conversiones microbianas, pero no existe todavía un producto alimentario comercial autorizado.
Quién está detrás
El proyecto está liderado por investigadores de Southern Illinois University Carbondale, Estados Unidos.
Entre los principales nombres se encuentran Lahiru Jayakody, investigador principal; Sandhya Jayasekara, investigadora de posgrado implicada en la ingeniería de las levaduras; y Ken Anderson, creador del proceso de disolución hidrotérmica oxidativa.
La investigación ha recibido financiación relacionada con el NASA Deep Space Food Challenge y una ayuda CAREER de la National Science Foundation (NSF).
Fuente de los datos
La información procede principalmente de los resultados presentados en ACS Fall 2026, del comunicado científico publicado el 24 de agosto de 2026 por la American Chemical Society, de información institucional de Southern Illinois University Carbondale y de documentación relacionada con el NASA Deep Space Food Challenge.
A fecha de agosto de 2026, los nuevos resultados descritos por ACS corresponden a una presentación científica en congreso. Este matiz resulta importante: no debe confundirse el comunicado de ACS con un nuevo artículo científico revisado por pares que valide por sí solo todos los resultados presentados.

Gollo dice
Antinatural, se degrada el ambiente con polución de diversa índole y transforman parte de esto en comida… el sistema capitalista nos lleva hacia la autodestrucción..!
Juan Manuel dice
Esto es una contradicción de tal magnitud. Crear comida a partir del plástico cuando todos están hablando de los microplásticos que ya están en el cuerpo humano