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Científicos de Tufts diseñan bacterias que transforman glucosa en tagatosa, un edulcorante natural con 60 % menos calorías que la sacarosa

26 diciembre, 2025 Deja un comentario

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Ingenieros de Tufts producen tagatosa con hasta un 95% de eficiencia usando bacterias modificadas.

  • Dulzor similar al azúcar.
  • Menos calorías.
  • Impacto metabólico reducido.
  • Producción biotecnológica eficiente.
  • Alternativa real al azúcar convencional.

Investigadores desarrollan una forma de crear un sustituto del azúcar más saludable

Durante más de un siglo, la industria alimentaria ha perseguido un objetivo tan simple como escurridizo: endulzar sin penalizar la salud. Desde la sacarina hasta la stevia o el monk fruit, cada generación ha aportado soluciones parciales, casi siempre con compromisos en sabor, textura o aceptación social. El problema nunca fue solo el dulzor, sino todo lo que rodea al azúcar: exceso calórico, caries, picos de glucosa, obesidad y una relación cada vez más tensa con la salud pública.

En este contexto, un equipo de investigadores de Tufts University ha dado un paso poco ruidoso pero relevante: hacer viable la producción de tagatosa a gran escala mediante biotecnología, sin recurrir a procesos caros o poco eficientes. No es un nuevo edulcorante exótico. Es algo más interesante que eso.

Ingenieros producen tagatosa mediante biosíntesis, un azúcar hoy poco común, bajo en calorías y tan dulce como el azúcar de mesa

La tagatosa no es un invento de laboratorio. Existe de forma natural, aunque en cantidades casi testimoniales, en productos lácteos y en algunas frutas como manzanas, piñas o naranjas. El problema siempre ha sido el mismo: extraerla no compensa y fabricarla por métodos tradicionales resulta caro, ineficiente y poco escalable. Por eso, pese a sus propiedades, nunca ha llegado al gran público.

El avance está en el cómo, no solo en el qué. El equipo ha reprogramado bacterias Escherichia coli para que actúen como microfábricas vivas, capaces de transformar glucosa abundante y barata en tagatosa con rendimientos cercanos al 95 %. Una cifra muy por encima de los procesos industriales actuales, que se mueven entre el 40 % y el 77 %. La diferencia no es menor. Es la línea que separa una curiosidad científica de una solución industrial.

Un nuevo atajo biológico, no un apaño químico

La clave del proceso no está en forzar reacciones químicas agresivas, sino en aprovechar rutas metabólicas naturales… al revés. El descubrimiento de una enzima específica en un moho mucilaginoso permitió invertir un camino biológico conocido: generar galactosa a partir de glucosa y, desde ahí, convertirla en tagatosa. Menos pasos, menos energía, menos residuos. Biología bien afinada, no química pesada.

Este enfoque encaja con una tendencia clara en la industria alimentaria: fermentación de precisión, uso de microorganismos diseñados para producir ingredientes funcionales con menor huella ambiental. Ya se aplica en proteínas alternativas, aromas naturales o vitaminas. El azúcar, hasta ahora, iba por detrás.

Más allá del dulzor: metabolismo, textura y cocina real

Uno de los grandes límites de muchos edulcorantes es que solo aportan sabor. La tagatosa juega en otra liga. Tiene un 92 % del dulzor del azúcar común, pero con alrededor de un 60 % menos de calorías. Además, se absorbe de forma parcial en el intestino delgado y el resto es fermentado por la microbiota. Resultado: impacto mínimo en glucosa e insulina, algo especialmente relevante para personas con diabetes o resistencia a la insulina.

Y hay más. A diferencia del azúcar convencional, no alimenta a las bacterias responsables de la caries; incluso puede frenar su crecimiento. En cocina, se comporta como el azúcar de siempre: aporta volumen, textura, carameliza y dora. No obliga a reformular recetas desde cero. Ese detalle, aparentemente menor, es decisivo para su adopción real.

Qué impacto puede tener en el medio ambiente

La producción actual de azúcar implica grandes superficies agrícolas, consumo intensivo de agua, fertilizantes y energía, además de cadenas logísticas largas. La tagatosa biosintética no elimina el problema de raíz, pero abre una vía distinta: producir dulzor en biorreactores, cerca de los centros de consumo, con materias primas más flexibles y procesos controlados.

Si se integra con glucosa procedente de residuos agrícolas, subproductos industriales o biomasa, el balance ambiental mejora aún más. Menos presión sobre suelos, menos monocultivos, menos dependencia de climas cada vez más inestables. No es la solución mágica, pero sí una pieza útil en un sistema alimentario que necesita diversificarse.

Vía Tufts Now

Más información: Cell Reports Physical Science

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Publicado en: Tecnología verde

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