
El biochar o biocarbón se ha convertido en uno de los materiales más prometedores para reducir la huella de carbono de sectores difíciles de descarbonizar, como la construcción y la conservación de carreteras. La propuesta ganadora del reto urbano «La sección de calle del siglo XXI» demuestra que incluso un elemento tan cotidiano como el asfalto puede convertirse en un aliado frente al cambio climático.
- 🌱 Biochar obtenido de residuos agrícolas y forestales.
- 🛣️ Asfalto con menor huella de carbono.
- ♻️ Valorización de huesos de aceituna y restos de pino.
- 🌍 Captura y almacenamiento de CO₂ durante años.
- 📉 Hasta un 75 % menos de emisiones en la capa superficial del firme.
- 🏙️ Economía circular aplicada a la infraestructura urbana.
- 🔬 Prestaciones similares a mezclas convencionales en laboratorio.
Biochar: el biocarbón que quiere transformar las carreteras en sumideros de carbono
Las carreteras forman parte del paisaje cotidiano, aunque pocas veces se piensa en el enorme impacto ambiental que supone su construcción. La fabricación del asfalto consume grandes cantidades de energía y requiere materiales cuya producción genera importantes emisiones de dióxido de carbono (CO₂). Reducir esa huella se ha convertido en uno de los grandes retos de la ingeniería civil.
Con esa idea nació el proyecto desarrollado por Agustí i Masoliver (AMSA) y Asfaltos y Construcciones Elsan (ELSAN) junto con la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC), una propuesta que apuesta por sustituir completamente el filler mineral empleado en las mezclas bituminosas por biochar, un material obtenido mediante la transformación térmica de biomasa.

La iniciativa fue reconocida como la solución ganadora del reto urbano «La sección de calle del siglo XXI», precisamente por combinar innovación, economía circular y reducción de emisiones sin modificar el comportamiento esperado del pavimento.
De residuos agrícolas a material de alto valor
El biochar se obtiene mediante un proceso conocido como pirólisis, en el que residuos orgánicos se calientan a altas temperaturas en ausencia o con muy poco oxígeno. Durante ese tratamiento, gran parte del carbono contenido en la biomasa queda fijado en un sólido muy estable.
En este proyecto se emplean huesos de aceituna y restos de pino, dos residuos abundantes en muchas regiones mediterráneas que normalmente tienen un aprovechamiento limitado. Convertirlos en un componente para el asfalto permite dar una segunda vida a materiales que, de otro modo, podrían acabar siendo quemados o descompuestos, liberando nuevamente carbono a la atmósfera.
Ese detalle resulta especialmente interesante porque une dos sectores muy diferentes: la gestión de residuos agrícolas y forestales con la construcción de infraestructuras.
Una carretera capaz de almacenar carbono
Uno de los aspectos más llamativos del biochar es que actúa como un almacén de carbono de larga duración. Mientras la biomasa se degrada relativamente rápido cuando permanece al aire libre, la estructura química del biocarbón permite inmovilizar ese carbono durante décadas e incluso más tiempo dependiendo de sus condiciones de uso.
Al incorporarlo al firme, parte del carbono capturado por los árboles durante su crecimiento permanece inmovilizado dentro de la propia infraestructura viaria.
Eso convierte a las carreteras en algo más que una superficie para el tráfico. También pasan a desempeñar un pequeño papel dentro de las estrategias de captura y almacenamiento de carbono, una línea de investigación que está ganando protagonismo en numerosos países.
Mantener el rendimiento reduciendo las emisiones
La innovación no tendría recorrido si comprometiera la resistencia del pavimento. Precisamente por eso los investigadores evaluaron el comportamiento de las mezclas con biochar en laboratorio.
Los resultados mostraron prestaciones comparables a las mezclas tradicionales para la función prevista, lo que abre la puerta a futuras pruebas a mayor escala. El objetivo planteado consiste en utilizar estas mezclas en la capa más superficial del firme, donde se estima una reducción de hasta el 75 % de las emisiones de CO₂ asociadas a esa parte de la estructura.
Aunque todavía será necesario validar su comportamiento durante años de servicio bajo tráfico intenso y diferentes condiciones climáticas, el planteamiento resulta especialmente atractivo porque aprovecha procesos industriales ya conocidos por el sector.
La construcción también avanza hacia la economía circular
Durante años, la descarbonización se ha asociado casi exclusivamente a la generación eléctrica o al transporte. Sin embargo, el sector de la construcción representa una parte importante de las emisiones globales debido al enorme volumen de materiales que consume.
En los últimos años han aparecido iniciativas que incorporan áridos reciclados, cementos con menor contenido en clínker, asfaltos fabricados a temperaturas más bajas o mezclas que reutilizan neumáticos fuera de uso y plásticos recuperados. El biochar encaja dentro de esa misma tendencia: reducir la dependencia de materias primas vírgenes aprovechando residuos locales.
Además, emplear biomasa procedente de podas agrícolas o trabajos forestales puede favorecer una mejor gestión del territorio, disminuyendo la acumulación de restos vegetales que, en determinadas zonas, incrementan el riesgo de incendios.
Del laboratorio a las calles del futuro
El siguiente paso consiste en comprobar cómo responde este tipo de mezcla durante años de uso real. Las carreteras están sometidas a cambios de temperatura, lluvia, radiación solar y cargas constantes provocadas por el tráfico pesado. Validar su comportamiento en esas condiciones será determinante para extender su utilización.
Muchas administraciones ya están incorporando criterios de compra pública verde en la contratación de infraestructuras, valorando no solo el coste económico, también la huella ambiental de los materiales empleados. Tecnologías como esta podrían beneficiarse de ese cambio de enfoque, especialmente en proyectos urbanos donde la sostenibilidad empieza a tener un peso creciente.
La investigación también abre la puerta a desarrollar mezclas adaptadas a distintos tipos de biomasa disponibles en cada territorio, reduciendo aún más la dependencia de recursos externos.
Vía Bithabitat



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