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Científicos descubren que los microplásticos reaccionan con el agua y generan moléculas capaces de dañar las células

20 octubre, 2026 Deja un comentario

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Imagen representativa generada por IA

Un estudio de la Universidad de Columbia revela un mecanismo químico hasta ahora desconocido que podría explicar por qué estas partículas son más peligrosas de lo que se creía.

  • 🔬 Un mecanismo hasta ahora poco conocido: los microplásticos pueden generar radicales libres al entrar en contacto con el agua.
  • 💧 El agua participa en la reacción: no actúa únicamente como medio de transporte de las partículas, sino que interviene directamente en el proceso químico.
  • 🧬 Posibles daños celulares: las moléculas producidas pueden alterar componentes biológicos y favorecer procesos de estrés oxidativo.
  • 🔍 Cuanto más pequeño es el plástico, mayor es su superficie relativa: la fragmentación multiplica las zonas donde pueden producirse estas reacciones.
  • 🌊 Implicaciones ambientales: el fenómeno podría producirse también en ríos, océanos y otros ecosistemas acuáticos.
  • ⚠️ Todavía existen incertidumbres: el descubrimiento identifica un mecanismo potencial de toxicidad, pero no demuestra por sí solo que la exposición cotidiana cause enfermedades concretas en seres humanos.

Los microplásticos podrían ser más peligrosos de lo que se pensaba. Una investigación de la Universidad de Columbia y la Universidad de California en Berkeley ha descubierto que estas diminutas partículas de plástico pueden reaccionar químicamente con el agua y generar moléculas altamente reactivas, capaces de provocar daños en las células y los tejidos.

El estudio identifica un mecanismo químico que podría ayudar a explicar algunos de los efectos biológicos asociados a la exposición a microplásticos. El hallazgo cuestiona una idea ampliamente aceptada: que los fragmentos de plástico son materiales relativamente inertes que apenas reaccionan con su entorno.

Los microplásticos no son tan inertes como se pensaba

Durante décadas, una de las características más valoradas de los plásticos ha sido su estabilidad química.

Esta propiedad ha permitido utilizarlos en envases alimentarios, botellas, productos sanitarios y numerosos objetos cotidianos.

Sin embargo, cuando estos materiales se degradan por efecto de la radiación solar, la abrasión mecánica o el envejecimiento, pueden fragmentarse en partículas cada vez más pequeñas.

Los microplásticos son fragmentos de plástico inferiores a 5 milímetros, mientras que los nanoplásticos presentan dimensiones todavía menores, generalmente inferiores a 1 micrómetro.

El problema no es únicamente que estas partículas puedan incorporarse al medio ambiente o entrar en los organismos vivos.

La nueva investigación demuestra que sus superficies pueden participar activamente en reacciones químicas con el agua.

El equipo dirigido por Wei Min, profesor de Química e Ingeniería Biomédica de la Universidad de Columbia, ha identificado la formación de especies reactivas del oxígeno en la interfaz entre el plástico y el agua.

Estas sustancias tienen una elevada capacidad para reaccionar con otras moléculas, incluidos componentes esenciales de las células.

Qué ocurre cuando los microplásticos entran en contacto con el agua

El mecanismo identificado está relacionado con una característica de muchos plásticos: su naturaleza hidrófoba.

Esto significa que sus superficies tienden a repeler el agua.

Cuando una partícula de plástico entra en contacto con el líquido, se crea una interfaz en la que las moléculas de agua y los iones presentes pueden experimentar cambios en su comportamiento químico.

Los investigadores descubrieron que esta interacción puede favorecer procesos de transferencia de electrones que originan radicales libres.

Entre las especies identificadas destacan los radicales hidroxilo (•OH), unas especies químicas extremadamente reactivas.

El proceso puede resumirse en cuatro etapas:

  1. Fragmentación del plástico. Un objeto de mayor tamaño se descompone en microplásticos y nanoplásticos, aumentando la superficie expuesta al entorno.
  2. Contacto con el agua. Las partículas crean una interfaz entre su superficie hidrófoba y las moléculas de agua.
  3. Reacciones químicas. Las condiciones de esta interfaz facilitan la transferencia de electrones y la formación de radicales libres.
  4. Interacción con materiales biológicos. Las especies reactivas generadas pueden reaccionar con proteínas, lípidos y otros componentes celulares.

Para comprender este mecanismo, los científicos de Columbia combinaron experimentos químicos y biológicos con simulaciones moleculares realizadas por investigadores de la Universidad de California en Berkeley, bajo la dirección de Teresa Head-Gordon.

Los modelos permitieron explicar cómo determinados iones hidróxido próximos a la superficie del plástico pueden perder electrones con mayor facilidad y contribuir a la formación de radicales hidroxilo.

El descubrimiento es especialmente relevante porque no requiere necesariamente que el plástico libere aditivos tóxicos para que exista actividad química.

La propia interacción entre la superficie del material y el agua puede generar sustancias reactivas.

Por qué las partículas más pequeñas pueden ser más problemáticas

Uno de los aspectos fundamentales del estudio es la relación entre el tamaño de los fragmentos y su superficie.

Cuando un objeto de plástico se divide en numerosas partículas, aumenta la superficie total disponible para interactuar con el medio.

Para comprenderlo, puede imaginarse un cubo de plástico de 1 centímetro de lado.

Si ese mismo volumen se dividiera en cubos de 1 micrómetro de lado, su superficie total sería aproximadamente 10.000 veces mayor.

Esta relación geométrica ayuda a explicar por qué la fragmentación de los residuos plásticos puede modificar su comportamiento.

A menor tamaño de partícula, mayor superficie de contacto por unidad de masa y, potencialmente, más lugares donde pueden desarrollarse reacciones químicas.

No obstante, la cantidad real de radicales generados depende también del tipo de polímero, sus características superficiales y las condiciones del medio.

Qué efectos podrían tener estas moléculas en las células humanas

Las especies reactivas del oxígeno se producen de forma natural en los organismos vivos.

En cantidades controladas, participan en procesos fisiológicos como la señalización celular y la respuesta inmunitaria.

El problema aparece cuando su producción supera la capacidad de los sistemas antioxidantes del organismo.

Esta situación, conocida como estrés oxidativo, puede provocar alteraciones en estructuras celulares importantes.

Entre sus posibles consecuencias se encuentran la oxidación de lípidos de las membranas, la modificación de proteínas y daños en el material genético.

Los experimentos de laboratorio descritos en el estudio también apuntan a efectos sobre componentes biológicos, como alteraciones en glóbulos rojos y proteínas expuestos a determinados microplásticos.

Sin embargo, es importante diferenciar estos resultados experimentales de los efectos que podrían producirse en una persona.

La investigación no demuestra que beber agua con microplásticos provoque directamente enfermedades ni permite establecer el riesgo asociado a una concentración concreta de partículas.

Para determinarlo será necesario estudiar cómo se comportan estos materiales en condiciones biológicas reales, qué cantidades alcanzan los tejidos y cómo intervienen los mecanismos de defensa del organismo.

Un descubrimiento especialmente relevante para la sangre y los tejidos

El organismo humano contiene una proporción considerable de agua.

Muchas células presentan contenidos de agua comprendidos aproximadamente entre el 60 % y el 80 %, dependiendo de su tipo y función.

Esto significa que los microplásticos que consiguen acceder a determinados tejidos pueden encontrarse en ambientes donde existe abundante agua.

Los investigadores plantean que estas condiciones podrían permitir que algunas partículas mantuvieran actividad química dentro del organismo.

El hallazgo ofrece una posible explicación molecular para determinados efectos biológicos observados en investigaciones anteriores.

Diversos estudios han identificado asociaciones entre la exposición a microplásticos y problemas cardiovasculares, inflamatorios y otras alteraciones de salud.

No obstante, una asociación estadística no implica necesariamente una relación causal.

La nueva investigación aporta un mecanismo químico plausible, pero todavía será necesario establecer hasta qué punto contribuye a esos efectos en condiciones reales de exposición.

Un estudio anterior encontró 240.000 partículas de plástico por litro de agua embotellada

El mismo grupo de investigación de la Universidad de Columbia ya había publicado en 2024 otro trabajo que llamó la atención sobre la presencia de nanoplásticos en el agua embotellada.

Mediante una técnica avanzada de microscopía láser, los científicos detectaron una media aproximada de 240.000 partículas de plástico por litro de agua embotellada en las muestras analizadas.

La mayoría correspondían a nanoplásticos, partículas tan pequeñas que resultan difíciles de identificar mediante los métodos convencionales.

La cifra era entre 10 y 100 veces superior a estimaciones anteriores obtenidas con técnicas menos sensibles.

Aquella investigación permitió conocer mejor la abundancia de estas partículas.

El nuevo estudio añade una dimensión diferente al problema: además de su presencia física, los fragmentos pueden modificar químicamente el agua que los rodea.

Ambos trabajos refuerzan la necesidad de investigar no solo cuántos microplásticos contienen los alimentos y las bebidas, sino también cómo interactúan con los organismos que los incorporan.

Las consecuencias también podrían extenderse a ríos y océanos

El descubrimiento no afecta exclusivamente a la salud humana.

Los microplásticos están presentes en numerosos ecosistemas acuáticos y pueden proceder de fuentes muy diferentes.

Entre ellas se encuentran la degradación de residuos plásticos, las actividades industriales, las aguas residuales y el desprendimiento de fibras sintéticas durante el lavado de ropa.

Cuando estas partículas alcanzan ríos, lagos o mares, permanecen en contacto con el agua durante periodos prolongados.

La investigación plantea que sus superficies podrían favorecer la formación de radicales libres y modificar determinadas reacciones químicas del entorno.

Esto abre nuevas preguntas sobre sus posibles efectos en microorganismos, algas, invertebrados y otros organismos acuáticos.

También será necesario investigar si estas reacciones pueden influir en la transformación de contaminantes presentes en el agua o en los procesos de degradación de los propios plásticos.

No obstante, todavía no se ha determinado la magnitud de este fenómeno en ecosistemas naturales, donde intervienen factores como la materia orgánica, la salinidad, la temperatura y la composición química del agua.

El descubrimiento podría ayudar a fabricar plásticos menos perjudiciales

Una de las aplicaciones más interesantes de la investigación está relacionada con el diseño de materiales.

Si la formación de radicales libres depende de las propiedades químicas de la superficie del plástico, modificar esas propiedades podría ayudar a reducir su reactividad.

Los investigadores consideran que esta información puede abrir nuevas líneas de trabajo para desarrollar polímeros con un comportamiento más seguro en contacto con el agua.

Entre las posibilidades que deberán investigarse se encuentran los tratamientos superficiales, las modificaciones de composición y el diseño de materiales que minimicen determinadas interacciones químicas.

Sin embargo, estas alternativas todavía requieren investigación y validación.

Además, fabricar plásticos menos reactivos no resolvería por sí solo otros problemas ambientales, como la acumulación de residuos, la persistencia de las partículas o su incorporación a las cadenas alimentarias.

La reducción de plásticos innecesarios, la prevención de fugas al medio ambiente y la mejora de los sistemas de recogida y tratamiento de residuos siguen siendo medidas fundamentales.

Qué cambia realmente con esta investigación

Hasta ahora, una parte importante de los estudios sobre microplásticos se había centrado en su presencia en el organismo, su capacidad para atravesar barreras biológicas y los efectos de los aditivos químicos asociados.

El nuevo trabajo introduce otro factor que deberá tenerse en cuenta: la actividad química que puede desarrollarse directamente en la superficie de las partículas cuando entran en contacto con el agua.

Esta diferencia es importante porque permite investigar un mecanismo de daño potencial que no depende exclusivamente de los compuestos añadidos durante la fabricación del plástico.

El siguiente desafío será comprobar cómo se manifiesta en organismos vivos y en condiciones ambientales reales, así como determinar qué tipos de partículas presentan mayor reactividad.

Los resultados no permiten concluir que todos los microplásticos sean igualmente peligrosos, pero sí cuestionan la idea de que se comporten siempre como fragmentos químicamente pasivos.

El descubrimiento refuerza una conclusión relevante para la investigación ambiental: conocer la cantidad de plástico presente en el agua puede no ser suficiente para evaluar sus riesgos; también será necesario comprender qué reacciones químicas puede provocar.

Vía: Universidad de Columbia

Más información: Intrinsic physicochemical activity at microplastic–water interfaces

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Publicado en: Contaminación

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