
El tratamiento también favorece la fotosíntesis, mejora la actividad microbiana del suelo y ayuda a tomates y lechugas a soportar mejor la falta de agua.
- ♻️ De residuos a recursos: Científicos del CSIC desarrollan un biofertilizante líquido a partir de subproductos orgánicos.
- 🍅 Raíces más desarrolladas: Las tomateras tratadas aumentaron hasta un 53,3 % su biomasa seca radicular bajo sequía.
- 💧 Mayor tolerancia a la falta de agua: El tratamiento ayuda a mantener la fotosíntesis y activa mecanismos de protección frente al estrés hídrico.
- 🥬 También funciona en lechugas: Su biomasa seca foliar aumentó un 23 % en condiciones de riego deficitario.
- 🌱 Agricultura más sostenible: La tecnología permite aprovechar residuos, mejorar la nutrición vegetal y explorar alternativas a los fertilizantes convencionales.
Un equipo del CSIC ha desarrollado y estudiado un fertilizante líquido obtenido a partir de residuos orgánicos que mejora el crecimiento de los cultivos incluso cuando escasea el agua. Los resultados son especialmente prometedores en las tomateras, cuyas raíces aumentaron su biomasa seca un 53,3 % en condiciones de déficit hídrico.
La investigación, dirigida por especialistas del Instituto de Productos Naturales y Agrobiología (IPNA-CSIC), en Canarias, se ha publicado en la revista científica Journal of Soil Science and Plant Nutrition. Sus resultados abren una vía interesante para desarrollar una agricultura que aproveche mejor los recursos orgánicos y sea más resistente a los periodos de escasez de agua.
Un fertilizante elaborado con residuos que hace algo más que alimentar las plantas
Los fertilizantes se utilizan principalmente para proporcionar a los cultivos los nutrientes necesarios para su desarrollo. Sin embargo, determinados productos de origen orgánico también pueden influir en la actividad biológica del suelo y en los mecanismos que utilizan las plantas para responder a condiciones ambientales adversas.
Precisamente esa es una de las características que han estudiado los investigadores españoles.
El producto analizado es un té de compost, un fertilizante líquido obtenido mediante el Sistema de Elaboración de Fertilizante Ecológico Líquido, conocido como SEFEL.
Esta tecnología permite transformar subproductos orgánicos en un preparado destinado a la fertilización agrícola, aprovechando materiales que pueden reincorporarse al ciclo productivo en lugar de convertirse en residuos.
El equipo científico evaluó sus efectos sobre dos especies habituales en la agricultura y los huertos domésticos: el tomate (Solanum lycopersicum) y la lechuga (Lactuca sativa).
Para comprobar su comportamiento, se estudiaron plantas cultivadas tanto con un suministro adecuado de agua como en condiciones de riego deficitario.
Los resultados mostraron que el tratamiento no solo favorecía el crecimiento vegetal, sino que también ayudaba a mantener determinadas funciones fisiológicas cuando las plantas sufrían estrés hídrico.
Las tomateras desarrollaron hasta un 53,3 % más de raíces durante la sequía
Uno de los resultados más interesantes apareció en las tomateras sometidas a restricciones de agua.
Las plantas tratadas con el fertilizante orgánico presentaron un 53,3 % más de biomasa seca radicular que las plantas sin tratar sometidas a las mismas condiciones.
Este resultado es importante porque el sistema radicular desempeña un papel fundamental en la captación de agua y nutrientes.
Un mayor desarrollo de las raíces puede favorecer la exploración del suelo y mejorar las posibilidades de acceder a los recursos disponibles, aunque la biomasa por sí sola no demuestra que las plantas hayan extraído más agua.
El estudio también detectó mejoras significativas en las hojas.
| Cultivo y parte de la planta | Riego normal | Déficit hídrico |
|---|---|---|
| Hojas de tomate | +63,9 % | +32,6 % |
| Raíces de tomate | +30,3 % | +53,3 % |
| Hojas de lechuga | +34 % | +23 % |
Los datos muestran que el efecto positivo del biofertilizante no se limita a las situaciones de sequía.
Con un riego adecuado, las tomateras tratadas registraron un incremento del 63,9 % en la biomasa seca de las hojas y del 30,3 % en las raíces.
En las lechugas también se observaron mejoras: un 34 % más de biomasa seca foliar con riego normal y un 23 % más cuando se redujo el suministro de agua.
Aunque los resultados son relevantes, conviene distinguir entre mayor crecimiento vegetativo y mayor producción agrícola. El estudio no permite afirmar que las cosechas comerciales aumenten en esos mismos porcentajes.

Cómo consigue el biofertilizante ayudar a las plantas cuando falta agua
El efecto del tratamiento no parece explicarse únicamente por el aporte de nutrientes.
Los investigadores identificaron diferentes respuestas fisiológicas y metabólicas que ayudan a comprender por qué las plantas tratadas soportaron mejor las condiciones de déficit hídrico.
1. Ayuda a mantener la fotosíntesis
Cuando una planta dispone de poca agua, suele reducir la apertura de sus estomas, unos pequeños poros situados principalmente en las hojas que regulan el intercambio de gases y la pérdida de vapor de agua.
Este mecanismo limita la transpiración, pero también dificulta la entrada del dióxido de carbono necesario para la fotosíntesis.
En el experimento, las plantas tratadas mantuvieron una mayor asimilación de carbono y conductancia estomática durante periodos prolongados de estrés hídrico.
Esto sugiere que el fertilizante favoreció una respuesta fisiológica más eficaz ante la escasez de agua, aunque no significa que eliminara los efectos negativos de la sequía.
2. Favorece la acumulación de compuestos protectores
Otro de los hallazgos fue el aumento de la prolina, un aminoácido relacionado con la respuesta de las plantas a diferentes situaciones de estrés.
La prolina participa en el ajuste osmótico celular, un proceso que contribuye a mantener el equilibrio hídrico de los tejidos vegetales.
También se detectó una mayor acumulación de carbohidratos solubles.
Estas sustancias pueden intervenir en la regulación osmótica y en la protección de determinadas estructuras celulares cuando disminuye la disponibilidad de agua.
Los investigadores observaron, además, diferencias entre tomates y lechugas en las rutas metabólicas relacionadas con los oligosacáridos de la familia de la rafinosa.
Esto indica que cada especie puede utilizar mecanismos metabólicos diferentes para responder al mismo tratamiento.
3. Mejora la relación entre las raíces y los microorganismos del suelo
El estudio también encontró modificaciones en las comunidades microbianas presentes en el suelo.
Entre ellas aparecieron cambios que afectaban a microorganismos relacionados con procesos de disponibilidad de nutrientes.
Este resultado es relevante porque la fertilidad de un suelo no depende exclusivamente de la cantidad de minerales presentes.
Las bacterias, los hongos y otros microorganismos participan en la transformación de la materia orgánica y en los ciclos de nutrientes.
Por tanto, el biofertilizante podría actuar sobre varios componentes del sistema suelo-planta al mismo tiempo: nutrición, actividad microbiana y respuesta fisiológica al estrés.
No obstante, todavía es necesario determinar qué cambios microbianos son responsables de las mejoras observadas y cuáles simplemente están asociados al tratamiento.
De residuos orgánicos a fertilizantes: una oportunidad para la economía circular
Una de las ventajas potenciales de esta tecnología es que combina dos objetivos ambientales: mejorar la nutrición de los cultivos y aprovechar materiales orgánicos que, de otro modo, podrían convertirse en residuos.
La línea de investigación sobre fertilidad de suelos del IPNA-CSIC trabaja con subproductos procedentes de actividades agrícolas y ganaderas, como estiércoles, purines y sueros de queserías, entre otros materiales orgánicos.
Estos recursos pueden contener nutrientes aprovechables, pero necesitan un tratamiento adecuado antes de su utilización agrícola.
En este contexto, los sistemas de elaboración de fertilizantes líquidos permiten explorar alternativas a los modelos de fertilización basados exclusivamente en productos minerales de síntesis.
Entre sus posibles ventajas ambientales destacan:
- Valorización de residuos: aprovechamiento de materias orgánicas dentro de nuevos ciclos productivos.
- Recuperación de nutrientes: reincorporación de elementos fertilizantes a los suelos agrícolas.
- Menor dependencia potencial de insumos externos: posibilidad de sustituir parcialmente determinados fertilizantes convencionales, siempre que se compruebe su equivalencia agronómica.
- Mayor resiliencia agrícola: desarrollo de tratamientos que ayudan a los cultivos a afrontar situaciones de estrés ambiental.
Sin embargo, el beneficio ambiental real dependerá de factores como la procedencia de los residuos, el proceso de fabricación, el transporte, la dosificación y los fertilizantes que puedan sustituirse.
Para cuantificarlo sería necesario realizar un análisis de ciclo de vida.
¿Podría utilizarse este biofertilizante en un huerto doméstico?
Los resultados tienen especial interés para quienes cultivan tomates, lechugas y otras hortalizas en pequeños huertos.
No obstante, el producto SEFEL estudiado no debe confundirse con cualquier té de compost casero.
La composición de un fertilizante líquido depende de los materiales utilizados, las condiciones de elaboración y las características microbiológicas del producto final.
Por eso, no es posible garantizar que un preparado doméstico reproduzca los efectos observados por los investigadores.
Además, los extractos de compost elaborados sin controles adecuados pueden presentar problemas de calidad microbiológica, especialmente cuando se utilizan materias primas de origen animal o se aplican directamente sobre hortalizas destinadas al consumo en crudo.
Para un huerto doméstico, las prácticas más recomendables siguen siendo utilizar compost maduro y de calidad, mantener el suelo cubierto con acolchado orgánico, ajustar el riego a las necesidades de cada cultivo y emplear fertilizantes autorizados siguiendo las indicaciones del fabricante.
La investigación del CSIC aporta una perspectiva complementaria: en el futuro, determinados fertilizantes orgánicos podrían contribuir no solo a nutrir las plantas, sino también a mejorar su capacidad de respuesta ante periodos de sequía.
El siguiente paso: comprobar si funciona igual en condiciones reales de cultivo
Aunque los resultados son prometedores, todavía existen cuestiones importantes por resolver antes de trasladar esta tecnología a una aplicación agrícola generalizada.
La principal es comprobar si las mejoras observadas se mantienen en condiciones de campo, donde intervienen variables como las temperaturas extremas, las características del suelo, las precipitaciones, las plagas y las diferencias entre variedades.
También será importante determinar las dosis óptimas, la estabilidad del preparado, su seguridad microbiológica y sus efectos sobre la producción comercial.
Otro aspecto fundamental será estudiar si el tratamiento permite reducir realmente el consumo de agua de riego.
Una mayor tolerancia a la sequía no equivale necesariamente a un ahorro de agua cuantificado. Para demostrarlo habría que comparar el consumo hídrico y el rendimiento de los cultivos bajo diferentes estrategias de riego.
Si futuras investigaciones confirman estos beneficios, los fertilizantes líquidos elaborados con subproductos orgánicos podrían convertirse en una herramienta complementaria para la agricultura de regiones especialmente expuestas a la escasez de agua, como buena parte del territorio mediterráneo.
El interés de esta investigación reside precisamente en esa combinación: transformar residuos en recursos agrícolas y, al mismo tiempo, explorar nuevas formas de proteger los cultivos frente a uno de los principales desafíos de la agricultura actual.
Vía www.ipna.csic.es
Más información: Referencia del artículo: Hernández-González, M. et al. (2026). Sustainable Fertilization with an Organic By-product Compost Tea Produced Using the SEFEL System Improves Nutrient Uptake and Drought Tolerance in Solanum lycopersicum and Lactuca sativa. Journal of Soil Science and Plant Nutrition. https://doi.org/10.1007/s42729-026-03589-8

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