
Un estudio publicado por la American Chemical Society ha evaluado cajas Corsi-Rosenthal durante clases universitarias reales, no únicamente en cámaras de laboratorio. Estos dispositivos pueden construirse con un ventilador doméstico de caja, cuatro filtros de alta eficiencia, cartón y cinta adhesiva.
- 🌬️ 61 % menos partículas PM2,5.
- 🏫 59 clases reales analizadas.
- 🧰 Ventilador, cuatro filtros, cartón y cinta adhesiva.
- 🔇 52 dBA a 2 metros.
- 💰 Coste muy inferior al de equipos comerciales equivalentes.
- 👥 Pruebas con 14 a 30 estudiantes.
- 🔬 Resultados publicados en ACS ES&T Air.
¿Por qué importa?
La calidad del aire de un aula no depende únicamente de abrir una ventana. En edificios antiguos, espacios sin ventilación mecánica o lugares donde el aire exterior tampoco es especialmente limpio, filtrar las partículas presentes en el interior puede convertirse en una segunda barrera de protección.
Un estudio realizado en una universidad estadounidense aporta ahora algo especialmente interesante: datos obtenidos durante clases normales, con estudiantes dentro y sin convertir el aula en un laboratorio. Dos sencillos purificadores construidos con ventiladores y filtros consiguieron reducir de media un 61 % las partículas PM2,5.
Un purificador que prácticamente puede construirse sobre una mesa
La solución analizada se conoce como caja Corsi-Rosenthal. Su planteamiento es sorprendentemente sencillo.
Cuatro filtros de aire plisados se colocan formando las paredes de una caja. Sobre ellos se instala un ventilador convencional y se cierran las uniones con cinta adhesiva. El cartón sirve para completar y dirigir el flujo de aire.
Al funcionar el ventilador, el aire de la habitación atraviesa los filtros antes de volver al espacio. Las partículas quedan atrapadas mientras el aire limpio continúa circulando.
No hay un mecanismo especialmente sofisticado detrás. Precisamente ahí está buena parte de su interés: una gran superficie filtrante combinada con un caudal elevado de aire.
El diseño surgió durante la pandemia a partir de las aportaciones del ingeniero Richard Corsi y de Jim Rosenthal, aunque desde entonces ha evolucionado hacia una herramienta para mejorar la calidad del aire interior frente a muchos otros contaminantes.
La prueba que faltaba: ponerlos en un aula llena
Ya existían estudios de laboratorio sobre estos dispositivos. La pregunta era otra: ¿funcionan igual cuando hay estudiantes entrando, moviéndose, levantando polvo, abriendo puertas y ocupando realmente el espacio?
Investigadores vinculados principalmente a la Universidad de Connecticut decidieron comprobarlo.
El experimento se desarrolló en un aula universitaria de aproximadamente 51 m² y 125 m³, situada en un edificio construido en 1906. Un detalle importante: la estancia no disponía de un sistema central de ventilación mecánica y dependía principalmente de tres ventanas y una puerta para la renovación natural del aire.
Se analizaron 59 sesiones lectivas, con grupos de entre 14 y 30 estudiantes.
Durante cada clase se establecía primero una situación de referencia. Transcurridos diez minutos se activaban automáticamente dos cajas Corsi-Rosenthal, que permanecían funcionando a baja velocidad durante el resto de la sesión.
Los investigadores midieron partículas de diferentes tamaños, incluyendo PM1, PM2,5 y PM10, además del número de partículas presentes en el aire.
Y la diferencia apareció con claridad.

Un 61 % menos de PM2,5
Las cajas consiguieron reducir las concentraciones de masa de PM2,5 una media del 61 % durante las sesiones estudiadas.
El intervalo observado entre sesiones fue amplio —el rango intercuartílico se situó entre aproximadamente el 48 % y el 80,5 %—, algo esperable en un espacio real donde cambian la ocupación, las condiciones exteriores y la cantidad inicial de partículas.
Lo relevante es que la reducción no apareció únicamente cerca de los purificadores.
Los investigadores colocaron sensores en tres puntos diferentes del aula y comprobaron que el sistema favorecía la mezcla del aire. La eliminación de partículas era similar en las distintas zonas analizadas.
Eso resuelve una duda práctica importante. Un purificador potente sirve de poco si genera una pequeña burbuja de aire limpio alrededor del aparato mientras otras zonas permanecen prácticamente sin tratar.
¿Y el ruido?
Aquí aparece uno de los puntos que suelen olvidarse cuando se habla de purificadores para colegios.
Un aparato puede limpiar muchísimo aire y resultar inútil para una clase si obliga al profesor a elevar continuamente la voz.
Las mediciones realizadas con las cajas Corsi-Rosenthal mostraron aproximadamente 52 dBA a una distancia de 2 metros. La American Chemical Society recoge un rango aproximado de 46 a 55 dB durante las pruebas.
Es un nivel comparable al ambiente de una oficina tranquila y, según el estudio, no llegó a interferir de forma significativa con las actividades docentes.
Hay además una ventaja práctica: la velocidad del ventilador puede adaptarse. Aumentarla permite tratar más aire, aunque también incrementa el ruido.
Mucho aire limpio con materiales relativamente baratos
El atractivo económico resulta evidente.
Una caja utiliza básicamente cuatro filtros plisados de alta calidad, un ventilador convencional, cartón y cinta adhesiva. La American Chemical Society estima en unos 60 dólares el coste conjunto de los filtros utilizados como referencia, sin contar necesariamente todos los componentes del montaje.
Según Misti Levy Zamora, autora correspondiente del trabajo, un purificador comercial capaz de suministrar una cantidad comparable de aire limpio puede costar entre cinco y diez veces más.
Eso no convierte automáticamente cualquier construcción casera en sustituto de un equipo comercial. La calidad de los filtros, el ventilador, el sellado, la instalación y el mantenimiento importan. Mucho.
Pero cambia las cuentas cuando hay que equipar decenas o cientos de aulas.
Filtrar partículas no equivale a ventilar
Esta diferencia merece quedar clara.
Una caja Corsi-Rosenthal no elimina el CO₂ producido por las personas. Tampoco sustituye la renovación de aire necesaria para retirar determinados contaminantes gaseosos o controlar adecuadamente humedad y olores.
Su trabajo principal consiste en capturar partículas suspendidas.
Eso incluye polvo, polen, partículas procedentes de contaminación exterior y parte de los aerosoles respiratorios. Puede resultar especialmente interesante en días de alta contaminación, episodios de humo de incendios forestales o edificios donde mejorar rápidamente la ventilación mecánica resulte complicado.
La estrategia más sólida pasa por combinar ventilación suficiente, control de las fuentes contaminantes y filtración, ajustando cada medida a las características del edificio.
Un diseño sencillo, pero también estudiado desde el punto de vista de la seguridad
Instalar dispositivos caseros funcionando durante horas en centros educativos plantea inevitablemente preguntas sobre seguridad.
Los investigadores también evaluaron este aspecto.
Las cajas fueron sometidas a condiciones de temperatura elevada, de hasta 30 °C, sin encontrar un incremento del riesgo de incendio en las condiciones estudiadas. El trabajo analizó además la circulación del aire y el ruido.
Eso aporta algo que faltaba en buena parte de las experiencias DIY: pasar de demostrar que el aparato filtra partículas a estudiar cómo se comporta realmente dentro de un espacio educativo ocupado.
Una herramienta interesante también frente al humo de los incendios
El concepto ya ha salido del contexto de las enfermedades respiratorias.
En regiones afectadas regularmente por incendios forestales, los filtros DIY están siendo considerados como una herramienta accesible para crear espacios interiores con aire más limpio durante episodios de humo.
Programas comunitarios desarrollados en Canadá, por ejemplo, han utilizado talleres para enseñar a construir purificadores caseros dentro de estrategias de preparación frente al humo.
La lógica es la misma: cuando el aire exterior contiene concentraciones elevadas de partículas finas, abrir simplemente las ventanas deja de ser una solución suficiente. Filtrar el aire interior adquiere entonces mucho más valor.
Para colegios, residencias, centros comunitarios y hogares con pocos recursos, disponer de una solución que pueda construirse con componentes relativamente comunes puede marcar una diferencia práctica.
Limitaciones que conviene tener presentes
El resultado del 61 % no debería interpretarse como una eficacia garantizada para cualquier aula.
El experimento se realizó en una única estancia universitaria, de aproximadamente 51 m², perteneciente a un edificio antiguo de Connecticut y sin ventilación mecánica central.
También se utilizaron dos cajas simultáneamente. Una habitación más grande, con otra geometría o con mayor ocupación podría requerir una configuración diferente.
Además, aunque se estudiaron 59 sesiones, el experimento corresponde a un entorno concreto. La reducción obtenida depende de factores como la concentración inicial de partículas, el caudal de los ventiladores, el tipo y estado de los filtros, la posición de las unidades y la entrada de contaminación exterior.
Y hay otra cuestión importante: el estudio demuestra una reducción de partículas. No demuestra directamente una reducción equivalente del número de infecciones respiratorias ni permite afirmar que el riesgo sanitario disminuya exactamente un 61 %.
Son dos cosas distintas.

Potencial
El interés de las cajas Corsi-Rosenthal probablemente no está en sustituir los sistemas profesionales de climatización y ventilación. Su mayor potencial aparece en otro terreno: democratizar el acceso a la filtración del aire.
Un colegio con presupuesto limitado puede tener dificultades para renovar toda su instalación HVAC, mientras que desplegar soluciones de filtración distribuida puede ser mucho más rápido.
También pueden funcionar como medida temporal durante obras, episodios de contaminación exterior, incendios forestales o periodos de elevada circulación de enfermedades respiratorias.
La siguiente evolución lógica sería incorporar sensores de partículas y sistemas de regulación automática capaces de modificar la velocidad del ventilador según la calidad del aire. Así se evitaría mantener los equipos a máxima potencia cuando no resulta necesario, reduciendo ruido, consumo eléctrico y desgaste de los filtros.
Hay margen también para mejorar materiales, ventiladores, geometría y facilidad de mantenimiento.
A veces una innovación ambiental útil no empieza con una máquina especialmente compleja. Puede empezar con cuatro filtros, un ventilador y una pregunta bastante sensata: ¿Cuánto aire limpio puede conseguirse con lo que ya existe?
Más información: Sharmin Akter et al., Rendimiento y consideraciones prácticas de la implementación de purificadores de aire de fabricación casera (DIY) en aulas ocupadas,
ACS ES&T Air (2026). DOI: 10.1021/acsestair.6c00143

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