
El maker Craftsman Chris ha documentado un proyecto funcional en el que reutiliza un aire acondicionado de ventana LG recuperado de un contenedor, y lo conecta a un circuito geotérmico enterrado en su jardín.
- ♻️ Aire acondicionado recuperado de la basura.
- 🌱 Más de 600 metros de tubería enterrada.
- ❄️ Aire de salida a unos 9,4–12,2 °C.
- 🔄 Circuito frigorífico original prácticamente intacto.
- 🏠 El terreno como sumidero de calor.
- 🛠️ Prototipo doméstico, no producto comercial.
De un contenedor de basura a un circuito enterrado en el jardín
El protagonista del proyecto es Craftsman Chris, que recuperó un aire acondicionado de ventana LG Dual Inverter de 14.000 BTU/h, equivalente a aproximadamente 4,1 kW de capacidad térmica nominal.
La máquina necesitaba limpieza y mantenimiento, pero conservaba los elementos fundamentales de cualquier sistema frigorífico: compresor, evaporador, condensador y refrigerante.
Ahí estaba precisamente la oportunidad.

Un aire acondicionado no «crea frío». Utiliza electricidad para extraer calor de un espacio y trasladarlo a otro. En una instalación convencional, el condensador termina entregando ese calor al aire exterior.
Chris decidió cambiar el destino de ese calor.
En lugar de disiparlo directamente al ambiente, el condensador se integró en un circuito conectado a tuberías PEX enterradas en el jardín. De esta manera, el terreno pasa a funcionar como el gran sumidero térmico del sistema.
Más de 600 metros de tubería bajo tierra
El circuito geotérmico ya existía antes de modificar el aire acondicionado.
El proyecto utiliza aproximadamente 610 metros de tubería PEX de 12,7 mm, repartidos en cuatro circuitos de unos 152 metros cada uno y enterrados aproximadamente entre 1,8 y 2,4 metros de profundidad.

La idea inicial era todavía más sencilla: hacer circular agua por esas tuberías y aprovechar directamente la temperatura del subsuelo para refrigerar la vivienda.
No funcionó suficientemente bien.
El terreno no estaba lo bastante frío para proporcionar por sí mismo toda la refrigeración necesaria. Así apareció una solución más interesante: mantener el circuito enterrado, pero introducir entre la vivienda y el terreno una bomba de calor.
Ese cambio permite aumentar considerablemente la capacidad para transportar energía térmica.

La pieza clave: sumergir el condensador en agua
Aquí aparece la modificación más llamativa.
El intercambiador exterior del aire acondicionado había sido diseñado para ceder calor al aire. Chris construyó alrededor de él un depósito metálico artesanal por el que circula el agua procedente del circuito enterrado.
El condensador queda así rodeado por agua en lugar de depender del flujo de aire del ventilador exterior.
Conceptualmente, el proceso queda así:
aire caliente de la vivienda → circuito frigorífico → condensador → agua → tuberías enterradas → terreno
El calor acaba almacenándose temporalmente y disipándose en el subsuelo.
El planteamiento aprovecha además una propiedad física muy útil: el agua puede transportar mucha más energía térmica por unidad de volumen que el aire.
Eso no convierte automáticamente la adaptación en más eficiente. El intercambiador original no fue diseñado para funcionar sumergido, aparecen pérdidas adicionales y el comportamiento del refrigerante puede cambiar al modificar físicamente la posición de algunos componentes.
Pero funciona.
El circuito de refrigerante permanece cerrado
Hay un detalle especialmente relevante desde el punto de vista ambiental.
La modificación se realizó procurando no abrir las tuberías del circuito frigorífico. El condensador se recolocó y se construyó el depósito alrededor del intercambiador existente.
Mantener cerrado el circuito evita liberar deliberadamente el refrigerante a la atmósfera y reduce además la complejidad técnica de la modificación.
Esto importa porque muchos equipos de climatización antiguos utilizan refrigerantes fluorados con un potencial de calentamiento global considerablemente superior al del CO₂.
Reutilizar un aparato viejo tiene sentido ambiental cuando se controla este punto. Recuperar una máquina y provocar después una fuga de refrigerante podría anular buena parte del beneficio climático buscado.

Los primeros resultados son bastante prometedores
Durante las primeras pruebas, el sistema consiguió expulsar aire aproximadamente entre 9,4 y 12,2 °C.
La diferencia entre el aire de entrada y salida llegó aproximadamente a 14,7 °C, mientras que el agua circulaba por el intercambiador a unos 12,5 litros por minuto.
En el circuito enterrado, la diferencia de temperatura entre la entrada y la salida permanecía relativamente contenida, aproximadamente entre 1,7 y 2,8 °C.
Es una señal interesante: el terreno estaba absorbiendo el calor transferido por el sistema.
Ahora bien, estos números no permiten calcular por sí solos la eficiencia energética global.
Faltan mediciones fundamentales: consumo eléctrico del compresor, bomba de circulación, energía térmica realmente evacuada y evolución de las temperaturas durante periodos prolongados.
Sin esos datos no puede afirmarse que esta máquina casera tenga un COP determinado ni que resulte más eficiente que un aire acondicionado moderno.

El subsuelo tiene una ventaja difícil de conseguir con el aire
El principio que hace atractivas a las bombas de calor geotérmicas comerciales es bastante simple.
Mientras que la temperatura exterior puede variar enormemente entre el día y la noche o entre verano e invierno, el terreno situado a suficiente profundidad mantiene unas condiciones mucho más estables.
En verano funciona como un sumidero relativamente fresco al que enviar el calor de la vivienda. En invierno puede producirse el proceso inverso: aprovechar energía térmica del terreno para introducirla en el edificio.
Esto reduce uno de los problemas de las bombas de calor aerotérmicas: precisamente cuando más refrigeración o calefacción hace falta, las condiciones exteriores suelen ser menos favorables para la máquina.
Una instalación geotérmica correctamente diseñada trabaja contra un foco térmico mucho más estable.
Una bomba de calor hecha con piezas que ya existían
Quizá la parte más interesante del experimento no esté en la geotermia.
Está en la reutilización.
El aparato de aire acondicionado ya existía. Parte del metal empleado en la modificación también procede de material recuperado. El sistema de control tampoco responde a una solución comercial nueva.
Incluso la automatización tiene un punto deliciosamente excesivo: se utiliza un PLC industrial y un actuador lineal para accionar físicamente el botón del aire acondicionado cuando el termostato solicita refrigeración.
No ganará ningún premio al diseño minimalista. Cumple su función.
Este tipo de reutilización plantea una cuestión interesante dentro de la economía circular: determinados aparatos considerados residuos contienen compresores, motores, intercambiadores, fuentes de alimentación y sistemas electrónicos perfectamente aprovechables.
El problema suele ser que los productos no han sido diseñados pensando en una segunda vida.
Hay un problema que no conviene ignorar: el refrigerante
La reutilización de equipos antiguos plantea una cuestión delicada.
Europa está reduciendo progresivamente el uso de gases fluorados de elevado potencial de calentamiento global en climatización y bombas de calor. La normativa comunitaria vigente establece restricciones crecientes y favorece alternativas de menor impacto climático.
Entre ellas aparecen refrigerantes como R-290 (propano) y R-744 (CO₂), aunque cada uno exige diseños y medidas de seguridad específicos.
Por eso un proyecto DIY de este tipo no debería interpretarse como una invitación a abrir, recargar o modificar circuitos frigoríficos domésticos.
Una cosa es reutilizar mecánicamente un sistema sellado. Otra muy distinta, manipular refrigerantes sin los equipos y conocimientos adecuados.
Un experimento, no una alternativa lista para instalar
La parte más importante para interpretar correctamente el proyecto es esta: todavía no se sabe cómo se comportará durante una temporada completa.
El propio experimento debe demostrar si el terreno es capaz de absorber continuamente el calor de la vivienda sin aumentar demasiado su temperatura.
Ese fenómeno es fundamental.
Durante horas o días puede obtenerse un buen rendimiento. Si el intercambiador enterrado está infradimensionado, el suelo próximo a las tuberías irá calentándose y la diferencia térmica disponible disminuirá. El compresor tendrá entonces que trabajar en condiciones cada vez menos favorables.
También quedan cuestiones mecánicas.
Cambiar la orientación del condensador original puede modificar el retorno del aceite hacia el compresor. El depósito metálico artesanal puede sufrir corrosión. Hay que evitar fugas de agua y controlar la formación de aire dentro del circuito hidráulico.
Son detalles poco vistosos. También son los que separan una demostración ingeniosa de una instalación capaz de funcionar durante años.
La geotermia comercial juega en otra liga
Una bomba de calor geotérmica comercial parte del mismo principio físico, aunque todo el conjunto está diseñado específicamente para esa función.
Los intercambiadores, compresores, bombas, electrónica y captadores enterrados se dimensionan conjuntamente. La instalación puede utilizar circuitos horizontales, perforaciones verticales o configuraciones hidráulicas adaptadas al terreno.
El proyecto de Craftsman Chris hace justo lo contrario: parte de componentes disponibles y los obliga a desempeñar una función para la que originalmente no fueron diseñados.
Ahí reside buena parte de su interés.
No pretende demostrar que cualquier persona pueda construir una climatización geotérmica con un aire acondicionado encontrado en la calle. Demuestra algo más útil: muchos de los principios tecnológicos asociados a sistemas aparentemente sofisticados pueden experimentarse mediante reutilización, reparación y bastante ingeniería doméstica.

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