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Copenhague adapta su infraestructura para absorber inundaciones: avanza en su ambicioso plan «ciudad esponja» que ya reduce el riesgo hasta un 50%

25 noviembre, 2025 Deja un comentario

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Copenhague avanza en su ambicioso plan «ciudad esponja» con túneles, parques y techos verdes para resistir tormentas del siglo.

  • Ciudad más húmeda, lluvias más intensas.
  • Copenhague convertida en ciudad esponja.
  • Infraestructura verde y gris combinada.
  • Adaptación climática a 100 años vista.
  • Impacto real en barrios, parques y calidad de vida.
  • Retos: contaminación, costes, complejidad técnica.
  • Oportunidades: más biodiversidad, menos calor, más resiliencia.

‘Sponge City’: Copenhagen

El episodio de 2011 dejó claro algo que la ciudad ya intuía: su sistema de drenaje tradicional no estaba preparado para un clima más extremo. La respuesta fue rápida y bastante valiente. Copenhague decidió transformar calles, plazas y parques en un enorme sistema urbano capaz de absorber, retener y redirigir el agua sin colapsar. Y, de paso, crear espacios más verdes y habitables. Lo que antes se pensaba solo como una obra de ingeniería ahora se entiende como un proyecto de ciudad.

Tras la inundación, el Ayuntamiento reunió a equipos técnicos y a la ciudadanía. Una conversación abierta, intensa. La idea de una ciudad esponja cuajó porque era realista: aprovechar la propia geografía, sumar soluciones basadas en la naturaleza y reforzar la infraestructura subterránea cuando fuera necesario. El objetivo, protegerse de lluvias torrenciales, mareas más altas y temporales más frecuentes durante el próximo siglo.

El modelo de Copenhague ha despertado interés fuera de Europa. No se trata solo de copiar técnicas, sino de entender una filosofía de diseño urbano que elige trabajar con el agua, no contra ella.

Ciencia, predicciones y decisiones urgentes

Los estudios climáticos son claros. Para latitudes altas como Dinamarca, las lluvias extremas serán más intensas y habituales. Según proyecciones regionales, el país puede experimentar hasta 55 por ciento más de precipitación invernal en 2100, con episodios muy concentrados. Además, los mares que rodean Dinamarca podrían elevarse hasta 1,2 metros, lo que pondría presión sobre barrios costeros y sistemas de alcantarillado.

Este contexto explica por qué la ciudad apostó por intervenir ya, no en veinte años. Planificadores como Christian Nyerup Nielsen insisten en que la adaptación se diseña con horizonte de cien años. Y tiene sentido: cada cambio en calles, redes de servicios o zonas verdes condiciona el resto del sistema.

El Plan de Gestión de Nubes de Tormenta

Un año después del desastre, en 2012, llegó el Cloudburst Management Plan, una guía urbana que reorganiza la relación entre espacios públicos y agua. Su propuesta mezcla intervenciones visibles, como bioswales, parques esponja, cubiertas verdes, pavimentos permeables, y soluciones subterráneas, como túneles, bombas y depósitos de gran capacidad.

Lo interesante del plan es que no se creó como un catálogo de obras, sino como una visión de ciudad. Cada proyecto debía responder a varios objetivos: gestión del agua, mejora ambiental, valor social y viabilidad técnica. Eso explica por qué algunos espacios se convirtieron en zonas multifuncionales que la gente usa a diario, incluso cuando no llueve.

Infraestructura azul-verde: naturaleza que protege

Los elementos azul-verde aportan más que drenaje. Recuperar riachuelos enterrados, ampliar lagos urbanos o crear humedales permite que el agua se infiltre, filtre y retorne al ciclo hidrológico sin saturar la red. Además, suman biodiversidad, sombra y refresco urbano en veranos cada vez más cálidos en el norte de Europa.

Cubiertas y fachadas verdes ayudan también a mejorar la calidad del aire. Detalle importante: estas superficies se han ido integrando en nuevos edificios públicos y colegios, y en la renovación de barrios como Østerbro o Valby. Cuando la normativa local exige permeabilidad mínima en proyectos de rehabilitación, el cambio se vuelve estructural.

Infraestructura gris: capacidad donde no llega la naturaleza

Las soluciones grises siguen siendo imprescindibles para eventos extremos. Los túneles de hasta 3 metros de diámetro, diseñados para conducir grandes volúmenes, actúan como autopistas de agua. Algunos pueden almacenar tormentas completas y liberar el agua después hacia la bahía o plantas de tratamiento.

En Europa, ciudades como Rotterdam han hecho algo parecido, pero Copenhague apuesta por un uso dual: canalizar, sí, pero también almacenar agua para sequías. Una idea que gana relevancia en un continente que enfrenta temporadas de estrés hídrico cada vez más intensas.

Proyectos emblemáticos

Karen Blixens Square

Una plaza que es plaza, pero también depósito. Ondulaciones, jardines, áreas para bicicletas y zonas de encuentro que, con lluvia fuerte, se llenan como pequeños lagos temporales. El diseño mezcla estética y funcionalidad, algo que la ciudad ve como condición indispensable para que la ciudadanía acepte estas transformaciones.

Enghave Park

Un parque hundido para almacenar casi 22.700 metros cúbicos de agua bajo su superficie. Caminos, muros y zonas de juego funcionan como colectores discretos que redirigen la escorrentía hacia el gran depósito subterráneo. En días tranquilos, el parque es simplemente un espacio amplio y verde. En lluvias fuertes, un escudo para los barrios cercanos.

Desafíos que siguen presentes

El plan avanza, pero el camino no está libre de problemas. La interacción entre infraestructuras antiguas y nuevas complica algunas obras. Reperfilar calles, por ejemplo, parecía sencillo hasta que aparecieron redes de agua y energía imposibles de mover sin grandes costes.

Además, la calidad del agua es un punto delicado. La presencia de microplásticos y sustancias perfluoroalquiladas (PFAS) forzó a revisar qué volúmenes pueden verterse directamente al puerto. La normativa europea se actualiza con rapidez, y las ciudades deben ajustar sus estrategias sin frenar el ritmo.

Otro reto: los costes. La construcción de túneles subterráneos es cara, y aunque la ciudad financia parte mediante tarifas de agua, queda mucho por invertir hasta completar el sistema.

Sequías: el otro extremo del clima

Aunque Copenhague piensa sobre todo en inundaciones, la sequía se ha convertido en un problema real en el norte de Europa. Veranos secos, índices de humedad del suelo muy bajos, vegetación estresada. La ciudad esponja actúa como amortiguador: infiltra más agua, reduce evaporación en zonas verdes grandes y guarda reservas en túneles que, en circunstancias excepcionales, pueden usarse para riego o mantenimiento.

Un sistema pensado para proteger de la lluvia acaba ayudando a conservar agua. Esa dualidad es una de sus mayores ventajas.

Qué impacto puede tener

El enfoque de ciudad esponja reduce presión sobre ríos y mares, porque evita que millones de metros cúbicos lleguen de golpe a los ecosistemas costeros. También disminuye la erosión urbana y mejora la calidad del agua al filtrarla a través de vegetación y suelos restaurados.

Las superficies permeables permiten que la biodiversidad urbana recupere terreno. Insectos, aves y pequeños mamíferos encuentran refugio en jardines de retención, humedales y bordes vegetados. A esto se suma la reducción de las islas de calor, un beneficio enorme en veranos que ya superan los 30 grados en el sur de Escandinavia más a menudo de lo que la región recuerda.

Incluso en términos de emisiones, estos proyectos ayudan de forma indirecta. Más vegetación implica más captura de CO₂, y la reducción del uso de bombeos intensivos disminuye el consumo energético del sistema de drenaje.

Más información: www.nature.com – harvard.edu

Imágenes: stateofgreen.com

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Publicado en: Arquitectura sostenible

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