
Sistema en Høje Taastrup almacena calor a 90 °C en grandes depósitos subterráneos y optimiza el uso de energía renovable.
- Exceso de energía renovable.
- Almacenamiento térmico a gran escala.
- Depósitos de 70.000 m³.
- Agua a 80–90 °C.
- Integración con redes urbanas de calor.
- Electricidad barata → calor almacenado.
- Uso posterior cuando sube el precio.
- Flexibilidad energética real.
- Tecnología madura, poco conocida.
Así almacena Dinamarca la energía sobrante en enormes “baterías” de agua caliente
Dinamarca lleva años afinando una idea sencilla, casi intuitiva: guardar calor cuando sobra energía y utilizarlo cuando más se necesita. Lo hace a gran escala, con sistemas que funcionan como una especie de batería térmica gigante basada en agua caliente.
En Høje Taastrup, al noreste de Copenhague, uno de estos sistemas almacena hasta 70.000 m³ de agua caliente, con una capacidad aproximada de 3.300 MWh. No depende de una única fuente de calor. Se conecta a la red de calefacción urbana y absorbe el excedente energético disponible en cada momento, venga de donde venga.

Un sistema flexible que conecta energía y consumo
La clave está en la desconexión temporal entre producción y demanda. Cuando la electricidad procedente de energías renovables —especialmente eólica y solar— es abundante y barata, se utiliza para generar calor mediante bombas de calor o calderas eléctricas. Ese calor se almacena.
Horas o días después, cuando la electricidad es más cara o la demanda térmica aumenta, el sistema libera esa energía almacenada. Así se evita recurrir a fuentes más contaminantes o costosas.
Este enfoque forma parte de lo que se conoce como sector coupling o acoplamiento de sectores, una estrategia clave en la transición energética europea. La electricidad, el calor y, en algunos casos, el transporte empiezan a funcionar como un sistema interconectado, no como compartimentos aislados.
No es teoría. Funciona ya.

Más ciclos, más eficiencia
Tradicionalmente, estos sistemas se usaban para almacenamiento estacional: acumular calor en verano para usarlo en invierno. Pero el modelo danés ha evolucionado.
En Høje Taastrup, el sistema realiza hasta 30 ciclos de carga y descarga al año, lo que multiplica su utilidad. Cuantos más ciclos, más rentable resulta la instalación. Y además ocurre algo interesante: las pérdidas térmicas se reducen, porque el calor no permanece almacenado durante largos periodos.
Se convierte en un sistema dinámico, casi en tiempo real.

El reto técnico: conservar el calor
Uno de los puntos críticos es el “techo” del almacenamiento. No es un simple cierre. Es un sistema técnico complejo diseñado para minimizar pérdidas.
Este recubrimiento actúa como aislamiento térmico avanzado, permitiendo la salida de vapor mientras evita la entrada de agua de lluvia o nieve. Está dividido en secciones y cuenta con sistemas de drenaje que garantizan su durabilidad.
Pequeños detalles de ingeniería que marcan la diferencia. Sin ellos, la eficiencia se desploma.
Energía barata convertida en calor útil
El sistema tiene un comportamiento casi estratégico: compra energía cuando es barata, la transforma y la guarda. Y después la “vende” en forma de calor cuando más valor tiene.
En un contexto donde la producción renovable es cada vez más variable, este tipo de soluciones aporta algo esencial: estabilidad.
Además, abre la puerta a integrar otras fuentes como:
- Calor residual industrial.
- Energía solar térmica.
- Excedentes eléctricos renovables.
Todo acaba en el mismo “depósito energético”.
Doble uso del espacio: una idea que gana fuerza
Uno de los desarrollos más interesantes que se están estudiando es la instalación de paneles solares sobre la cubierta del depósito.
Esto permitiría aprovechar el mismo terreno para dos funciones:
- Generación de electricidad
- Almacenamiento térmico
Una optimización del suelo que empieza a ser clave en entornos urbanos o periurbanos, donde el espacio es limitado. Cada metro cuenta.
¿Por qué Dinamarca va por delante?
El contexto importa. Dinamarca cuenta con una fuerte tradición en redes de calefacción urbana y un marco político muy favorable.
El acceso a financiación pública con intereses extremadamente bajos —en algunos casos por debajo del 1 %— ha permitido desplegar estas soluciones sin grandes barreras económicas. Además, muchas redes son propiedad municipal o cooperativa, lo que facilita decisiones a largo plazo.
No todo es tecnología. También es gobernanza.
¿Y en otros países?
Estudios realizados en países como Suecia indican que más de 200 ciudades tienen condiciones geológicas adecuadas para implementar este tipo de almacenamiento térmico.
El principal límite no es técnico. Es de escala. Estos sistemas requieren un cierto tamaño para ser rentables. En redes pequeñas, otras soluciones como depósitos acumuladores convencionales pueden ser más adecuadas.
Aun así, el potencial está ahí. Esperando.
Potencial
Este tipo de almacenamiento térmico no pretende revolucionar el sistema energético de un día para otro. Va más por otro camino. Más silencioso. Más práctico.
Su potencial está en:
- Reducir el desperdicio de energía renovable, especialmente en sistemas con alta penetración eólica y solar.
- Estabilizar precios energéticos, evitando picos bruscos en momentos de alta demanda.
- Descarbonizar la calefacción urbana, uno de los sectores más difíciles de electrificar directamente.
- Integrar calor residual industrial, cerrando ciclos energéticos que hoy siguen abiertos.
- Optimizar infraestructuras existentes, sin necesidad de grandes cambios en el comportamiento del usuario.
Y hay algo más. Este tipo de soluciones no requieren materiales raros ni tecnologías complejas. Agua, tierra, aislamiento… y buena ingeniería.
A veces, las soluciones más eficaces no son las más sofisticadas. Son las que encajan bien con el sistema. Y funcionan.



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