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Disparan un láser contra plástico PET y cada pulso genera unos 10 billones de nanodiamantes ultrapuros

18 septiembre, 2026 2 comentarios

4.3/5 - (80 votos)
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Investigadores del Helmholtz-Zentrum Dresden-Rossendorf y la Universidad de Rostock disparan pulsos láser de alta energía contra una película de PET de apenas 100 micrómetros. La onda de choque comprime brutalmente el carbono del plástico y forma nanodiamantes.

  • 💎 Nanodiamantes de unos 3 nanómetros.
  • ♻️ PET como fuente de carbono.
  • ⚡ Pulsos láser y presiones cercanas a 100 GPa.
  • 🚀 Partículas expulsadas a más de 10 km/s.
  • 🔬 Unos 3.000 átomos de carbono por nanodiamante.
  • 🧪 Producción todavía experimental, de apenas microgramos.

¿Por qué importa?

Convertir un plástico corriente en un material avanzado resulta llamativo. Pero lo verdaderamente interesante no es fabricar «diamantes a partir de basura», una simplificación que puede llevar a engaño.

El avance está en conseguir nanodiamantes extremadamente pequeños, bastante uniformes y de elevada pureza, características difíciles de controlar mediante algunos métodos tradicionales de fabricación.

Investigadores del Helmholtz-Zentrum Dresden-Rossendorf (HZDR) y la Universidad de Rostock, en Alemania, han demostrado que los nanodiamantes creados sometiendo PET a enormes presiones mediante láser pueden recuperarse después del experimento y conservarse en condiciones normales.

Ahí está el salto respecto a los trabajos anteriores.

De simular el interior de un planeta a fabricar nuevos materiales

La historia empezó lejos del reciclaje.

El equipo utilizaba láseres de alta potencia para estudiar qué podría ocurrir dentro de gigantes helados como Urano y Neptuno. En su interior existen temperaturas de miles de grados y presiones enormes, condiciones capaces de reorganizar los átomos de carbono y formar diamantes.

Para reproducir parte de ese entorno durante un instante, los investigadores dispararon pulsos láser contra películas de plástico.

Y aparecieron nanodiamantes.

La formación ya se había observado anteriormente. La cuestión pendiente era bastante práctica: ¿podían recuperarse esos diamantes después del brutal proceso de compresión y conservarse a temperatura y presión normales?

La respuesta experimental ha sido afirmativa.

Una película de PET de solo 100 micrómetros

Los experimentos se realizaron en la estación L4n-P3 de ELI Beamlines, cerca de Praga.

El material utilizado fue una película de PET de unos 100 µm de espesor, aproximadamente 0,1 mm. Un láser de alta potencia dispara sobre ella a un ritmo de tres pulsos por minuto.

Cada impacto genera una onda de choque que comprime el material hasta presiones cercanas a 100 GPa.

Para poner la cifra en perspectiva, equivale aproximadamente a un millón de veces la presión atmosférica al nivel del mar.

Durante ese brevísimo episodio, los átomos de carbono se reorganizan y aparecen estructuras cristalinas de diamante.

No hace falta esperar años ni excavar una mina. La transformación ocurre dentro de la propia onda de choque.

El problema inesperado: atraparlos

Fabricar los nanodiamantes era únicamente una parte del desafío.

Cuando la onda de compresión alcanza el extremo de la película y entra en el vacío, las diminutas partículas salen despedidas a más de 10 km/s, es decir, más de 36.000 km/h.

A esa velocidad, recogerlas contra una superficie rígida probablemente las destruiría.

Los investigadores tuvieron que diseñar una especie de zona de aterrizaje microscópica. Utilizaron para ello un gel iónico blando, soluble en agua y compatible con el vacío, colocado dentro del recipiente de recogida.

El material amortigua el impacto. Después puede retirarse y permite recuperar y purificar las partículas.

Una solución relativamente sencilla para un problema nada sencillo.

Unos 10 billones de nanodiamantes en cada disparo

Cada pulso puede producir aproximadamente 10 billones de nanodiamantes de dimensiones muy similares.

La cifra impresiona hasta que se considera su tamaño.

Cada partícula tiene un diámetro medio de alrededor de 3 nm, o 0,000003 mm, y contiene aproximadamente 3.000 átomos de carbono.

Por eso, billones de partículas siguen representando poquísima materia.

Los investigadores necesitaron alrededor de 100 disparos para reunir unos cientos de microgramos, cantidad suficiente para separar el material y estudiarlo mediante microscopía electrónica.

La observación permitió confirmar directamente la existencia y características de los nanodiamantes recuperados.

¿Qué tiene esto que ver con los residuos plásticos?

Aquí conviene poner límites a la interpretación.

El experimento utiliza PET como materia prima rica en carbono, pero el estudio no demuestra todavía una tecnología destinada a procesar grandes cantidades de botellas usadas.

No es, por ahora, una planta de reciclaje.

Aun así, plantea una posibilidad interesante desde la perspectiva de la valorización de materiales: utilizar determinados polímeros como precursores para fabricar productos muchísimo más especializados.

En una economía circular avanzada, no todo residuo tendría necesariamente que regresar al mismo producto del que procede. Algunas corrientes podrían convertirse en moléculas, combustibles o materiales de mayor valor cuando el balance energético, económico y ambiental lo justificase.

El PET resulta especialmente interesante porque contiene carbono, hidrógeno y oxígeno, una composición que ya había permitido al mismo campo de investigación estudiar la formación de diamantes bajo condiciones planetarias extremas.

Más pequeños y controlados que con métodos explosivos

Los nanodiamantes no son una curiosidad de laboratorio.

Ya se emplean en pulido y abrasivos, mientras que otras aplicaciones investigadas abarcan sensores, medicina, electrónica, materiales avanzados y catálisis.

Uno de los procedimientos tradicionales para fabricarlos utiliza detonaciones de explosivos ricos en carbono dentro de cámaras cerradas. El material resultante necesita posteriormente procesos de separación y purificación.

La compresión mediante láser ofrece otra vía.

Su principal atractivo, según los investigadores, es el control sobre el tamaño y la pureza. Las partículas recuperadas presentan alrededor de 3 nm y una distribución de tamaños estrecha.

Para aplicaciones de alta precisión, esa homogeneidad puede resultar más importante que fabricar enormes cantidades.

Nanodiamantes diseñados para una función concreta

Otra posibilidad especialmente interesante consiste en introducir otros elementos en la estructura del diamante.

Este dopaje permite modificar sus propiedades.

En materiales cuánticos, por ejemplo, determinados defectos de la red cristalina del diamante pueden responder a campos magnéticos, temperatura u otras variables del entorno. Eso abre vías para fabricar sensores extraordinariamente sensibles.

El equipo también apunta hacia aplicaciones médicas, incluidos futuros agentes de contraste, aunque estas posibilidades necesitan mucho más desarrollo antes de pensar en un uso clínico.

Hay otro terreno con implicaciones ambientales directas: la catálisis.

Las partículas extremadamente pequeñas ofrecen una gran superficie respecto a su volumen. Los investigadores señalan como posible aplicación futura procesos catalíticos relacionados con la conversión de CO₂ utilizando luz solar.

No significa que estos nanodiamantes estén ya capturando CO₂ a escala práctica. Es una línea potencial de aplicación.

El cuello de botella está en producir masa

Hay billones de partículas. Falta masa.

Los aproximadamente 100 disparos utilizados en la investigación permitieron recuperar únicamente unos cientos de microgramos.

El siguiente objetivo es llegar al rango de los miligramos.

Puede parecer un salto modesto, pero sirve para estudiar si el procedimiento mantiene la uniformidad de las partículas cuando aumenta la producción.

Aquí aparece además una tecnología que inicialmente parece ajena al problema: la fusión nuclear mediante láser.

El desarrollo de instalaciones de fusión está impulsando láseres de alta energía capaces de funcionar con frecuencias de repetición cada vez mayores y con mejor eficiencia energética. Esos avances podrían beneficiar indirectamente a procesos de fabricación mediante ondas de choque.

Más pulsos por segundo significarían más material producido.

La pregunta es cuánto más y a qué coste.

El siguiente objetivo podría ser todavía más extraño que el diamante

El grupo ya mira más allá.

Los investigadores quieren intentar fabricar BC8, una estructura de carbono predicha teóricamente que sería más densa que el diamante, con una dureza comparable y potencialmente menos frágil.

Las condiciones necesarias para formarla no existen de manera natural en la superficie terrestre.

Un láser, en cambio, puede crearlas durante fracciones diminutas de tiempo.

El equipo tiene previsto realizar un primer experimento específico para producir BC8 mediante presiones todavía mayores.

Es una consecuencia interesante de esta investigación: el plástico deja de ser únicamente el objeto del experimento. Se convierte en materia prima para explorar formas de carbono difíciles o imposibles de fabricar mediante procesos convencionales.

Potencial

El mayor potencial ambiental probablemente no esté en convertir grandes montañas de residuos plásticos en diamantes.

Para eso existen rutas de reciclaje capaces de manejar volúmenes muchísimo mayores.

La oportunidad podría estar en otra parte: extraer mucho más valor de cantidades pequeñas de material.

Si la tecnología consigue aumentar su rendimiento y los láseres reducen sustancialmente su consumo energético, determinadas corrientes de PET podrían servir como precursor para nanomateriales destinados a sensores, medicina, catálisis o electrónica.

También podría desarrollarse una fabricación mucho más precisa: producir partículas con tamaño, composición y dopaje adaptados a una función concreta.

El escenario más razonable sería, por tanto, complementario. Reciclaje mecánico para las corrientes que pueden volver eficazmente a convertirse en plástico; reciclaje químico cuando resulte conveniente recuperar moléculas; y procesos de valorización avanzada para fabricar materiales de elevado valor añadido.

Cada residuo en la ruta que tenga más sentido.

Y ahí sí aparece una idea potente: dejar de considerar determinados plásticos únicamente como basura y empezar a tratarlos como reservas de carbono que todavía pueden tener utilidad.

Ficha técnica

Cómo funciona

Un pulso láser de alta potencia impacta contra una película delgada de PET y genera una onda de choque. La presión extrema reorganiza parte del carbono del polímero formando nanodiamantes. Las partículas salen despedidas al vacío y son frenadas mediante un gel iónico blando. Después se extraen, purifican y caracterizan mediante microscopía electrónica.

En cifras

  • ≈3 nm: diámetro medio de los nanodiamantes.
  • ≈3.000 átomos: carbono contenido aproximadamente en cada partícula.
  • ≈100 GPa: presión alcanzada durante la compresión.
  • >10 km/s: velocidad de expulsión de los nanodiamantes.
  • ≈10 billones: partículas producidas aproximadamente por disparo.
  • ≈100 disparos: necesarios para recuperar unos cientos de microgramos en el experimento.

Qué tiene de diferente

La compresión láser permite producir nanodiamantes extremadamente pequeños, de elevada pureza y con una distribución de tamaños estrecha. Además, el uso de polímeros como precursores facilita explorar la incorporación de otros átomos para modificar las propiedades del material.

Comparación directa con la tecnología convencional

La síntesis por detonación utiliza explosivos ricos en carbono sometidos a elevadas temperaturas y presiones y posteriormente requiere recuperar y purificar las nanopartículas obtenidas.

El nuevo procedimiento sustituye la detonación por ondas de choque generadas mediante láser, ofreciendo mayor capacidad experimental para controlar las condiciones de formación.

Su inconveniente actual es evidente: la cantidad recuperada sigue siendo extremadamente pequeña y necesita equipamiento láser de alta energía.

Limitaciones

La producción continúa en escala de microgramos a miligramos.

No existe todavía producción industrial demostrada mediante este método.

No se ha publicado un análisis de ciclo de vida que permita afirmar que su impacto climático sea inferior al de los procesos convencionales.

La elevada demanda energética y el coste de las instalaciones láser pueden convertirse en obstáculos importantes.

Tampoco se ha demostrado que residuos PET posconsumo mezclados, contaminados o con diferentes aditivos puedan introducirse directamente en el proceso manteniendo la calidad obtenida con las películas utilizadas en laboratorio.

Las aplicaciones médicas, cuánticas y catalíticas mencionadas constituyen campos potenciales de utilización, no productos comerciales derivados ya de este procedimiento.

En qué fase se encuentra

Laboratorio / demostración experimental.

El equipo ha demostrado la formación, recuperación, purificación y caracterización de los nanodiamantes. Los próximos trabajos pretenden elevar la cantidad producida hasta el rango de miligramos.

Quién está detrás

El trabajo está desarrollado principalmente por investigadores del Helmholtz-Zentrum Dresden-Rossendorf (HZDR) y la Universidad de Rostock, en Alemania.

Los experimentos de alta energía se realizaron en ELI Beamlines, instalación científica situada al sur de Praga, República Checa.

Entre los investigadores principales figuran Ben Heuser y Dominik Kraus, este último director fundador del HEDI Institute of High Energy Density Physics del HZDR y profesor de la Universidad de Rostock.

Fuente de los datos

Estudio experimental revisado por pares:

Recovery of ultrasmall nanodiamonds from plastics shock-compressed to pressures around 100 GPa, publicado en Diamond and Related Materials en 2026.

DOI: 10.1016/j.diamond.2026.114091.

Los detalles adicionales sobre el experimento, aplicaciones previstas y próximos pasos proceden del Helmholtz-Zentrum Dresden-Rossendorf y de la Universidad de Rostock.

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Publicado en: Tecnología verde

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Comentarios

  1. Aivan dice

    19 septiembre, 2026 a las 20:21

    es sencillo con una capabde maizena y listo mis cientificos de nada ! mis

    Responder
  2. Ruben Aguirre dice

    20 septiembre, 2026 a las 18:11

    Ya me veía millonario vendiendo nanodiamantes brillantes, hasta que leí que miden millonésimas de milímetro y sirven para chips, no para anillos de compromiso. Igual, si pagan bien por tonelada de PET transformado, avisen que empiezo a acopiar botellas en el patio hoy mismo.
    Si la industria logra escalar este proceso a costos comerciales, el negocio del PET va a dejar de ser ‘juntar cartón y plástico’ para convertirse en la nueva minería tecnológica. Una genialidad que un residuo tan problemático sea la clave para hacernos ricos en innovación.

    Responder

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