
La instalación de 6 MWp ya vierte a la red municipal; faltan potencia ac, generación observada, coste, tarifa y mediciones de evaporación y calidad del agua.
- ☀️ 6 MW de potencia fotovoltaica flotante.
- 🌊 9.222 paneles sobre tres islas.
- 🌾 12,14 hectáreas agrícolas liberadas de ocupación.
- 💧 4,86 hectáreas de embalse utilizadas.
- 🏘️ Municipio de apenas 1.300 habitantes.
- ⚡ Conexión directa a la red eléctrica local.
- 🇺🇸 Mayor instalación solar flotante de Ohio.
La expansión de la energía solar tiene un problema que aparece con más frecuencia a medida que crecen los proyectos: necesita espacio. Y cuando una planta fotovoltaica compite con agricultura, conservación de la naturaleza o desarrollo urbano, encontrar ese espacio deja de ser una cuestión puramente energética.
Monroeville, una pequeña localidad estadounidense de unos 1.300 habitantes, ha buscado otra superficie: el agua que ya posee el propio municipio.
Sobre su embalse acaba de entrar en funcionamiento una planta fotovoltaica flotante de 6 MW, la mayor de Ohio y una de las mayores de Estados Unidos. En lugar de dedicar nuevas hectáreas de terreno a producir electricidad, el municipio ha conseguido que una infraestructura destinada al almacenamiento de agua cumpla ahora una segunda función.

9.222 paneles solares sobre el embalse municipal
La nueva instalación está formada por 9.222 módulos fotovoltaicos distribuidos en tres grandes islas flotantes. En conjunto ocupan alrededor de 4,86 hectáreas de superficie acuática.
No se trata de una pequeña demostración tecnológica. La planta ya está energizada y alimenta la red de distribución de Monroeville.
El dato que explica buena parte del interés del proyecto aparece cuando se compara con una instalación convencional. Según D3Energy, desarrollar esos mismos 6 MW sobre terreno habría requerido unas 12,14 hectáreas en el condado de Huron.
En una región agrícola, esa diferencia pesa.
La fotovoltaica flotante no elimina la necesidad de espacio, claro. Lo cambia de sitio. Utiliza una superficie que ya existe y que, cuando las condiciones ambientales y técnicas lo permiten, puede compatibilizar almacenamiento de agua y producción eléctrica.

Un pueblo pequeño con 10 MW de energía solar
Monroeville no empieza de cero.
Desde 2017 dispone de otra planta fotovoltaica terrestre de 4 MW. Sumando aquella instalación y los nuevos 6 MW flotantes, el municipio alcanza aproximadamente 10 MW de potencia solar.
La escala llama la atención teniendo en cuenta que apenas viven allí unas 1.300 personas. Según D3Energy, el municipio dispone de alrededor de 13 veces más potencia solar por habitante que el conjunto de Ohio.
Hay otra diferencia importante. Esta vez no ha sido necesario buscar una gran parcela.
El embalse municipal estaba ahí.

Cuando el suelo agrícola deja de ser la única opción
La historia de Monroeville tiene un componente territorial especialmente interesante.
Ohio aprobó en 2021 una normativa que otorgó a los condados mayores competencias para limitar determinados grandes proyectos solares y eólicos. Desde entonces, alrededor de un tercio de los 88 condados del estado han establecido restricciones a instalaciones solares a gran escala, según los datos citados por el promotor.
Detrás de parte de ese debate aparece un conflicto conocido en muchas regiones del mundo: energía frente a territorio.
Una planta solar terrestre necesita espacio, caminos internos, separación entre filas y determinadas infraestructuras auxiliares. Cuando las parcelas afectadas son productivas, la discusión deja de girar únicamente alrededor de cuántos megavatios puede generar el proyecto.
Los embalses, balsas agrícolas, depósitos de abastecimiento y estanques industriales abren una vía distinta. No todos sirven, ni mucho menos. Pero existe una enorme cantidad de superficies artificiales cuya función principal puede convivir potencialmente con la generación fotovoltaica.

Cómo funciona una planta solar que literalmente flota
La electricidad sigue produciéndose mediante módulos fotovoltaicos convencionales. La gran diferencia está debajo.
En vez de instalarse sobre estructuras clavadas o cimentadas en el terreno, los módulos descansan sobre plataformas flotantes modulares. Estas plataformas forman grandes conjuntos que deben permanecer sujetos mediante sistemas de anclaje y amarre capaces de soportar viento, oleaje y variaciones del nivel del agua.
La corriente continua producida por los paneles se agrupa y posteriormente se convierte en corriente alterna mediante inversores antes de incorporarse a la infraestructura eléctrica.
En Monroeville, el resultado son tres grandes superficies solares que parecen pequeñas islas artificiales.
La ingeniería, sin embargo, es algo más complicada de lo que deja ver una fotografía aérea. Una planta flotante debe diseñarse teniendo en cuenta profundidad, geometría del embalse, oscilaciones del nivel, viento, oleaje, cargas sobre los amarres, corrosión, humedad y acceso para mantenimiento.
Ahí está buena parte de la diferencia respecto a colocar paneles sobre una parcela.

El agua puede ayudar también a los propios paneles
Existe otra ventaja potencial.
Los módulos fotovoltaicos pierden rendimiento a medida que aumenta su temperatura. Al situarlos sobre el agua, el entorno puede favorecer unas condiciones térmicas más moderadas que las de determinadas instalaciones terrestres.
El Banco Mundial ha señalado precisamente el efecto de refrigeración del agua como una de las razones por las que algunas plantas flotantes pueden obtener un rendimiento energético superior. No significa que cualquier parque flotante vaya automáticamente a producir más electricidad. Depende del diseño, el clima, la ventilación y numerosos factores locales.
También se investiga y aprovecha otro efecto: la reducción de la radiación solar que llega directamente al agua.
Una cobertura parcial puede disminuir la evaporación en determinadas condiciones. En embalses de abastecimiento o riego, producir electricidad y conservar agua al mismo tiempo resulta especialmente atractivo.
Ohio empieza a crear una pequeña red de solares flotantes
Monroeville tampoco es un proyecto completamente aislado.
D3Energy ya había desarrollado instalaciones flotantes en Delaware (Ohio) y en el embalse Twin Lakes de la ciudad de Lima. Con la entrada en servicio de Monroeville, el estado dispone de cerca de 10 MW de fotovoltaica flotante operativa, según la empresa.
Hay un patrón común: aprovechar masas de agua que ya pertenecen a los servicios o administraciones que alojan los proyectos.
Esto puede ser más importante que batir un récord estatal. Depuradoras, empresas de abastecimiento, comunidades de regantes, industrias y administraciones locales disponen de miles de depósitos, balsas y embalses artificiales que podrían analizarse antes de recurrir a suelo adicional.
No todos pasarán el examen técnico y ambiental. Pero la superficie potencial es enorme.
Un modelo económico sin necesidad de que el municipio sea propietario
La estructura empresarial del proyecto también merece atención.
D3Energy desarrolló la instalación junto a Gardner Capital, propietaria del sistema, mientras que la construcción contó con la empresa de Ohio Appalachian Renewable Power.
Gardner Capital vende la electricidad generada al municipio.
Es un esquema relevante para pequeñas administraciones porque permite separar la utilización de la energía de la propiedad directa de la planta. En proyectos de este tipo, los contratos de compraventa de electricidad pueden reducir la necesidad de que una entidad pública afronte por sí sola toda la inversión inicial.
Las limitaciones que también cuentan
La fotovoltaica flotante evita algunos problemas de la solar terrestre, pero introduce otros.
Los sistemas de anclaje tienen que adaptarse a las variaciones del nivel del agua. El acceso para mantenimiento resulta más complicado. Los equipos eléctricos trabajan permanentemente en un ambiente húmedo y las estructuras deben soportar durante décadas radiación ultravioleta, viento y movimientos continuos.
Además, no cualquier masa de agua es apropiada.
Un embalse sometido a fuertes fluctuaciones, hielo, oleaje intenso o usos recreativos puede requerir soluciones específicas que eleven considerablemente el coste. También deben estudiarse las consecuencias sobre la calidad del agua y los ecosistemas.
La tecnología tampoco resuelve la variabilidad propia de la energía solar. Los paneles producen cuando existe recurso solar, por lo que almacenamiento, gestión de la demanda, interconexión y otras fuentes de generación siguen formando parte del sistema eléctrico.
De tecnología emergente a infraestructura comercial
El proyecto de Ohio resulta interesante precisamente porque no es un prototipo.
Los 6 MW están energizados y conectados a la red local. Es infraestructura comercial en funcionamiento.
La fotovoltaica flotante lleva años creciendo en Asia, Europa y otras regiones, con proyectos instalados en embalses hidroeléctricos, depósitos de agua, antiguas canteras y balsas industriales. El siguiente paso tecnológico ya empieza a verse: seguidores solares flotantes, sistemas preparados para hielo, diseños verticales y soluciones capaces de adaptarse mejor a variaciones del nivel del agua.
El agua está dejando de considerarse simplemente una superficie donde colocar paneles. Poco a poco se está convirtiendo en una plataforma energética con ingeniería propia.
Potencial
El mayor valor de proyectos como Monroeville quizá no esté en sus 6 MW. Está en demostrar que la transición energética puede buscar superficies compatibles con actividades que ya existen.
Depósitos de agua potable, balsas de riego, estanques de depuradoras, embalses hidroeléctricos y lagos artificiales vinculados a antiguas explotaciones mineras ofrecen posibilidades especialmente interesantes.
En regiones agrícolas, esto permitiría desplegar generación renovable reduciendo conflictos por el uso del suelo. En sistemas de abastecimiento, parte de la electricidad podría consumirse cerca del lugar donde se necesita para bombeo y tratamiento. En centrales hidroeléctricas, la fotovoltaica puede compartir determinadas infraestructuras eléctricas y reservar agua durante las horas de sol.
No hace falta cubrir lagos enteros.
La lógica más razonable consiste en identificar superficies artificiales adecuadas, estudiar cada ecosistema, ocupar solamente la fracción necesaria y aprovechar infraestructuras existentes siempre que sea posible.
Monroeville ofrece precisamente ese ejemplo: un embalse municipal sigue almacenando agua mientras una parte de su superficie se convierte en una central eléctrica.
Vía D3 Energy

Deja una respuesta