
El mural incluye “The Land We Share”, una obra de Lance Cardinal que celebra las comunidades indígenas y chinas locales. Los paneles solares tienen colores personalizados sin perder eficiencia, demostrando que la energía renovable puede ser estética.
- Mural solar más grande del mundo.
- 267 kW de energía limpia.
- 150 toneladas de CO₂ menos al año.
- Fachada convertida en arte funcional.
- Ahorro de 80.000 dólares al año.
- Tecnología BIPV integrada al edificio.
- Proyecto con identidad cultural y visión ecológica.
En Edmonton, Canadá, un edificio de 12 pisos ha pasado de ser una estructura anodina de los años 70 a convertirse en un ícono urbano. El SunRise Building ostenta hoy el récord Guinness por tener el mural solar más grande del mundo, una obra que fusiona arte, innovación y energía renovable en más de 3.200 metros cuadrados de paneles solares integrados en su fachada.
Energía limpia que decora y transforma
Pero esto no es solo estética. Este mural genera 267 kilovatios de electricidad limpia, lo suficiente para cubrir una parte significativa del consumo energético del edificio, mientras evita la emisión de 150 toneladas de CO₂ cada año. Equivale, en la práctica, a sacar de circulación unos 32 automóviles de combustión interna.


El impacto es doble: medioambiental y económico. A partir del quinto año, los propietarios estiman un ahorro de alrededor de 80.000 dólares canadienses al año, cifra comparable al ingreso mensual de siete apartamentos adicionales. Es decir, el mural no solo produce energía, también genera valor económico concreto.
Reconversión con propósito
Frente a la posibilidad de demolición, el propietario del inmueble, Avenue Living, optó por una rehabilitación integral con criterios de sostenibilidad. La elección de la tecnología BIPV (fotovoltaica integrada en edificios) permitió reemplazar el revestimiento tradicional por paneles solares que generan electricidad, aíslan térmicamente y protegen de la intemperie.

En un clima extremo como el de Edmonton, esto no es un lujo: es eficiencia. La integración de barreras de humedad, aislamiento continuo y núcleos de aluminio tipo panal asegura que el edificio esté preparado para los inviernos largos y rigurosos del norte de Alberta, donde las temperaturas pueden caer por debajo de los –30 °C.
El arte como eje identitario
El corazón del proyecto es la obra The Land We Share, diseñada por el artista indígena Lance Cardinal, un homenaje visual de 26 metros de altura a las comunidades indígenas y chinas que forman parte del tejido histórico local.
Esta integración artística no es decorativa: es narrativa. El mural relata una historia colectiva sobre territorio, convivencia y raíces. Las demás fachadas del edificio siguen esta línea visual con paneles de colores intensos: grises, naranjas, verdes, azules y púrpuras. Cada tono tiene una intención, una voz dentro del mural colectivo.
Este enfoque ha hecho del SunRise Building un referente de arte público y sostenibilidad, donde la tecnología se pone al servicio del sentido de pertenencia.

Tecnología que se adapta a la ciudad
La clave del proyecto fue la flexibilidad de los paneles solares desarrollados por Mitrex. A diferencia de los típicos módulos negros de techo, sus paneles pueden adoptar cualquier color o diseño sin perder eficiencia. Esto permitió combinar generación eléctrica con expresión visual, sin comprometer el rendimiento energético.
Gracias a esta innovación, fue posible escalar el sistema original, de 60 kW a los actuales 267 kW, cumpliendo con los requisitos del programa gubernamental Deep Retrofit Accelerator Initiative, que exige al menos un 50 % de reducción de emisiones para optar a financiación.

Más que energía: clima y habitabilidad
Además de generar electricidad, los murales solares reducen el sobrecalentamiento urbano, protegen del sol directo y disminuyen la necesidad de climatización artificial. Su mantenimiento es sencillo: limpieza periódica y reemplazo puntual de módulos dañados. Con un buen cuidado, pueden durar más de 30 años sin perder eficiencia ni brillo.
Este tipo de intervención arquitectónica también tiene un valor educativo. Al estar en una superficie visible, no en un techo escondido, las soluciones sostenibles se vuelven parte del paisaje cotidiano. Generan conversación, conciencia, y cambian la percepción de lo que puede ser un edificio en el siglo XXI.



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