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Investigadores del MIT descubren cómo una inyección de CO2 hace que el cemento sea un 13% más resistente en solo 24 horas

12 junio, 2026 Deja un comentario

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Científicos del MIT descubren un gel transitorio que permite al cemento inyectado con CO₂ endurecerse más rápido y almacenar carbono de forma permanente.

  • 🏗️ Cemento con CO₂ incorporado.
  • 🌍 Almacenamiento permanente de carbono.
  • ⚗️ Nueva reacción química observada en tiempo real.
  • 🔬 Seguimiento durante 24 horas con láseres.
  • 📈 Hasta un 13 % más de resistencia inicial.
  • ♻️ Menor huella climática del hormigón.
  • 🧩 Descubrimiento de una fase intermedia invisible hasta ahora.
  • 🏢 Aplicaciones reales ya presentes en la industria.

El inesperado papel del CO₂ en la fabricación del cemento

Durante décadas, el dióxido de carbono ha sido considerado uno de los principales responsables del calentamiento global. Sin embargo, una nueva investigación liderada por el MIT demuestra que este gas también puede convertirse en una herramienta útil para transformar uno de los materiales más utilizados del planeta: el cemento.

Los investigadores han logrado observar por primera vez, y en tiempo real, qué ocurre exactamente cuando se inyecta CO₂ en una pasta de cemento fresca. Lo que descubrieron cambia la comprensión de un proceso que ya está llegando al mercado a través de distintas tecnologías de construcción con captura de carbono.

La sorpresa no fue únicamente que el material ganara resistencia más rápido. Lo verdaderamente relevante es que el CO₂ modifica completamente la forma en que se desarrolla la estructura interna del cemento durante sus primeras horas de vida.

Una reacción química que permanecía oculta

La fabricación de cemento genera aproximadamente entre el 7 % y el 8 % de las emisiones globales de dióxido de carbono. Gran parte de esas emisiones provienen de la producción de clínker, el componente principal del cemento.

Por ese motivo, numerosos investigadores llevan años explorando formas de introducir CO₂ capturado dentro del hormigón para almacenarlo de manera permanente. El problema era que nadie había logrado observar directamente las reacciones químicas que explicaban por qué este método mejoraba el rendimiento del material.

Gracias a la utilización de microscopía Raman confocal, una técnica capaz de identificar compuestos químicos mediante el análisis de la luz reflejada por un láser, el equipo pudo seguir minuto a minuto las transformaciones que ocurrían dentro del cemento.

Lo que apareció ante sus ojos fue una secuencia compleja y extremadamente rápida que hasta ahora permanecía invisible.

El CO₂ secuestra el calcio y cambia las reglas del juego

Nada más entrar en contacto con la mezcla, el dióxido de carbono comienza a reaccionar con el calcio liberado por el clínker.

Ese calcio queda atrapado en forma de carbonato cálcico, el mismo mineral presente en la piedra caliza o en las conchas marinas. Durante un breve periodo, esta captura altera el desarrollo normal del cemento.

La consecuencia es curiosa. Al faltar calcio disponible, los silicatos se dispersan por toda la mezcla y generan una red gelatinosa rica en sílice que no suele aparecer en el proceso convencional.

Esa estructura temporal, prácticamente imposible de detectar con las herramientas tradicionales, acaba convirtiéndose en la clave de todo el fenómeno.

El gel fantasma que fortalece el material

Los investigadores bautizaron esta fase transitoria como una especie de gel de sílice amorfo, una estructura efímera que desaparece pocas horas después de formarse.

Cuando el CO₂ ya se ha mineralizado completamente, el proceso de hidratación habitual del cemento vuelve a activarse. En ese momento, el calcio reaparece y entra en contacto con la red de sílice distribuida por toda la mezcla.

La reacción genera grandes cantidades de silicato cálcico hidratado (C-S-H), el compuesto responsable de la resistencia mecánica del cemento.

La diferencia es que este nuevo material aglutinante no se concentra alrededor de las partículas originales, como ocurre normalmente. Se distribuye de forma mucho más homogénea por toda la matriz.

El resultado es una estructura interna más uniforme, más compacta y con menos puntos débiles.

Un aumento de resistencia que interesa a la construcción

Los ensayos mostraron que las muestras que incorporaban apenas un 1 % de CO₂ respecto al peso del cemento alcanzaban una resistencia a compresión aproximadamente un 13 % superior después de las primeras 24 horas.

Aunque pueda parecer una mejora modesta, en el sector de la construcción supone una ventaja considerable.

Una mayor resistencia temprana permite acelerar procesos de fabricación de elementos prefabricados, reducir tiempos de curado y optimizar ciclos de producción. En industrias donde cada hora cuenta, estas mejoras pueden traducirse en importantes ahorros energéticos y económicos.

Además, una estructura más homogénea suele estar asociada a una mejor durabilidad a largo plazo, un aspecto fundamental para reducir el consumo futuro de materiales y recursos.

Del laboratorio a las obras reales

La investigación llega en un momento especialmente interesante para el sector.

Empresas especializadas en tecnologías de mineralización de carbono ya están comercializando hormigones capaces de incorporar CO₂ capturado procedente de instalaciones industriales. El gas queda transformado en minerales estables dentro del propio material, evitando que vuelva a la atmósfera.

En los últimos años también han surgido normativas y estrategias climáticas que impulsan el uso de materiales de construcción con menor huella de carbono. La Unión Europea, por ejemplo, está promoviendo criterios de contratación pública verde y metodologías para medir las emisiones incorporadas en edificios e infraestructuras.

En este contexto, comprender exactamente qué ocurre dentro del cemento resulta esencial para optimizar estas tecnologías y aumentar su capacidad de almacenamiento de carbono.

Más allá de la captura de carbono

El hallazgo también aporta información valiosa para diseñar nuevas generaciones de cementos.

Al entender cómo se forma esta red temporal de sílice, los investigadores podrían desarrollar mezclas capaces de aprovechar mejor el CO₂, utilizar menores cantidades de clínker o incorporar residuos industriales ricos en sílice como complemento.

Materiales como las cenizas, escorias siderúrgicas o determinados subproductos minerales podrían beneficiarse de mecanismos similares, contribuyendo a reducir la dependencia de materias primas vírgenes.

En otras palabras, este descubrimiento abre nuevas líneas de investigación para fabricar hormigones más resistentes y con menor impacto ambiental.

Potencial

La construcción representa uno de los mayores desafíos ambientales del siglo XXI. La demanda global de hormigón sigue creciendo debido a la urbanización y al desarrollo de infraestructuras.

Tecnologías como la inyección controlada de CO₂ ofrecen una oportunidad poco habitual: convertir un residuo climático en un recurso útil para fabricar materiales mejores.

Si las futuras investigaciones confirman su viabilidad a gran escala, podrían desarrollarse plantas de hormigón capaces de incorporar carbono capturado procedente de industrias cercanas, creando auténticos ciclos de economía circular.

La combinación de captura de carbono, materiales de bajas emisiones, electrificación industrial y energías renovables podría transformar profundamente la forma en que se construyen ciudades, carreteras y edificios.

Quizá lo más llamativo de este descubrimiento sea precisamente eso: un gas considerado durante años un problema ambiental demuestra ahora que, bajo las condiciones adecuadas, también puede formar parte de la solución.

Vía Massachusetts Institute of Technology

Más información: In Situ Raman Spectroscopy of a Silica Gel‐Templated Hydration Pathway in CO2‐Activated Cement – Hajduczek – 2026 – Journal of the American Ceramic Society – Wiley Online Library

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Publicado en: Arquitectura sostenible

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