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EE. UU. pone en marcha en Dakota del Sur la mayor batería térmica del mundo para convertir viento barato en vapor industrial limpio

28 mayo, 2026 Deja un comentario

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Startup estadounidense Antora despliega un sistema térmico de 5 GWh con más de 200 baterías para descarbonizar una planta de etanol.

🔋 Más de 200 baterías térmicas en funcionamiento.
🌬️ Electricidad eólica sobrante convertida en vapor industrial.
🏭 Descarbonización de fábricas de biocombustibles y materiales.
🔥 Temperaturas de hasta 2.400 °C almacenadas durante días.
⚡ Nuevo modelo tarifario eléctrico pensado para estabilizar la red.
🌍 Alternativa real al gas fósil en procesos industriales intensivos.
🏗️ Construcción rápida: menos de un año desde cero.
📉 Menos emisiones industriales, uno de los sectores más difíciles de limpiar.

La batería térmica gigante de Antora: el sistema que convierte viento barato en calor industrial limpio

Durante años, buena parte del debate energético se ha centrado en coches eléctricos, paneles solares o parques eólicos. Pero hay un problema gigantesco que suele quedar fuera de foco: el calor industrial. Fabricar cemento, acero, productos químicos, alimentos o biocombustibles requiere enormes cantidades de energía térmica, normalmente generada quemando gas natural, carbón o fuelóleo.

Ahí entra en juego la propuesta de la empresa estadounidense Antora Energy. Su nuevo proyecto en Dakota del Sur no busca alimentar hogares ni cargar vehículos eléctricos. Busca algo mucho más complejo: sustituir combustibles fósiles en procesos industriales continuos.

Y ojo, porque no se trata de un experimento pequeño.

La instalación, ubicada junto a una planta de etanol de POET, almacenará alrededor de 5 gigavatios-hora de energía térmica, una escala gigantesca para este tipo de tecnología. Cuando entre plenamente en funcionamiento, será uno de los mayores sistemas de almacenamiento térmico industrial del planeta.

Una tostadora gigante alimentada por viento

La explicación técnica parece sencilla. En realidad, detrás hay mucha ingeniería.

Antora compara su sistema con una “tostadora gigante”. La electricidad renovable barata —sobre todo energía eólica sobrante— atraviesa resistencias eléctricas que calientan bloques sólidos de carbono a temperaturas extremas. Ese calor queda almacenado durante largos periodos y luego puede liberarse en forma de vapor o electricidad.

La idea tiene lógica económica y energética.

En muchos lugares de Estados Unidos, especialmente en zonas con mucha generación eólica, existen momentos en los que sobra electricidad y el precio cae de forma drástica. A veces incluso llega a valores negativos. En vez de desperdiciar esa energía, Antora la transforma en calor útil para procesos industriales.

Y ahí aparece uno de los grandes cambios de paradigma de la transición energética: no toda la electricidad renovable debe consumirse en el momento. Parte puede convertirse en calor industrial almacenado, algo que hasta hace poco parecía poco viable a gran escala.

El detalle menos visible… y probablemente el más importante

Curiosamente, varios expertos consideran que la innovación más relevante del proyecto no son las baterías térmicas. Es la tarifa eléctrica diseñada alrededor de ellas.

Antora y la compañía eléctrica Otter Tail Power han desarrollado una estructura tarifaria específica para este tipo de almacenamiento. El sistema consume electricidad cuando sobra energía renovable y los precios son bajos, evitando tensiones sobre la red en horas punta.

Esto cambia bastante las reglas del juego.

En Estados Unidos, muchas industrias pagan tarifas eléctricas elevadas en determinados momentos del día, lo que dificulta la rentabilidad de electrificar procesos térmicos. Si las empresas pueden acceder a electricidad renovable barata en horas de exceso de producción, las baterías térmicas empiezan a competir seriamente con el gas fósil.

Dicho de otra forma: la clave quizá no sea únicamente tecnológica. También regulatoria y económica.

Europa lleva cierta ventaja en este terreno porque varios países permiten a las industrias participar más fácilmente en mercados eléctricos flexibles. En Estados Unidos, ese modelo todavía avanza con más lentitud.

Temperaturas extremas para industrias difíciles de electrificar

Uno de los mayores límites de muchas tecnologías limpias industriales es la temperatura.

Bombas de calor industriales, electrificación convencional o sistemas solares térmicos funcionan bien en procesos de baja y media temperatura. Pero industrias pesadas necesitan mucho más.

Las baterías térmicas modernas ya pueden superar los 750 °C, suficiente para cubrir aproximadamente el 75 % de la demanda de calor industrial estadounidense según varios análisis energéticos recientes. Antora asegura incluso alcanzar alrededor de 2.400 °C en determinados sistemas.

Eso abre posibilidades enormes.

Producción de acero. Cerámica. Vidrio. Refinerías. Fertilizantes. Procesos químicos complejos. Sectores históricamente ligados al gas y al carbón empiezan a tener una alternativa realista.

Y no solo en teoría. Empresas como Rondo Energy, Brenmiller Energy o Electrified Thermal Solutions están desarrollando sistemas similares utilizando ladrillos refractarios, sales fundidas o materiales cerámicos.

Cada tecnología tiene ventajas distintas según la industria y la temperatura necesaria. No existe una solución única. Y seguramente nunca la habrá.

Por qué el calor industrial importa tanto para el clima

La industria pesada representa una de las partes más difíciles de descarbonizar de toda la economía mundial.

Muchos países han avanzado en renovables eléctricas y movilidad, pero las emisiones industriales siguen creciendo o reduciéndose muy lentamente. La razón es sencilla: producir calor continuo y estable a gran escala resulta complicado sin combustibles fósiles.

En Estados Unidos, el calor industrial genera aproximadamente el 12 % de las emisiones de gases de efecto invernadero del país. En Europa, el problema es parecido, especialmente tras la crisis energética derivada de la guerra en Ucrania, que disparó el coste del gas natural y aceleró la búsqueda de alternativas.

Las baterías térmicas aparecen justo en ese contexto.

No requieren litio ni minerales críticos en las mismas cantidades que las baterías electroquímicas convencionales. Tampoco dependen necesariamente de tecnologías extremadamente complejas. Muchas usan materiales relativamente abundantes y resistentes.

Eso reduce varios cuellos de botella asociados a la transición energética.

Un despliegue sorprendentemente rápido

Otro detalle que ha llamado la atención del sector es la velocidad de construcción.

Según Antora, el proyecto de Dakota del Sur se levantó en menos de un año sobre un terreno vacío junto a la planta de etanol. Para instalaciones energéticas industriales de esta escala, no es habitual.

La rapidez importa mucho.

Las industrias necesitan soluciones que puedan instalarse sin paralizar operaciones durante años ni exigir reconstrucciones completas de las fábricas. Si las baterías térmicas logran integrarse en infraestructuras existentes con relativa facilidad, su adopción podría acelerarse más de lo esperado.

Además, el sistema aprovecha la enorme expansión eólica del centro de Estados Unidos. Estados como Dakota del Sur, Iowa o Texas generan grandes excedentes renovables en determinadas horas. Convertir esa energía sobrante en calor industrial almacenado empieza a tener bastante sentido económico.

El auge del almacenamiento térmico ya no parece una rareza

Hace apenas cinco años, las baterías térmicas industriales parecían un nicho experimental. Hoy empiezan a atraer cientos de millones de dólares en inversión privada.

El motivo es claro: las renovables son cada vez más baratas, pero siguen siendo variables. Convertir excedentes eléctricos en calor útil resuelve parte del problema.

De hecho, algunos analistas energéticos consideran que el almacenamiento térmico podría convertirse en uno de los grandes protagonistas ocultos de la transición energética industrial durante la próxima década.

No tendrá la visibilidad mediática de los coches eléctricos. Tampoco la estética futurista del hidrógeno verde. Pero puede acabar reduciendo emisiones enormes en sectores donde hasta ahora había pocas alternativas viables.

Y eso, en términos climáticos, pesa muchísimo.

Potencial

La expansión de baterías térmicas industriales podría acelerar la electrificación de sectores que hoy dependen casi por completo de combustibles fósiles. Especialmente en regiones con abundante energía eólica y solar barata.

Si los modelos tarifarios evolucionan y las redes eléctricas ganan flexibilidad, estas tecnologías podrían ayudar a equilibrar el sistema energético mientras reducen emisiones industriales difíciles de eliminar.

También existe potencial para aplicaciones locales más pequeñas: industrias alimentarias, cerveceras, plantas químicas o redes de calor urbano podrían aprovechar almacenamiento térmico para consumir energía renovable cuando resulta más abundante y económica.

En paralelo, la mejora de materiales refractarios, sistemas de aislamiento y electrónica de potencia puede aumentar todavía más la eficiencia de estas instalaciones en los próximos años.

No parece una solución milagrosa. Pero sí una pieza bastante seria dentro del puzzle energético que toca construir. Y cuanto antes empiece esa transformación industrial, mejor.

Más información: www.antora.com

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Publicado en: Almacenamiento de energía

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