
Un club de fútbol demuestra que puede reducir sus emisiones un 75 % y ahorrar más de 500.000 libras con energía renovable.
- ⚽ Fútbol comunitario como laboratorio de descarbonización.
- 💡 Iluminación LED: 1,25 toneladas de CO₂ evitadas cada año.
- 📉 Objetivo técnico: reducción de emisiones de hasta el 75 %.
- 💰 Más de 500.000 libras de ahorro potencial en 15 años.
- ☀️ Paneles solares, baterías, bombas de calor y recarga eléctrica.
- 🔋 Estadios capaces de almacenar energía y apoyar a la red eléctrica.
- 🏘️ Beneficios energéticos con alcance más allá del terreno de juego.
El fútbol profesional mueve millones de personas, inversiones y desplazamientos cada temporada. También consume grandes cantidades de energía. Estadios iluminados durante horas, sistemas de climatización, transporte de aficionados y equipos, instalaciones deportivas, mantenimiento del césped y una extensa cadena de suministro forman parte de una actividad cuya huella climática recibe cada vez más atención.
Sin embargo, lejos de las grandes competiciones internacionales, los clubes modestos presentan características muy diferentes. Sus instalaciones permanecen parcialmente infrautilizadas durante buena parte de la semana y concentran el consumo energético en determinados momentos.
Precisamente esa irregularidad puede convertirse en una ventaja.
Un proyecto desarrollado por estudiantes e investigadores de la Universidad de Bath, en colaboración con el Bath City Football Club, está estudiando cómo los clubes comunitarios pueden transformarse progresivamente en instalaciones deportivas con bajas emisiones, producción renovable y capacidad para interactuar con las redes eléctricas locales.
Los primeros resultados muestran algo interesante: la transición energética de un pequeño club puede comenzar con inversiones relativamente modestas y avanzar por etapas, adaptándose a la disponibilidad económica de cada organización.
Un estadio con un consumo energético muy particular
El Bath City FC fue fundado en 1889 y disputa sus encuentros como local en Twerton Park desde 1932. Se trata de un club propiedad de la comunidad que compite en las categorías inferiores del fútbol inglés.
Su dimensión económica está muy lejos de la de los grandes equipos profesionales. Y ahí está buena parte del interés del proyecto.
Los investigadores analizaron datos reales de consumo para comprender cómo, cuándo y para qué utilizaba energía el estadio.
El patrón resultó bastante claro.
Durante los días de partido, el consumo aumenta considerablemente por la iluminación, los servicios de restauración, los vestuarios y el funcionamiento general de las instalaciones. El resto de la semana, la demanda energética cae.
Esta diferencia entre periodos de alta y baja actividad abre la puerta a nuevas estrategias.
Un estadio equipado con paneles solares y sistemas de almacenamiento mediante baterías podría producir electricidad durante muchas horas en las que las instalaciones apenas consumen energía.
Esa electricidad puede almacenarse para utilizarla durante los partidos, alimentar otros servicios del recinto o, dependiendo de la regulación y las condiciones de conexión, participar en mecanismos de flexibilidad energética.
Cambiar los focos fue el primer paso. Y ya está dando resultados
Una de las primeras recomendaciones aplicadas por el club fue sustituir los antiguos proyectores del estadio por iluminación LED.
Puede parecer una intervención menor frente a la instalación de grandes sistemas renovables. Los resultados cuentan otra historia.
El cambio permite evitar aproximadamente 1,25 toneladas de CO₂ al año, una cantidad equivalente a cerca del 4 % de las emisiones energéticas del club.
Además, la reducción del consumo supone un ahorro económico anual aproximado de 1.250 libras.
La experiencia muestra la importancia de comenzar por las medidas de eficiencia energética antes de dimensionar instalaciones de generación renovable.
Reducir el consumo permite instalar posteriormente sistemas solares, baterías y bombas de calor de menor tamaño. Menos inversión, menos energía desperdiciada y periodos de amortización más razonables.
Una hoja de ruta para reducir las emisiones un 75 %
Tras el estudio inicial, un equipo de estudiantes de tercer curso de Ingeniería Electrónica y Eléctrica amplió el análisis incorporando variables técnicas, económicas y ambientales.
El resultado fue una estrategia de descarbonización a largo plazo.
Según los cálculos realizados para las instalaciones del club, la aplicación progresiva de diferentes tecnologías podría permitir reducir las emisiones hasta un 75 % y generar ahorros superiores a 500.000 libras durante un periodo de 15 años.
La propuesta evita concentrar toda la inversión al comienzo.
En su lugar, plantea una transición por fases.
Primero, reducir consumos innecesarios y mejorar la eficiencia energética.
Después, incorporar generación renovable.
Más adelante, añadir almacenamiento energético y electrificar determinados consumos.
Finalmente, aprovechar la infraestructura instalada para interactuar con vehículos eléctricos y redes energéticas locales.
Este planteamiento resulta especialmente interesante para asociaciones deportivas, ayuntamientos y organizaciones comunitarias con presupuestos limitados.
Paneles solares para aprovechar miles de metros cuadrados disponibles
Los estadios y centros deportivos disponen habitualmente de cubiertas, aparcamientos y superficies que podrían utilizarse para producir electricidad.
La instalación de paneles fotovoltaicos permitiría generar energía durante los periodos de menor actividad del club.
Parte de esa electricidad podría consumirse directamente en oficinas, instalaciones deportivas y sistemas auxiliares.
Los excedentes podrían almacenarse en baterías o verterse a la red cuando las condiciones técnicas y económicas resulten favorables.
También existen otras posibilidades.
Los aparcamientos pueden convertirse en marquesinas solares, proporcionando sombra a los vehículos mientras generan electricidad.
Las cubiertas de gradas y edificios auxiliares pueden albergar instalaciones fotovoltaicas sin ocupar nuevo suelo.
En clubes con una actividad concentrada principalmente durante los fines de semana, esta producción renovable puede acumularse durante varios días antes de los encuentros.
Las baterías cambian la forma de utilizar la energía del estadio
El almacenamiento energético constituye una pieza importante de la estrategia desarrollada para Bath City FC.
Una batería permite guardar electricidad cuando existe producción solar abundante o cuando la demanda de la red es reducida.
Posteriormente, esa energía puede utilizarse durante los periodos de mayor consumo.
En un estadio, esta capacidad resulta especialmente útil.
La iluminación, los servicios de restauración y otras instalaciones pueden provocar picos de demanda durante los partidos.
Las baterías permiten cubrir parte de esos picos utilizando energía almacenada previamente.
También pueden ayudar a reducir la potencia máxima demandada de la red eléctrica y facilitar una gestión más inteligente de la electricidad.
A medida que aumentan las renovables variables en los sistemas eléctricos europeos, los recursos distribuidos capaces de modificar su consumo o almacenar electricidad adquieren mayor importancia.
Los pequeños clubes deportivos podrían convertirse así en activos energéticos locales capaces de aportar flexibilidad al sistema eléctrico.
Bombas de calor para abandonar progresivamente los combustibles fósiles
Otra de las tecnologías estudiadas es la instalación de bombas de calor aerotérmicas.
Vestidores, duchas, oficinas, zonas de restauración y espacios interiores requieren calefacción y agua caliente.
En muchas instalaciones deportivas antiguas estos servicios continúan dependiendo de calderas alimentadas con combustibles fósiles.
Las bombas de calor permiten electrificar estos consumos y aprovechar de forma más eficiente la electricidad producida por los paneles solares.
Su integración requiere estudiar previamente el aislamiento térmico, la temperatura de impulsión necesaria, el estado de los sistemas existentes y los perfiles reales de demanda.
Instalar una bomba de calor sin reducir antes las pérdidas energéticas del edificio puede provocar sobredimensionamientos y costes innecesarios.
Por eso la estrategia escalonada propuesta por los investigadores resulta relevante: primero eficiencia, después electrificación y generación renovable.
Los aparcamientos también pueden formar parte de la transición energética
La instalación progresiva de puntos de recarga para vehículos eléctricos completa la hoja de ruta.
Los cargadores podrían utilizar la electricidad producida por los paneles solares del estadio y ofrecer un nuevo servicio a trabajadores, aficionados y residentes cercanos.
Durante los días sin partido, los aparcamientos suelen permanecer infrautilizados.
Convertirlos en pequeños centros de recarga permitiría aprovechar mejor la infraestructura existente.
Además, la gestión inteligente de los cargadores puede adaptar la demanda eléctrica a la producción renovable disponible.
La expansión futura de la recarga bidireccional podría aumentar todavía más estas posibilidades.
Los vehículos compatibles con tecnologías V2G —vehicle-to-grid— pueden almacenar electricidad en sus baterías y devolver parte de ella a la red cuando existe una elevada demanda.
La combinación de fotovoltaica, baterías estacionarias, recarga inteligente y vehículos eléctricos podría convertir determinados complejos deportivos en pequeñas plataformas energéticas distribuidas.
La gran barrera continúa siendo la inversión inicial
Los investigadores reconocen que el principal obstáculo para muchos clubes pequeños es económico.
Instalar paneles solares, baterías, bombas de calor o infraestructura de recarga requiere capital.
Para organizaciones con presupuestos ajustados, comprometer grandes cantidades de dinero en proyectos energéticos puede resultar complicado.
La solución propuesta consiste en dividir las inversiones en etapas y priorizar inicialmente las medidas con menores costes y periodos de retorno más cortos.
Los ahorros generados pueden ayudar posteriormente a financiar nuevas actuaciones.
También pueden utilizarse modelos de financiación energética mediante contratos de rendimiento, acuerdos de compra de electricidad, cooperativas locales o proyectos compartidos con administraciones públicas.
En Reino Unido, además, la transición energética de instalaciones deportivas se ha convertido en un área creciente de interés para programas de financiación pública y comunitaria orientados a mejorar la eficiencia de edificios y aumentar la generación renovable distribuida.
Del campo de fútbol a la comunidad energética
Quizá la consecuencia más interesante del proyecto aparece cuando se observa el estadio como algo más que una instalación deportiva.
Los clubes comunitarios mantienen una relación directa con barrios, comercios, asociaciones y administraciones locales.
Muchos disponen de edificios, aparcamientos y superficies capaces de albergar infraestructuras energéticas.
Eso permite imaginar modelos en los que los estadios participen en comunidades energéticas locales.
La electricidad producida podría alimentar instalaciones municipales cercanas, puntos de recarga o edificios comunitarios mediante los mecanismos permitidos por cada regulación nacional.
Los sistemas de almacenamiento también podrían prestar servicios de flexibilidad.
Incluso las instalaciones deportivas podrían funcionar como espacios de apoyo durante emergencias, proporcionando electricidad temporal a determinados servicios esenciales.
No todos los clubes llegarán a desarrollar estas capacidades. Pero el potencial existe.
Un modelo replicable en miles de instalaciones deportivas
El proyecto de Bath City FC resulta especialmente relevante porque trabaja con un club pequeño y con limitaciones económicas reales.
En Europa existen decenas de miles de campos de fútbol, polideportivos, pabellones, piscinas municipales y centros deportivos.
Muchas de estas instalaciones fueron construidas hace décadas.
Presentan consumos elevados, sistemas de iluminación antiguos, aislamiento deficiente y superficies desaprovechadas para producir energía.
La rehabilitación energética de este parque de edificios podría reducir emisiones y gastos públicos.
Además, cada instalación modernizada puede convertirse en un espacio demostrativo.
Un sistema fotovoltaico visible desde las gradas, una marquesina solar en el aparcamiento o un panel que muestre la producción energética en tiempo real acercan la transición energética a personas que probablemente nunca visitarían una feria tecnológica.
El fútbol tiene una capacidad de comunicación difícil de igualar.
Aprovechar esa influencia para explicar cómo funcionan las energías renovables, la eficiencia energética y el almacenamiento puede multiplicar el impacto de las inversiones realizadas.
Los clubes pequeños pueden convertirse en laboratorios de innovación energética
La colaboración entre la Universidad de Bath y Bath City FC continuará mediante un proyecto educativo integrado que permitirá incorporar nuevos estudiantes y disciplinas.
Este tipo de cooperación ofrece una ventaja difícil de conseguir mediante estudios exclusivamente académicos.
Las tecnologías se prueban en instalaciones reales.
Existen restricciones económicas.
Aparecen problemas de mantenimiento.
Los usuarios modifican sus hábitos.
Y los resultados pueden medirse durante años.
Los clubes comunitarios pueden convertirse así en laboratorios urbanos para experimentar con generación distribuida, almacenamiento, electrificación y gestión inteligente de la energía.
Las soluciones que funcionen en estas instalaciones podrían trasladarse posteriormente a colegios, centros culturales, edificios municipales y pequeñas empresas.



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