
Vestas y Ecowende ensayarán aerogeneradores con palas rojas en Países Bajos para reducir el impacto sobre las aves marinas.
- 🌊 Palas rojas en el mar.
- 🦅 Menos colisiones de aves migratorias.
- ⚡ Eólica offshore más compatible con la biodiversidad.
- 🔴 Una sola pala visible por turbina.
- 🐟 Arrecifes artificiales y refugios marinos.
- 🔇 Tecnologías para reducir ruido submarino.
- 🌍 Transición energética con enfoque ecológico.
El gigante eólico danés probará palas rojas para reducir aún más las colisiones de aves
La compañía danesa Vestas pondrá en marcha un curioso experimento en el mar del Norte: instalar una pala completamente roja en varias turbinas eólicas offshore para comprobar si aumentar la visibilidad de los rotores ayuda a reducir las colisiones de aves.
La prueba se realizará en el parque eólico marino Hollandse Kust West VI, un proyecto de 760 MW impulsado por Ecowende, la alianza formada por Eneco y Shell. En total, siete aerogeneradores incorporarán una única pala roja dentro de sus juegos de tres palas.
Puede parecer un cambio pequeño. Pero detrás hay años de debate sobre cómo compatibilizar la expansión masiva de la energía eólica con la protección de aves marinas y migratorias. Ahí está el reto real.

Por qué una pala roja puede marcar diferencias
Los aerogeneradores modernos giran a velocidades relativamente bajas, aunque las puntas de las palas alcanzan velocidades muy elevadas. Para algunas aves, especialmente en condiciones de niebla, reflejos intensos o baja luz, distinguir el movimiento del rotor resulta complicado.
La idea de pintar una sola pala con un color muy visible busca crear un contraste dinámico más fácil de detectar durante el vuelo. El cerebro del ave percibe mejor el movimiento asimétrico del rotor y puede reaccionar antes. No hace falta convertir toda la turbina en una señal luminosa gigantesca. De hecho, podría empeorar otros problemas.
Los investigadores descartaron colores negros y fluorescentes por riesgos relacionados con el sobrecalentamiento y la durabilidad de los materiales compuestos de las palas. El rojo terminó siendo el equilibrio más razonable entre visibilidad, resistencia y comportamiento térmico.
No es una ocurrencia improvisada. Estudios anteriores en Noruega ya habían mostrado resultados prometedores utilizando palas pintadas parcialmente de negro en parques eólicos terrestres. Ahora la industria offshore quiere comprobar si el mismo principio funciona en un entorno mucho más complejo, con aves marinas, niebla salina y migraciones de larga distancia.
Una nueva generación de parques eólicos “nature inclusive”
Lo realmente interesante del proyecto holandés no es solo la pala roja. Es el enfoque completo.
Durante años, muchos parques eólicos se diseñaban priorizando exclusivamente la producción eléctrica. Hoy empieza a extenderse otro modelo: instalaciones energéticas pensadas desde el principio para convivir con los ecosistemas. Más caras al inicio, sí. Pero probablemente más viables socialmente a largo plazo.
Ecowende ha incorporado varias medidas bastante llamativas:
- Turbinas más altas para reducir interferencias con rutas migratorias.
- Distribución de aerogeneradores creando corredores ecológicos entre la costa y áreas protegidas.
- Tecnologías de instalación con menor ruido submarino.
- Sistemas disuasorios para aves y murciélagos.
- Refugios para peces dentro de las cimentaciones.
- Restauración de arrecifes y recuperación de ostras autóctonas.
Una de las iniciativas más ambiciosas consiste en reintroducir la ostra plana europea, desaparecida del mar del Norte neerlandés desde los años 50. Las ostras actúan como auténticas ingenieras ecológicas: filtran agua, crean hábitats y favorecen el aumento de biodiversidad marina alrededor de las estructuras.
En cuatro de las cimentaciones monopilote también se han añadido aperturas extra para crear refugios de peces. Cámaras y sensores monitorizarán durante tres años cómo evoluciona la vida marina alrededor de estas estructuras. Un laboratorio vivo en mitad del mar.

Menos ruido bajo el agua, otro frente clave
La construcción de parques eólicos marinos genera uno de los impactos menos visibles para el público: el ruido submarino.
Cuando se instalan pilotes gigantescos en el fondo marino mediante martilleo, el sonido puede propagarse decenas de kilómetros afectando a peces, marsopas y mamíferos marinos. Algunas especies dependen completamente del sonido para orientarse, alimentarse o comunicarse.
Por eso el proyecto está utilizando soluciones como VibroJet y herramientas de elevación vibratoria desarrolladas para reducir las ondas acústicas durante la instalación. El sector offshore europeo lleva años trabajando en esto porque la presión regulatoria es cada vez mayor.
En países como Países Bajos, Alemania o Dinamarca ya existen límites acústicos estrictos durante obras marinas, especialmente cerca de zonas Natura 2000. Y todo apunta a que esas exigencias seguirán endureciéndose conforme aumente la expansión eólica en Europa.
Las aves se adaptan mejor de lo que se pensaba
Otro dato interesante que aparece en las investigaciones recientes desmonta parte del discurso alarmista habitual alrededor de la energía eólica.
Varios estudios científicos publicados en los últimos años muestran que muchas especies de aves modifican activamente sus trayectorias para evitar aerogeneradores en funcionamiento. Algunas investigaciones incluso concluyen que la mortalidad real por colisión podría haber sido sobreestimada en determinados informes anteriores.
Eso no significa que el problema no exista. Existe, y hay especies especialmente vulnerables. Pero el panorama es bastante más matizado de lo que suele aparecer en debates simplificados.
Además, conviene poner el contexto completo sobre la mesa. La pérdida de hábitat, la contaminación, el cambio climático, los pesticidas o los edificios acristalados provocan un impacto muchísimo mayor sobre poblaciones de aves a escala global.
Aun así, el sector eólico sabe que necesita mejorar. Y rápido. La aceptación social depende mucho de ello.



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