
Diseñan interfaz para adaptar motores Nissan Leaf al sector industrial y extender su vida útil tras el fin del vehículo.
- Motores EV reutilizados.
- Menos residuos de tierras raras.
- Aplicación en grúas, polipastos, maquinaria.
- Diseño de interfaz adaptable.
- Economía circular real.
- Ahorro de costes y materiales.
- Menor dependencia de China.
- Base para nuevas líneas sostenibles.
Este proyecto convierte motores eléctricos de vehículos al final de su vida útil en maquinaria industrial funcional, mediante un sistema de acople diseñado a medida. El objetivo es reducir el desperdicio de tierras raras y promover una fabricación más sostenible basada en la reutilización de recursos ya existentes.
Para qué sirve
El sistema da una segunda vida a los motores eléctricos de vehículos eléctricos (EV) reutilizándolos en sectores industriales. Estos motores, originalmente diseñados para ofrecer alto rendimiento y eficiencia, pueden sustituir con ventaja a motores convencionales en aplicaciones como grúas, polipastos y maquinaria pesada, donde se requiere par elevado, control preciso y buen comportamiento ante cargas variables.
En lugar de desecharlos o triturarlos —práctica habitual que impide la recuperación de materiales valiosos—, se les reaprovecha en nuevos entornos con necesidades similares de funcionamiento. Esto no solo alarga su vida útil, sino que reduce la demanda de nuevos motores industriales y sus costes asociados.

Cómo funciona
La clave está en identificar usos industriales donde un motor de EV encaje sin modificaciones complejas. El primer paso fue investigar máquinas que tuvieran exigencias similares a las de un tren motriz eléctrico: alto par, arranques y paradas frecuentes, tolerancia a cambios de carga.
Los polipastos industriales encajan a la perfección. Estas máquinas levantan cargas verticalmente, requieren precisión, control, y pueden beneficiarse de la eficiencia energética de los motores de EV. Además, no necesitan la autonomía ni el rango de velocidades de un coche, por lo que un motor con cierto desgaste sigue siendo perfectamente funcional.
Una vez identificada la aplicación, se diseñó un soporte de montaje personalizado, que conecta directamente el motor del vehículo (por ejemplo, el Nissan Leaf EM61) con la caja reductora del sistema de elevación. El soporte replica con precisión los puntos de anclaje del motor original y asegura una conexión estable con el engranaje industrial, permitiendo su reutilización sin necesidad de grandes adaptaciones.
Proceso de diseño
La limitación inicial fue no tener acceso físico al motor. Para solucionarlo, se utilizó una imagen técnica de referencia, que fue escalada con precisión en software CAD a partir de dimensiones conocidas. Desde ahí, se reconstruyó la posición de los agujeros de montaje de forma proporcional.
Con ese modelo base, se diseñó un soporte universal tipo L, con perforaciones alineadas al patrón original del motor y un orificio central para el eje. El siguiente paso fue seleccionar una caja reductora industrial que encajara tanto en potencia como en dimensiones: se optó por el modelo Keller H500, por su compacidad y capacidad de carga. Gracias a que su documentación CAD está disponible públicamente, se pudo ajustar con precisión la interfaz de conexión.
El objetivo en todo momento fue mantener el diseño lo más modular y versátil posible. Así, otros motores o cajas podrían integrarse en el futuro con modificaciones mínimas. Siempre con un enfoque en la resistencia estructural y la alineación precisa necesarias para aplicaciones industriales exigentes.

Qué lo hace diferente
A diferencia de otros enfoques que parten de cero para diseñar motores industriales, esta propuesta no fabrica motores nuevos: aprovecha los que ya existen. Y eso cambia las reglas del juego.
- Menor extracción de tierras raras
- Reducción de residuos tecnológicos
- Costes energéticos y materiales más bajos
- Dependencia menor de cadenas de suministro inestables
El sistema responde a necesidades reales del sector: las marcas automotrices están cada vez más obligadas a gestionar el reciclaje de sus vehículos, según normativas como la Directiva 2000/53/CE de la Unión Europea o su próxima actualización. Reaprovechar componentes como los motores eléctricos no solo es sensato desde el punto de vista ambiental, sino también económico.
Esta propuesta se alinea con los principios de la economía circular, fomentando una cadena de valor más resiliente, local y sostenible. La idea no es solo alargar la vida de los motores, sino cambiar el enfoque con el que se diseña la tecnología industrial: menos usar y tirar, más reutilizar e integrar.
Planes para el futuro
Con el aumento esperado de vehículos eléctricos que llegarán al final de su vida útil en los próximos 5 a 10 años, el volumen de motores disponibles crecerá de forma exponencial. Pero el sistema de reciclaje todavía no está preparado para absorber ese flujo de forma eficiente.
Este proyecto puede ser una pieza clave para esa infraestructura emergente. La intención es establecer alianzas directas con fabricantes de vehículos eléctricos, que ya están obligados por ley a gestionar el reciclaje de sus coches. Colaborar con ellos permitirá ajustar mejor los diseños, integrar estándares y escalar el sistema.
Más allá de los polipastos, el concepto puede aplicarse a líneas de producción automatizadas, cintas transportadoras, maquinaria agrícola o incluso generadores. El enfoque es adaptable, y su potencial aún está por explorarse.
Potencial
La reutilización de motores eléctricos de vehículos representa una oportunidad real para reducir el impacto ambiental de la industria, sin perder eficiencia ni fiabilidad técnica. Algunas de sus contribuciones más relevantes:
- Disminución directa en la demanda de tierras raras, reduciendo su extracción y los daños ecológicos asociados.
- Reducción de emisiones indirectas: fabricar un motor desde cero genera entre 1 y 2 toneladas de CO₂. Reutilizar uno evita esa huella.
- Desarrollo de industria circular local, con talleres que reacondicionan y adaptan motores para aplicaciones nuevas.
- Resiliencia frente a crisis de suministro: con conflictos geopolíticos afectando mercados como el del neodimio, soluciones como esta permiten mayor independencia tecnológica.
- Innovación accesible: el diseño de interfaces modulares abre la puerta a soluciones de bajo coste en países con menos acceso a tecnología de punta.
Este enfoque conecta sostenibilidad, ingeniería y sentido común. No se trata solo de evitar residuos, sino de dar valor a lo que ya tenemos. Y ese cambio de mentalidad es tan urgente como necesario.
Vía Motores EV al final de su vida útil reutilizados | Premio James Dyson



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