
Investigadores del Royal Melbourne Institute of Technology (RMIT) han desarrollado un sistema para prevenir la formación de fatbergs. Combina un interceptor de grasa rediseñado con tratamiento químico inteligente usando sulfato de aluminio (alumbre).
- Bloqueos en alcantarillas por grasas.
- Costes millonarios por retirada de fatbergs.
- Nueva tecnología desde Australia.
- Elimina hasta 98 % de grasas.
- Compatible con sistemas existentes.
- Potencial para cocinas comerciales.
- Impacto directo en sostenibilidad urbana.
Parar los fatbergs antes de que cuesten millones
Los fatbergs, masas sólidas formadas por grasas, aceites y residuos no biodegradables, representan un problema creciente en las ciudades. Se adhieren a toallitas húmedas, tampones, pañales y otros objetos que nunca deberían llegar al inodoro, creando bloqueos masivos en las redes de alcantarillado. El resultado son atascos que pueden paralizar tramos enteros del sistema, causar vertidos de aguas residuales y obligar a inversiones millonarias para su retirada.
Ciudades como Nueva York, por ejemplo, gastan al año más de 18,8 millones de dólares en limpiar estos atascos. Y no es solo un problema estadounidense: en Londres, se necesitó un equipo de ocho personas trabajando durante tres semanas para eliminar un fatberg de 40 toneladas en 2019.
El daño no es solo económico. Los desbordamientos de aguas residuales contaminan ríos, suelos y zonas urbanas, agravando los riesgos sanitarios y dañando los ecosistemas locales. Además, este tipo de mantenimiento reactivo es altamente ineficiente y no aborda la raíz del problema.
Una solución desde la ingeniería: prevención desde el origen
Ante esta situación, investigadores del Royal Melbourne Institute of Technology (RMIT) en Australia han desarrollado una tecnología preventiva que podría cambiar el enfoque actual: en lugar de eliminar los fatbergs una vez formados, proponen evitar que lleguen a existir.
El sistema combina dos estrategias: un nuevo diseño de interceptores de grasa y un tratamiento químico inteligente. El dispositivo cuenta con deflectores internos (baffles) que reducen la velocidad del agua y separan las partículas de grasa más grandes. A esto se suma una dosis precisa de sulfato de aluminio (alumbre), una sustancia común en tratamientos de agua potable, que aglutina las grasas más finas y emulsificadas, formando grumos fáciles de extraer.
Lo innovador es que este sistema funciona incluso en condiciones reales, donde el agua caliente y los detergentes suelen dificultar la captura de grasas. En pruebas con aguas residuales reales de cocinas, el sistema logró eliminar hasta el 98 % de las grasas, en comparación con el 40 % que alcanzan los sistemas convencionales.
Implicaciones para el entorno urbano
Las cocinas comerciales —como las de restaurantes, hoteles y comedores industriales— son una de las mayores fuentes de FOG (fat, oil, grease) en las ciudades. Al estar altamente concentradas, sus aguas residuales tienen un impacto desproporcionado sobre las redes de alcantarillado. Si esta nueva tecnología se aplica de forma masiva en este sector, la reducción de fatbergs sería inmediata y significativa.
Además, el sistema diseñado por RMIT puede integrarse en infraestructuras ya existentes, lo que facilita su adopción sin grandes obras ni inversiones. Esto abre la puerta a políticas públicas o incentivos para modernizar instalaciones y mejorar el manejo de residuos grasos a nivel municipal o regional.
Algunas ciudades, como París y Barcelona, ya están revisando sus estrategias de saneamiento con enfoque preventivo. Esta solución tecnológica podría integrarse en esos planes, convirtiéndose en una herramienta clave de sostenibilidad urbana.

Potencial
Este tipo de innovación no solo protege las tuberías. Tiene un potencial transformador en múltiples niveles:
- Evita emisiones indirectas: Menos atascos significan menos uso de maquinaria pesada y menos transporte para retirar residuos, lo que se traduce en una reducción del consumo energético y de las emisiones de CO₂.
- Protege los ecosistemas urbanos: Al prevenir los vertidos de aguas residuales, se evita la contaminación de ríos y suelos, favoreciendo la biodiversidad local y la salud pública.
- Fomenta la economía circular: Las grasas recuperadas podrían usarse en procesos industriales, como la producción de biocombustibles, si se implementan sistemas de recogida adecuados.
- Mejora la resiliencia urbana: Ciudades con infraestructuras menos expuestas a fallos graves son más sostenibles y adaptables frente al cambio climático.
- Incentiva buenas prácticas en hostelería y restauración: Al facilitar el cumplimiento normativo y reducir los costes de mantenimiento, se promueve una gestión más responsable y sostenible en el sector gastronómico.
Integrar tecnologías como esta en el sistema de saneamiento actual no es una opción futurista: es una necesidad urgente. La sostenibilidad no solo pasa por las grandes decisiones políticas o energéticas. También se construye en cada cocina, en cada desagüe, en cada ciudad que decide apostar por prevención inteligente en lugar de reparación constante.
Vía www.rmit.edu.au
Más información: acs.org



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