
Investigadores de UNC-Chapel Hill detectan fuerte declive de insectos en pradera montañosa remota, vinculado al aumento de temperaturas.
- Insectos en caída libre, incluso en áreas sin actividad humana
- Más de 70 % menos insectos en 20 años en praderas subalpinas
- El calentamiento global, principal sospechoso
- Impacto directo en polinización, suelos y aves
- Ecosistemas montañosos en riesgo, pese a su aparente aislamiento
- No solo pesticidas ni urbanización, el clima también mata
Incluso los ecosistemas intactos están perdiendo insectos a un ritmo alarmante
Un nuevo estudio de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill revela una realidad preocupante: las poblaciones de insectos están disminuyendo rápidamente incluso en paisajes poco alterados por la actividad humana. Esto apunta a una amenaza más amplia, vinculada no solo al uso de pesticidas o la expansión urbana, sino a cambios profundos en el clima global.
Durante dos décadas, el biólogo Keith Sockman monitoreó la abundancia de insectos voladores en una pradera subalpina de Colorado, un entorno con mínima intervención humana directa. Entre 2004 y 2024, la abundancia de insectos cayó un promedio anual de 6,6 %, acumulando una pérdida del 72,4 % en 20 años. Las altas temperaturas estivales emergen como uno de los factores más vinculados a esta disminución.
¿Por qué importa perder insectos en zonas “intactas”?
Que los insectos desaparezcan en áreas silvestres pone en jaque la idea de que los espacios protegidos son suficientes para preservar la biodiversidad. Muchos insectos son clave para procesos como la polinización, la descomposición de materia orgánica y el control biológico de plagas. Si estas funciones se debilitan, el efecto dominó puede alcanzar desde las plantas hasta los vertebrados, como aves y pequeños mamíferos, que dependen directamente de ellos como alimento.
Los ecosistemas de montaña, como los estudiados en Colorado, albergan muchas especies endémicas adaptadas a condiciones específicas. La pérdida de insectos en estos hábitats no solo afecta a las especies locales, sino que reduce la capacidad del ecosistema para adaptarse al cambio climático. Además, los ecosistemas montañosos suelen ser refugios para especies desplazadas por el calentamiento global en zonas bajas. Si esos refugios también colapsan, las opciones de supervivencia para muchas especies se estrechan.
Clima: un enemigo silencioso
Aunque la atención pública suele centrarse en la deforestación o los agroquímicos, este estudio recuerda que el cambio climático actúa en todas partes, incluso donde la mano humana no parece estar presente. El aumento de temperaturas, especialmente en altitudes medias y altas, acelera los ciclos de vida, altera patrones de reproducción y reduce la disponibilidad de recursos florales. Las noches más cálidas también afectan el descanso y la actividad metabólica de muchos insectos.
En otras palabras, el clima cambia más rápido de lo que los insectos pueden adaptarse, y esa velocidad es un nuevo tipo de presión selectiva que muchas especies no están superando.
Necesitamos más ojos sobre el terreno
Este estudio llena un vacío importante: la falta de datos de largo plazo en entornos poco perturbados. La mayoría de las investigaciones anteriores se centraban en zonas agrícolas, periurbanas o degradadas, dejando una falsa impresión de que los insectos están a salvo en áreas “naturales”.
Proyectos como el Sistema Nacional de Monitoreo de Biodiversidad en España, o iniciativas de ciencia ciudadana como Observadores del Cambio Global en Chile, empiezan a cubrir ese hueco. Sin embargo, la escala del problema exige inversión sostenida, coordinación internacional y voluntad política.
Vía unc.edu
Más información: Long‐term decline in montane insects under warming summers – Sockman – 2025 – Ecology – Wiley Online Library



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