
Científicos de Greifswald demuestran que paneles solares en turberas rehumedecidas combinan energía renovable y recuperación de biodiversidad.
- 🌱 Turberas rehumedecidas y recuperación de hábitats.
- ☀️ Electricidad renovable en terrenos agrícolas degradados.
- 🐦 Regreso de aves amenazadas y nuevas zonas de alimentación.
- 🌍 Menos emisiones procedentes de la degradación de la materia orgánica.
- 🚜 Nueva fuente de ingresos para propietarios y agricultores.
- 🔬 Resultados prometedores, todavía limitados a pocos proyectos.
Instalar paneles solares en turberas restauradas podría producir electricidad mientras recupera uno de los mayores almacenes naturales de carbono
Las turberas ocupan una pequeña parte de la superficie terrestre, pero desempeñan un papel desproporcionadamente importante en la regulación del clima. Cuando permanecen saturadas de agua, la materia vegetal se descompone muy lentamente y el carbono queda almacenado en el suelo durante siglos o incluso milenios.
El problema aparece cuando estos ecosistemas se drenan para destinarlos a la agricultura, la ganadería o la extracción de turba. Al entrar oxígeno en el suelo, comienza la descomposición de la materia orgánica acumulada y se liberan grandes cantidades de dióxido de carbono.
Una investigación desarrollada por la Universidad de Greifswald, en Alemania, plantea una posibilidad poco explorada hasta ahora: rehumedecer antiguas turberas agrícolas e instalar sobre ellas parques solares fotovoltaicos.
Los primeros resultados indican que esta combinación podría reducir las emisiones asociadas al drenaje, producir electricidad renovable y crear hábitats aprovechados por diferentes especies de aves.
Un parque solar convertido en refugio para las aves
El estudio analizó entre marzo y octubre de 2024 un parque fotovoltaico construido sobre una turbera rehumedecida del norte de Alemania.
El terreno estaba rodeado de turberas drenadas y utilizadas de forma intensiva para producir hierba destinada a la alimentación del ganado.
Los investigadores instalaron grabadoras acústicas para registrar las aves presentes en ambos entornos. Posteriormente, utilizaron herramientas de aprendizaje automático para identificar y comparar las especies detectadas.
Los resultados mostraron una comunidad de aves especialmente diversa dentro del parque solar.
Aparecieron especies vinculadas a humedales, terrenos agrícolas e incluso ecosistemas forestales. Entre ellas se encontraban el escribano palustre y el bisbita pratense, una especie amenazada en Alemania.
La presencia de estas aves indica que el proceso de rehumectación está modificando las condiciones ecológicas del terreno.
Pero ocurrió algo más.
Los paneles fotovoltaicos también estaban creando nuevas estructuras dentro del paisaje. Algunas aves utilizaban los módulos como posaderos desde los que localizar insectos, descansar o vigilar el territorio.
El parque solar comenzaba a funcionar como un ecosistema híbrido bastante peculiar: agua, vegetación, estructuras artificiales y espacios abiertos coexistiendo en una misma superficie.
Por qué recuperar las turberas resulta tan importante para el clima
Las turberas almacenan enormes cantidades de carbono gracias a una característica fundamental: sus suelos permanecen saturados de agua.
La falta de oxígeno ralentiza la descomposición de restos vegetales. Capa tras capa, la materia orgánica se acumula y forma depósitos de carbono durante miles de años.
El drenaje rompe ese equilibrio.
Cuando disminuye el nivel del agua, el oxígeno penetra en el suelo y activa la degradación de la turba. El terreno comienza entonces a liberar carbono acumulado durante siglos.
Las turberas drenadas generan aproximadamente el 5 % de las emisiones antropogénicas mundiales de gases de efecto invernadero, pese a ocupar una superficie relativamente pequeña del planeta.
La situación resulta especialmente preocupante en Europa.

Alrededor del 80 % de las turberas del Reino Unido están degradadas, mientras que en Alemania la proporción alcanza aproximadamente el 95 %, principalmente debido al drenaje histórico para usos agrícolas.
Rehumedecer estos terrenos permite elevar nuevamente el nivel del agua y frenar progresivamente la degradación de la materia orgánica.
No es una solución instantánea. Una turbera profundamente alterada puede necesitar décadas para recuperar algunas de sus funciones ecológicas.
Ahí aparece uno de los principales problemas: qué hacer económicamente con esos terrenos durante el proceso de recuperación.

El difícil equilibrio entre agricultura, restauración y producción de energía
La rehumectación cambia completamente las posibilidades productivas de una parcela.
Los cultivos agrícolas convencionales no suelen tolerar suelos permanentemente húmedos. Para muchos propietarios, restaurar una turbera significa perder una fuente de ingresos.
Existen alternativas como la paludicultura, basada en cultivar especies adaptadas a terrenos húmedos, entre ellas carrizo, espadaña o determinadas especies productoras de biomasa.
Sin embargo, estos mercados todavía están poco desarrollados y requieren cadenas de suministro específicas.
La instalación de plantas fotovoltaicas ofrece otra posibilidad.
Los propietarios pueden obtener ingresos mediante la producción de electricidad mientras mantienen elevados los niveles de agua necesarios para conservar la turba.
Alemania ha comenzado a reconocer esta modalidad dentro de su política energética. La legislación alemana de energías renovables contempla incentivos específicos para determinadas instalaciones fotovoltaicas construidas sobre turberas agrícolas drenadas que sean rehumedecidas de forma permanente.
El objetivo resulta bastante claro: hacer económicamente viable abandonar el drenaje de terrenos altamente emisores.

Una hectárea drenada puede emitir carbono durante décadas
El potencial climático de esta estrategia no depende únicamente de la electricidad producida.
Una instalación fotovoltaica convencional evita emisiones al desplazar generación eléctrica procedente de combustibles fósiles.
En una turbera rehumedecida aparece un segundo efecto: reducir las emisiones procedentes de la degradación del suelo.
Las turberas agrícolas drenadas pueden continuar liberando gases de efecto invernadero año tras año mientras el terreno permanezca expuesto al oxígeno.
Por eso, recuperar el nivel freático puede tener un impacto climático acumulativo importante.
La combinación resulta interesante desde la perspectiva del uso del suelo: una misma superficie puede producir electricidad renovable mientras se detiene progresivamente una fuente persistente de emisiones.
Eso sí, el balance climático debe evaluarse durante todo el ciclo de vida del proyecto.
La fabricación de los módulos, las estructuras de soporte, las cimentaciones, los caminos de acceso, las líneas eléctricas y las labores de construcción generan impactos que deben incorporarse al cálculo.
Además, trabajar sobre suelos orgánicos saturados de agua requiere soluciones técnicas específicas para evitar daños durante la construcción.
Qué impacto puede tener en el medio ambiente
Los primeros resultados muestran un posible aumento de la diversidad de aves frente a las turberas agrícolas drenadas y gestionadas intensivamente.
La recuperación del agua modifica la vegetación, aumenta la disponibilidad de insectos y genera nuevos lugares de alimentación y refugio.
Las estructuras fotovoltaicas añaden pequeñas diferencias de sombra, humedad y temperatura. También crean posaderos y espacios protegidos frente al viento.
Todo ello puede favorecer la aparición de diferentes microhábitats.
Pero existen riesgos.
Una densidad excesiva de paneles podría limitar el desarrollo de la vegetación, alterar la distribución del agua o reducir el espacio disponible para determinadas especies.
Las obras también pueden compactar el suelo y dañar las capas de turba si se utiliza maquinaria pesada sin una planificación adecuada.
Otro factor relevante es la conectividad ecológica.
Los parques solares deberían evitar vallados completamente impermeables para la fauna, incorporar corredores ecológicos y mantener zonas abiertas sin módulos.
La gestión de la vegetación también importa. El uso de herbicidas o siegas frecuentes reduciría buena parte de los posibles beneficios para la biodiversidad.
Por esta razón, el diseño del parque solar puede ser tan importante como la propia instalación de los paneles.
No todas las turberas deberían convertirse en parques solares
Los investigadores insisten en una cuestión fundamental.
Las turberas saludables y los ecosistemas con elevado valor ecológico deben quedar fuera de este tipo de proyectos.
También deberían evitarse terrenos con buenas posibilidades de recuperar rápidamente hábitats naturales de gran calidad.
La prioridad está en las turberas agrícolas intensamente drenadas, degradadas y responsables de emisiones elevadas de gases de efecto invernadero.
En esos lugares, la comparación relevante no es entre un parque solar y una turbera natural intacta.
La comparación debe hacerse entre mantener durante décadas una explotación agrícola sobre suelo drenado o recuperar el nivel del agua y encontrar una actividad económica compatible con esa restauración.
Ahí cambia bastante la perspectiva.
Una tecnología que apenas empieza a probarse
La principal limitación del estudio alemán es su escala.
Los investigadores analizaron un único parque solar y reconocen que actualmente existen alrededor de cinco instalaciones fotovoltaicas construidas sobre turberas rehumedecidas.
Todavía no existen datos suficientes para determinar si los beneficios observados pueden reproducirse en otros territorios.
Las características del suelo, la profundidad de la turba, el nivel del agua, la separación entre paneles, la vegetación y el paisaje circundante pueden cambiar completamente los resultados.
Por eso, el equipo de investigación pretende ampliar el seguimiento a nuevas instalaciones y estudiar otros grupos de animales.
Los murciélagos y los insectos tendrán especial importancia.
Los insectos constituyen la base alimentaria de numerosas aves y murciélagos, por lo que conocer su evolución permitirá entender mejor el funcionamiento ecológico de estos nuevos espacios.
También será necesario estudiar durante varios años cómo cambia la vegetación bajo los módulos y cómo evoluciona la capacidad del suelo para conservar carbono.
Europa tiene millones de hectáreas de turberas degradadas
El debate tiene una dimensión mucho mayor que este pequeño proyecto alemán.
Europa cuenta con extensas superficies de turberas drenadas destinadas principalmente a agricultura, ganadería y explotación forestal.
Países como Alemania, Países Bajos, Finlandia, Irlanda, Polonia y Reino Unido afrontan el problema de reducir las emisiones procedentes de estos suelos sin provocar pérdidas económicas importantes para las comunidades rurales.
La restauración de turberas forma parte de las políticas europeas de recuperación de ecosistemas y reducción de emisiones.
El Reglamento europeo de Restauración de la Naturaleza, en vigor desde 2024, establece objetivos específicos para restaurar suelos orgánicos agrícolas drenados durante las próximas décadas.
Una parte de esas superficies deberá ser rehumedecida.
La cuestión económica será decisiva.
Instalar fotovoltaica sobre determinados terrenos degradados podría ayudar a financiar la transición hacia nuevos modelos de gestión del territorio, siempre que exista una planificación ambiental rigurosa.

Paneles solares diseñados pensando también en la biodiversidad
La siguiente fase de esta tecnología probablemente no consistirá únicamente en instalar módulos convencionales sobre terrenos húmedos.
Los investigadores quieren determinar qué características pueden mejorar el valor ecológico de las instalaciones.
- Mayor separación entre filas.
- Corredores libres de paneles.
- Zonas de agua abierta.
- Vegetación adaptada a suelos saturados.
- Estructuras que permitan el movimiento de pequeños mamíferos y anfibios.
- Sistemas de cimentación que reduzcan la alteración de la turba.
- Incluso la altura y orientación de los módulos podría influir en las especies presentes.
La fotovoltaica comienza así a plantearse como una infraestructura que puede diseñarse teniendo en cuenta la producción eléctrica, el carbono del suelo y la biodiversidad.
Tres variables que durante años se han gestionado por separado.
Vía British Ecological Society
Más información: Bird diversity can benefit from rewetted peatlands with solar parks compared to drained grassland use – A case study from northern Germany, Ecological Solutions and Evidence (2026). DOI: 10.1002/2688-8319.70259



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