
Equipo de la Universidad Nacional de Rosario desarrolla biotecnología con hongos para descontaminar colillas y facilitar su tratamiento municipal.
- Colillas de cigarrillo, residuo masivo.
- Filtros plásticos, tóxicos persistentes.
- Hongos comestibles como herramienta.
- Biodegradación + descontaminación.
- Ensayos reales, laboratorio público.
- Escalabilidad municipal posible.
Exactamente. Lo que a primera vista suena a broma —hongos “comiéndose” colillas— es, en realidad, una línea de investigación muy interesante y necesaria. En laboratorios de la Universidad Nacional de Rosario, un equipo científico trabaja con hongos capaces de reducir la toxicidad de las colillas de cigarrillo, uno de los residuos más abundantes y problemáticos del entorno urbano.
Las colillas no son solo una molestia estética. Son microresiduos persistentes, cargados de sustancias tóxicas, que terminan en el suelo, en los desagües y, finalmente, en ríos y mares. En Argentina, donde aproximadamente el 22 % de la población adulta fuma, el volumen acumulado es enorme. Algunas ciudades ya han optado por prohibir fumar en playas, precisamente para frenar una contaminación silenciosa que no se ve, pero se queda.
Dónde empieza el problema
Todo arranca en algo tan simple como un contenedor específico para colillas. Cuando los residuos se recolectan de forma diferenciada, la municipalidad puede almacenarlos y derivarlos al laboratorio. Ahí comienza el proceso.
Las colillas concentran dos grandes focos de impacto ambiental. Por un lado, el filtro de acetato de celulosa, un plástico de degradación extremadamente lenta. Por otro, los compuestos tóxicos retenidos durante la combustión del cigarrillo: nicotina, metales pesados, hidrocarburos aromáticos, entre muchos otros. Una combinación difícil de tratar con métodos convencionales.
Los protagonistas invisibles: los hongos
Los verdaderos protagonistas: hongos comestibles del género Pleurotus. No es una elección casual. Estos hongos son conocidos por su capacidad de degradar compuestos complejos gracias a su sistema enzimático.
El objetivo es claro: lograr que el hongo use las colillas como sustrato, como fuente de alimento. Mientras crece, el micelio va colonizando el residuo y transformando un cúmulo tóxico en un material ambientalmente más compatible. No lo hace de un día para otro, pero lo hace.
Alimentar al hongo, reducir el daño
El proceso consiste en mezclar la semilla miceliada con colillas previamente preparadas y esterilizadas. Después, incubación. Tiempo y paciencia. En los ensayos iniciales, algunas especies mostraron crecimiento rápido en unos 15 días, y a los 30 días el sustrato podía quedar completamente colonizado.
Ese material, lejos de ser un punto final, se convierte en nueva semilla para inocular más colillas. Así, el sistema no solo funciona, sino que se amplifica. Cuanto mayor es la proporción de hongo, más rápido avanza el proceso. Adaptación pura. Los hongos son expertos en sobrevivir donde otros organismos no pueden.
¿Cómo se comprueba que funciona?
La clave no es que el hongo crezca, sino que la toxicidad disminuya de verdad. Para eso se usan ensayos de fitotoxicidad, pruebas sencillas pero avaladas por organismos internacionales. Se observa si un extracto de colillas permite o no la germinación de semillas.
El resultado es contundente: las colillas sin tratar inhiben la germinación. Tras el contacto con el hongo, las semillas vuelven a brotar. Esa diferencia marca un antes y un después. No es solo degradación física, es reducción real del impacto ambiental.
¿Puede escalarse este sistema?
En teoría, sí. Y ahí está una de las grandes fortalezas del proyecto. El hongo no necesita energía externa ni reactivos complejos. Solo tiempo, condiciones controladas y residuos disponibles. Eso abre la puerta a aplicaciones a escala municipal, especialmente en ciudades turísticas, zonas costeras o grandes núcleos urbanos.
Incluso aparece una idea incómoda, pero necesaria: la responsabilidad de la industria tabacalera. Sistemas de retorno de colillas, programas de tratamiento obligatorio, o financiación de este tipo de soluciones. El residuo existe porque el producto existe. No es una discusión moral, es una cuestión ambiental.



Juan Goncalves dice
me parece que se estan equivocando de contaminación, que puede contaminar las colillas de cigarrillos en comparación de fabricas que liberan desechos a rios, canales, arroyos