
Investigadores de Cambridge descubren un método sorprendentemente simple para duplicar la vida útil de las baterías de coches eléctricos, aplicar la presión adecuada y constante.
- 🔋 Hasta el doble de vida útil de las baterías.
- ⚙️ Presión constante durante carga y descarga.
- 📉 Menor degradación de los materiales internos.
- ⛏️ Menos demanda de minería de litio, níquel y cobalto.
- ♻️ Reducción de residuos de baterías.
- 🚗 Impacto directo en el mercado del vehículo eléctrico.
- 🔬 Investigación liderada por la Universidad de Cambridge.
- 🌍 Más sostenibilidad sin cambiar la química de la batería.
Un simple ajuste mecánico podría duplicar la vida útil de las baterías de los coches eléctricos y reducir la necesidad de extraer litio, níquel y cobalto
La presión, un factor olvidado que podría revolucionar las baterías
Durante años, gran parte de la investigación sobre baterías de ion-litio se ha centrado en descubrir nuevos materiales, desarrollar electrolitos más estables o modificar la composición de los electrodos. Sin embargo, un equipo de investigadores liderado por la Universidad de Cambridge ha demostrado que una variable mucho más sencilla podría marcar una diferencia enorme: aplicar la presión mecánica adecuada sobre la batería durante toda su vida útil.
Los ensayos realizados muestran que mantener una presión constante y cuidadosamente controlada puede duplicar la duración de determinadas baterías utilizadas en vehículos eléctricos. Una mejora de esta magnitud resulta poco habitual en este sector, donde los avances suelen medirse en incrementos relativamente modestos.
Lo interesante es que el sistema no requiere una nueva generación de baterías. Los investigadores emplearon celdas comerciales, exactamente las mismas que ya se fabrican, y actuaron únicamente sobre el entorno mecánico que las rodea.
Las baterías también «respiran»
Cada vez que un coche eléctrico acelera, recupera energía o se conecta a un cargador, millones de iones de litio viajan entre el ánodo y el cátodo. Ese movimiento provoca pequeñas variaciones de volumen dentro de la batería.
Puede parecer insignificante, aunque ese proceso se repite miles de veces durante años. Es como si la batería respirara continuamente: se expande ligeramente y después vuelve a contraerse.

Ese movimiento genera tensiones mecánicas que, con el paso del tiempo, favorecen la aparición de grietas microscópicas, deformaciones y otros mecanismos de degradación que reducen la capacidad de almacenamiento.
Los investigadores plantearon una pregunta sencilla: ¿qué ocurriría si ese movimiento estuviera mejor controlado?
Encontrar el punto exacto cambia por completo el resultado
Para comprobarlo diseñaron un dispositivo neumático equipado con pequeños fuelles de aire capaces de ejercer una presión constante sobre las llamadas pouch cells, unas baterías con formato de bolsa muy utilizadas en automoción.
El sistema también incorporaba sensores capaces de detectar cambios de volumen extremadamente pequeños durante cada ciclo de carga y descarga.
Los experimentos revelaron algo muy llamativo: existe una zona óptima de presión.
Cuando la presión ronda los 12,5 bares, la degradación disminuye de forma muy notable. Si la presión aumenta demasiado aparecen depósitos metálicos de litio sobre el ánodo, un fenómeno conocido como lithium plating, que acelera el deterioro y puede comprometer la seguridad. Si resulta insuficiente, el cátodo comienza a fracturarse lentamente.
En otras palabras, la batería necesita trabajar dentro de una especie de equilibrio mecánico muy concreto.
Una mejora que podría aplicarse sin reinventar las baterías
Uno de los aspectos más prometedores del estudio es que no modifica la química interna de las baterías.
Eso abre la puerta a que futuros fabricantes puedan incorporar sistemas de presión activa o adaptativa dentro del diseño del paquete de baterías sin tener que desarrollar nuevas celdas desde cero.
Actualmente muchos vehículos ya incluyen estructuras que comprimen ligeramente las baterías para mejorar su estabilidad. La diferencia es que este trabajo plantea un control dinámico y mucho más preciso, capaz de adaptarse continuamente a las variaciones que experimenta la batería durante su funcionamiento.
Esta línea de investigación podría complementar otras innovaciones recientes, como los sistemas avanzados de refrigeración, los algoritmos inteligentes de gestión de carga (BMS) o las arquitecturas de 800 voltios, que buscan aumentar la eficiencia y reducir el desgaste.
Una noticia especialmente importante para el mercado de segunda mano
La duración de la batería continúa siendo una de las principales preocupaciones entre quienes se plantean comprar un vehículo eléctrico usado.
Si las baterías consiguen mantener una mayor parte de su capacidad durante muchos más años, aumentará el valor de los vehículos de ocasión y se prolongará su vida útil antes de necesitar una sustitución o una segunda vida como sistema de almacenamiento estacionario.
Además, una batería que conserva un alto porcentaje de su rendimiento también permite aprovechar mejor la inversión realizada durante su fabricación, que representa una parte importante de la huella ambiental del vehículo.
Del laboratorio a los coches eléctricos
Los resultados todavía corresponden a pruebas realizadas en laboratorio, por lo que aún será necesario comprobar cómo funciona este sistema en baterías de gran tamaño sometidas a miles de kilómetros de conducción, vibraciones, cambios de temperatura y cargas rápidas.
Los investigadores ya han solicitado una patente a través de la oficina de transferencia tecnológica de la Universidad de Cambridge, un paso que suele indicar el interés por llevar la innovación hacia aplicaciones industriales.
Si los fabricantes consiguen integrar este tipo de soluciones en futuras plataformas de vehículos eléctricos, podría tratarse de una mejora relativamente sencilla y con un impacto muy superior al que cabría esperar de un simple ajuste mecánico.
Más información: Heng Wang et al, The interplay between stack pressure, mechanical expansion and degradation pathways in lithium-ion batteries, Nature Energy (2026). DOI: 10.1038/s41560-026-02087-6



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