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Nuevo estudio descubre que los cultivos de palma, soja y coco son responsables del 75% de la pérdida de biodiversidad causada por aceites vegetales

30 junio, 2026 1 comentario

3.9/5 - (11 votos)
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Imagen: Nelzajamal Shutterstock

Investigadores suizos estiman que los cultivos de aceite vegetal ya han provocado la desaparición del 1,5% de las especies del planeta.

  • 🌿 1,5 % de la biodiversidad mundial afectada por los cultivos oleaginosos.
  • 🌍 Aumento del 80 % del impacto entre 1995 y 2020.
  • 🌴 Palma aceitera, soja y coco, responsables de tres cuartas partes del problema.
  • 🛒 Consumo por persona, principal factor de presión.
  • 🐒 Bosques tropicales, los ecosistemas más perjudicados.
  • 🌱 Producción más sostenible y menor deforestación, claves para reducir el impacto.

El aceite de palma, el coco y la soja provocan mucha más pérdida de biodiversidad de lo que se pensaba, según un estudio

Un problema silencioso que amenaza millones de especies

Cuando se habla de crisis ambiental, el foco suele ponerse en las emisiones de gases de efecto invernadero. Sin embargo, la pérdida de biodiversidad avanza a un ritmo igual de preocupante. Un nuevo estudio liderado por investigadores de la ETH de Zúrich concluye que los cultivos destinados a producir aceites vegetales están detrás de aproximadamente el 1,5 % de la pérdida global de especies animales y vegetales, una cifra considerablemente superior a la estimada hasta ahora.

Los aceites obtenidos de palma aceitera, soja y coco forman parte de miles de productos cotidianos. Se utilizan en alimentos procesados, cosméticos, productos de limpieza, medicamentos, biocombustibles e incluso en la alimentación del ganado. Precisamente esa enorme demanda mundial ha impulsado durante décadas la expansión de estos cultivos hacia áreas de gran valor ecológico.

Según los investigadores, la desaparición de especies representa un desafío ambiental de una magnitud comparable al cambio climático. La diferencia es que sus efectos suelen ser menos visibles para el consumidor final.

Deforestación por cultivos de palma
Deforestación por cultivos de palma. Imagen: Rich Carey Shutterstock

Cómo se calculó un impacto que hasta ahora había pasado desapercibido

El trabajo combina imágenes de satélite, estadísticas agrícolas internacionales, datos históricos sobre el uso del suelo y modelos económicos que permiten seguir el recorrido de los cultivos desde la plantación hasta el producto final que llega al supermercado.

Además, los científicos utilizaron factores de pérdida de especies adaptados a cada región del planeta para estimar cuánto contribuye cada tipo de agricultura a la degradación de los ecosistemas. Este enfoque ofrece una visión mucho más completa que los estudios centrados únicamente en la deforestación.

Otro aspecto relevante es que la investigación analiza toda la cadena global de suministro. Así puede identificarse, por ejemplo, cómo la soja cultivada en Brasil termina alimentando ganado en Europa o China antes de convertirse en carne destinada al consumo.

Tres cultivos concentran la mayor parte del problema

Aunque el estudio evaluó 19 cultivos productores de aceite, únicamente tres concentran alrededor del 75 % del impacto sobre la biodiversidad mundial.

La palma aceitera ocupa el primer lugar debido a su enorme expansión en regiones tropicales del sudeste asiático, donde los bosques albergan algunas de las mayores concentraciones de especies del planeta.

La soja, por su parte, está estrechamente vinculada al crecimiento de la producción ganadera intensiva. Gran parte de la cosecha mundial no termina en alimentos para consumo humano directo, llega a la fabricación de piensos para aves, cerdos y ganado vacuno.

El coco puede sorprender por aparecer entre los principales responsables. Aunque suele asociarse a una imagen más natural o artesanal, muchas plantaciones se ubican en islas tropicales con una biodiversidad extraordinariamente elevada y numerosas especies endémicas, especialmente vulnerables cuando el hábitat se transforma en terreno agrícola.

Imagen: Ishwar Thakkar Shutterstock

El consumo mundial pesa más que el crecimiento de la población

Uno de los resultados más llamativos del estudio desmonta una idea muy extendida. Entre 1995 y 2020, el impacto de estos cultivos sobre la biodiversidad aumentó cerca de un 80 %, pero ese crecimiento no se explica principalmente por el aumento de la población mundial.

El factor decisivo ha sido el incremento del consumo por habitante. Cada persona utiliza hoy más productos que contienen aceites vegetales que hace apenas unas décadas. Esa mayor demanda impulsa nuevas plantaciones, intensifica la producción agrícola y mantiene una presión constante sobre ecosistemas especialmente sensibles.

Los investigadores destacan además que más de la mitad de estos impactos ambientales se producen lejos del lugar donde finalmente se consumen los productos. En otras palabras, muchos ciudadanos europeos, estadounidenses o chinos apenas perciben las consecuencias ecológicas que genera su patrón de consumo en países tropicales.

Plantación Palma Indonesia. Imagen: Rich Carey Shutterstock

Los bosques tropicales siguen siendo el punto más vulnerable

Las regiones tropicales concentran gran parte del problema porque reúnen dos características que las convierten en especialmente delicadas: albergan una enorme riqueza biológica y, al mismo tiempo, son las principales zonas donde prosperan estos cultivos.

La expansión agrícola suele implicar la sustitución de bosques primarios, humedales o selvas por monocultivos. Ese cambio modifica completamente el paisaje, fragmenta los hábitats y reduce las posibilidades de supervivencia de numerosas especies.

Además, incluso cuando deja de producirse nueva deforestación, la presión no desaparece. Los terrenos agrícolas continúan ocupando espacio durante décadas, limitando la recuperación natural de los ecosistemas y dificultando el regreso de muchas especies.

Europa también forma parte de la ecuación

El estudio identifica a la Unión Europea, China y Estados Unidos como los principales responsables del impacto ambiental externalizado asociado a estos cultivos.

En el caso europeo, gran parte de la demanda está relacionada con el aceite de palma, utilizado tanto en alimentación como en productos industriales. China destaca por la enorme importación de soja destinada a alimentación animal, impulsada por el crecimiento del consumo de carne.

En los últimos años, la Unión Europea ha comenzado a introducir cambios regulatorios para reducir este problema. Uno de los más relevantes es el Reglamento Europeo sobre productos libres de deforestación, que obligará a demostrar que determinadas materias primas —entre ellas la soja y el aceite de palma— no proceden de terrenos deforestados después de la fecha de referencia fijada por la normativa. El objetivo es aumentar la trazabilidad de las cadenas de suministro y reducir la presión sobre los bosques tropicales.

Qué impacto puede tener en el medio ambiente

Las consecuencias van mucho más allá de la desaparición de determinadas especies.

La transformación de ecosistemas naturales reduce la capacidad de los bosques para capturar dióxido de carbono, altera el ciclo del agua, incrementa la erosión del suelo y disminuye la resiliencia frente a fenómenos climáticos extremos.

También afecta a los polinizadores, esenciales para numerosos cultivos agrícolas, y rompe complejas relaciones ecológicas entre plantas, animales, hongos y microorganismos que tardaron miles de años en desarrollarse.

En muchas regiones tropicales, la pérdida de biodiversidad también repercute directamente sobre las comunidades locales, cuya alimentación, economía y disponibilidad de agua dependen del buen estado de los ecosistemas.

Vía ETH Zurich

Más información: Wang S, Cabernard L, Bruckner M, Ajie M, Pfister S: Oil crop supply chains drive rising global biodiversity loss and outsource impacts to the tropics, Nature Food, 19. Juni 2026, DOI: external page 10.1038/s43016-026-01375-4

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Publicado en: Medio Ambiente, Artículos destacados

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Comentarios

  1. Raul Perdomo Salinas dice

    8 julio, 2026 a las 16:23

    Y súmele a eso el daño al medio ambiente que causa el uso del biodiesel.

    Responder

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