
Científicos de Cambridge prueban biofertilizantes con hongos naturales que incrementan el rendimiento del arroz y reducen emisiones agrícolas.
- 🌾 Hongos beneficiosos + arroz.
- 🌍 Menos fertilizantes químicos.
- 💧 Ahorro de agua en cultivos.
- 📉 Reducción potencial de emisiones.
- 🧪 Agricultura regenerativa en marcha.
- 🚜 Mayor resiliencia para agricultores.
- 🌱 Suelos vivos, más biodiversidad.
- 🇮🇳 Ensayos reales en campos de India.
Los hongos del suelo que podrían transformar el cultivo del arroz y reducir la dependencia de fertilizantes químicos
Un grupo de investigadores de la Universidad de Cambridge, junto a agricultores de arroz basmati en India y la empresa alimentaria Tilda, está demostrando algo que durante décadas pasó desapercibido en muchos sistemas agrícolas modernos: el suelo no es solo soporte físico. Es un ecosistema complejo, lleno de relaciones invisibles capaces de mejorar la productividad agrícola sin disparar el uso de químicos.
Los ensayos realizados en el norte de India utilizaron biofertilizantes basados en hongos micorrícicos arbusculares, microorganismos naturales que viven asociados a las raíces de las plantas y les ayudan a captar nutrientes y agua con mucha más eficiencia. En las parcelas donde se aplicaron junto con fertilizantes convencionales, los agricultores observaron incrementos de producción de entre un 5% y un 15% respecto a los cultivos tratados únicamente con fertilizantes sintéticos.
No parece una revolución a simple vista. Pero lo es. Porque el arroz alimenta a más de la mitad de la población mundial y su producción genera enormes impactos ambientales.
Un aliado microscópico que amplía las raíces de las plantas
Las micorrizas funcionan como una extensión subterránea del sistema radicular. Los hongos penetran en las raíces y crean redes diminutas que exploran zonas del suelo inaccesibles para la planta. Ahí capturan fósforo, nitrógeno y otros nutrientes esenciales.
El intercambio es casi perfecto. El hongo recibe azúcares producidos por la planta mediante fotosíntesis y, a cambio, mejora la absorción de recursos. Una simbiosis afinada durante millones de años.
En agricultura intensiva, este equilibrio natural suele romperse por el exceso de fertilizantes químicos, pesticidas y laboreo agresivo. Los microorganismos del suelo pierden diversidad y el cultivo acaba dependiendo cada vez más de insumos externos. Más fertilizante. Más coste. Más emisiones. El círculo típico.
Por eso estos resultados están llamando tanto la atención dentro del sector agrícola.
El arroz y su enorme huella climática
El arroz es uno de los cultivos más delicados desde el punto de vista climático. Los campos inundados emiten grandes cantidades de metano, un gas de efecto invernadero mucho más potente que el CO₂ a corto plazo. Además, la fabricación y uso de fertilizantes nitrogenados libera óxido nitroso, otro gas extremadamente problemático para el clima.
En los últimos años, distintos países asiáticos están impulsando sistemas de cultivo menos dependientes de la inundación continua. Uno de ellos es el método conocido como Alternate Wetting and Drying (AWD), basado en alternar periodos húmedos y secos en los arrozales.
Este sistema reduce el consumo de agua y puede disminuir las emisiones de metano alrededor de un 45%. También reduce el gasto energético asociado al bombeo de agua.
Pero aquí aparece un detalle interesante. Cuando el suelo pasa por fases más secas, aumentan ciertos procesos microbianos que pueden liberar más óxido nitroso. Y ahí es donde los hongos micorrícicos podrían jugar un papel clave: mejorar la eficiencia del uso de nutrientes para que el agricultor necesite menos fertilizante químico. Menos nitrógeno aplicado, menos emisiones potenciales.
Todo empieza a conectar.
Agricultura más eficiente en un mundo con fertilizantes cada vez más caros
La guerra en Ucrania, las tensiones energéticas globales y la volatilidad del gas natural dejaron claro hasta qué punto el sistema alimentario depende de los fertilizantes industriales. Muchos agricultores vieron cómo los precios se disparaban en muy poco tiempo.
Eso abrió una conversación importante: producir más usando mejor el suelo en lugar de añadir continuamente más productos externos.
Los biofertilizantes están entrando con fuerza en esa discusión. Países como India, Brasil o China llevan años ampliando programas relacionados con microorganismos agrícolas, inoculantes y prácticas regenerativas. La Unión Europea también impulsa estrategias para reducir fertilizantes químicos dentro de políticas vinculadas al Pacto Verde y la restauración de ecosistemas agrícolas.
No se trata de volver a una agricultura “tradicional” idealizada. La cuestión real es combinar ciencia moderna, microbiología y manejo agronómico inteligente para producir alimentos con menos impacto.

Suelos vivos frente a suelos agotados
Una de las consecuencias menos visibles de la agricultura intensiva es la degradación biológica del suelo. Cuando desaparecen bacterias, hongos y pequeños organismos, el terreno pierde estructura, capacidad de retención de agua y resiliencia frente a sequías o enfermedades.
Los investigadores participantes en el proyecto observaron mejoras en el vigor de las plantas y en el desarrollo radicular del arroz tratado con micorrizas.
Esto puede parecer un detalle técnico, aunque tiene implicaciones enormes. Un sistema radicular más profundo permite que la planta soporte mejor periodos de estrés hídrico y aproveche nutrientes presentes en capas inferiores del suelo.
Y en un escenario de olas de calor más frecuentes y lluvias impredecibles, eso importa mucho.
Qué impacto puede tener en el medio ambiente
La expansión de biofertilizantes basados en hongos podría generar varios efectos ambientales positivos al mismo tiempo.
Por un lado, ayudaría a reducir parcialmente el uso de fertilizantes sintéticos, cuya producción consume enormes cantidades de energía fósil. Menos fertilizante significa también menos riesgo de contaminación de acuíferos y ríos por nitratos.
Además, un suelo con mayor actividad biológica suele almacenar mejor el carbono orgánico. No es magia ni una solución instantánea al cambio climático, claro. Pero sí una herramienta útil para recuperar fertilidad y mejorar la estabilidad ecológica de los cultivos.
También hay otro factor importante: el agua. Las técnicas AWD utilizadas en estos ensayos consumen menos recursos hídricos que el arrozal inundado tradicional. En regiones donde las sequías empiezan a tensionar la producción agrícola, cada litro cuenta.
Y luego está la biodiversidad del suelo. Ese mundo invisible. Cuando aumentan hongos y microorganismos beneficiosos, el ecosistema agrícola gana complejidad y resistencia natural frente a enfermedades y degradación.
El reto real: escalar sin perder eficacia
Los resultados obtenidos hasta ahora son prometedores, aunque todavía están en una fase inicial. Los investigadores quieren comprobar si estas mejoras se mantienen a gran escala y durante varios ciclos agrícolas.
Porque una cosa es un ensayo controlado y otra muy distinta millones de hectáreas sometidas a diferentes climas, variedades de arroz y condiciones económicas.
También será clave evitar un error habitual: convertir los biofertilizantes en un producto milagro de marketing verde. Los microorganismos funcionan cuando el manejo agrícola acompaña. Si el suelo sigue degradado, compactado y saturado de químicos, los beneficios pueden reducirse bastante.
La transición agrícola rara vez depende de una sola tecnología. Va más de conexiones entre prácticas. Agua, microbiología, manejo del suelo, variedades resistentes y conocimiento local trabajando juntos.



Servando dice
El uso de alternativas agrícolas es un reto ante la cultura convencional arraigada en agricultores y utilizar biofertilizantes a las prácticas agrícolas es una forma de trabajar hacia formas sostenibles y sustentables en cultivos importantes, en particular es funcional para Cuba, sobre todo en momentos donde las carencias de insumos agroquímicos es alta y no deja muchas opciones a los productores, la tarea es no ser radical en un extremo tecnológico o el otro, sino, lograr que los productores tengan la confianza de combinar métodos y tecnologías en función del resultado productivo.