• Saltar a la navegación principal
  • Saltar al contenido principal
  • Saltar a la barra lateral principal
  • Publica tu artículo
  • Publicidad
  • Contacto
  • Aviso legal
  • Privacidad
  • Cookies

EcoInventos

Tu blog de gadgets ecológicos

Telegram EcoInventos
  • Lo + Visto
  • Renovables
  • Energía solar
  • Fotovoltaica
  • Autoconsumo
  • Arquitectura
BLUETTI

Investigadores de Harvard modifican bacterias marinas para acelerar 2,6 veces la captura de CO2 mediante meteorización de rocas

30 agosto, 2026 Deja un comentario

Valora este contenido
¿Te interesa la sostenibilidad? Añade EcoInventos como fuente preferida para encontrar más fácilmente nuestros artículos en Google.
Añadir a Google

Investigadores de Harvard y Stanford han modificado genéticamente la bacteria marina Alteromonas macleodii para acelerar la meteorización de olivino, un proceso que acaba transformando CO₂ atmosférico en bicarbonato disuelto en el agua.

  • 🦠 Bacterias marinas modificadas genéticamente.
  • 🪨 Olivino como materia prima mineral.
  • ⚡ Meteorización hasta 2,6 veces más rápida.
  • 🌊 CO₂ convertido en bicarbonato en agua de mar.
  • 🧪 4 kg de olivino probados en reactores piloto.
  • 🌍 0,50 g de CO₂ retirados al día en el ensayo.
  • 📈 Hasta un 74 % más de eliminación neta en el escenario industrial modelizado.

Bacterias marinas modificadas aceleran 2,6 veces la meteorización de rocas para retirar CO₂ de la atmósfera

¿Por qué importa?

La meteorización de las rocas lleva millones de años ayudando a regular el CO₂ atmosférico. El problema es la velocidad. La reacción natural resulta demasiado lenta para convertirse por sí misma en una herramienta climática a escala humana.

Investigadores de Harvard y Stanford han demostrado una posible forma de pisar el acelerador: utilizar bacterias marinas modificadas para mantener limpia y reactiva la superficie de un mineral llamado olivino. El resultado es una disolución más rápida y, con ella, una mayor capacidad para transformar CO₂ atmosférico en bicarbonato disuelto en agua de mar.

No se trata todavía de una tecnología preparada para retirar millones de toneladas de carbono. Los experimentos han llegado a escala piloto y las cantidades capturadas siguen siendo pequeñas. Lo interesante está en haber demostrado el mecanismo en agua de mar real y haber identificado qué condiciones necesitaría para crecer sin perder su balance climático.

Acelerar un termostato natural de la Tierra

La idea parte de uno de los mecanismos que han regulado el clima terrestre durante escalas geológicas.

Cuando determinados minerales de silicato entran en contacto con agua y CO₂, se van disolviendo. Durante esas reacciones se liberan elementos como magnesio, hierro y silicio y aumenta la alcalinidad del agua. Parte del carbono termina estabilizado principalmente en forma de bicarbonato.

Es un enorme sistema natural de regulación climática. Y desesperadamente lento para las necesidades actuales.

De ahí el creciente interés por la meteorización mejorada de rocas, conocida internacionalmente como Enhanced Rock Weathering. En lugar de esperar a que las rocas se degraden durante siglos o milenios, se trituran minerales reactivos para aumentar su superficie de contacto y favorecer las reacciones con el CO₂.

La propuesta desarrollada por investigadores del Wyss Institute de Harvard, Harvard Medical School y Stanford Doerr School of Sustainability introduce otra pieza: biología sintética.

Su objetivo no es cambiar la reacción química fundamental. Es eliminar uno de los obstáculos que la frena.

El problema está en una fina capa de hierro

El olivino contiene hierro. A medida que el mineral se disuelve en presencia de oxígeno, parte de ese hierro termina formando óxidos que se depositan sobre su superficie.

En términos sencillos: la roca se va cubriendo de una especie de herrumbre que dificulta que el agua continúe atacándola.

Ahí aparece Alteromonas macleodii, una bacteria habitual de los ambientes marinos.

Esta especie produce unas moléculas llamadas sideróforos, cuya función natural consiste en capturar hierro. Los investigadores observaron que esas moléculas también podían retirar hierro oxidado de la superficie del olivino y mantener el mineral más expuesto al agua.

Había un inconveniente bastante serio.

Cuando las bacterias disponen de hierro suficiente dejan de fabricar sideróforos. Desde el punto de vista biológico tiene sentido: producirlos cuesta recursos y no merece la pena continuar haciéndolo cuando el hierro ya no escasea.

Para una instalación de captura de carbono, esa regulación natural resulta contraproducente.

Una bacteria programada para seguir trabajando

El equipo modificó genéticamente A. macleodii para desacoplar la producción de sideróforos de la disponibilidad de hierro.

De esta forma, las bacterias continúan produciendo petrobactina, el sideróforo utilizado por esta especie, incluso cuando el medio contiene suficiente hierro.

En los experimentos a pequeña escala, la concentración de petrobactina llegó a ser más de 100 veces superior a la observada con las bacterias naturales bajo determinadas condiciones.

El efecto terminó apareciendo en el mineral: la cepa modificada incrementó 2,6 ± 1,0 veces la velocidad de disolución del olivino respecto al control sin bacterias.

La modificación no hace que la bacteria capture directamente el CO₂. Su trabajo es más indirecto: mantiene el olivino químicamente activo durante más tiempo. Es la disolución del mineral la que genera alcalinidad y permite que una mayor cantidad de carbono atmosférico termine almacenada en el agua.

Del pequeño reactor al agua del puerto de Boston

Una parte especialmente relevante del trabajo llegó cuando el sistema abandonó los pequeños experimentos de laboratorio.

Los investigadores construyeron reactores de aproximadamente 11 litros, colocaron más de 4 kg de arena de olivino de calidad comercial en cada uno y los llenaron con agua sin tratar procedente del puerto de Boston.

El agua circulaba continuamente. Cada reactor recibía aproximadamente 1,5 litros diarios, mientras el olivino permanecía en el fondo.

En estas condiciones mucho más próximas a un posible proceso industrial, las bacterias modificadas aumentaron aproximadamente 3,1 veces la liberación de magnesio procedente del olivino.

Más importante todavía: los investigadores pudieron medir directamente el aumento de alcalinidad.

Los reactores consiguieron retirar alrededor de 0,50 g de CO₂ atmosférico al día.

La cantidad es diminuta desde una perspectiva climática. El valor científico está en otra parte: el sistema produjo una señal medible de retirada de CO₂ utilizando olivino comercial, microorganismos modificados y agua de mar real en flujo continuo.

No cualquier alimento sirve para las bacterias

Uno de los resultados menos llamativos visualmente puede terminar siendo de los más importantes para decidir si esta tecnología tiene futuro.

Las bacterias necesitan nutrientes. Y producir esos nutrientes también genera emisiones.

Los primeros ensayos utilizaron glucosa. Funcionaba para alimentar los microorganismos, pero presentaba dos problemas. Su producción tenía una huella de carbono demasiado elevada y su metabolismo generaba compuestos ácidos capaces de contrarrestar parte de la alcalinidad que se pretendía producir.

Un sistema diseñado para retirar CO₂ que necesite demasiados recursos intensivos en carbono acaba perdiendo buena parte de su sentido.

El equipo estudió entonces el acetato de origen renovable, que puede obtenerse mediante procesos biológicos o electroquímicos utilizando CO₂ como materia prima. A. macleodii fue capaz de crecer con este alimento y mantener la actividad necesaria para acelerar la disolución mineral.

Este detalle marca una diferencia importante. La viabilidad climática no depende únicamente de cuánto carbono absorbe el reactor. Depende de cuánto carbono cuesta operar todo el proceso.

La escala industrial cambia completamente las cuentas

Los investigadores realizaron un análisis de ciclo de vida para comprobar qué ocurriría al aumentar drásticamente el tamaño.

El escenario teórico estudiado contempla aproximadamente 150 toneladas de olivino bajo una capa de agua de mar en circulación de unos 24.000 litros.

Sin intervención biológica, el modelo calcula una eliminación neta aproximada de 0,65 kg de CO₂ diarios.

Con las bacterias modificadas y un suministro de carbono renovable adecuado, la estimación asciende hasta 1,13 kg diarios, alrededor de un 74 % más.

Hay que interpretar correctamente estas cifras. No proceden de una instalación industrial existente. Son resultados de un modelo de ciclo de vida construido a partir de los datos experimentales.

Y dejan claro que queda mucho trabajo.

Una instalación con 150 toneladas de mineral retirando del orden de un kilogramo diario todavía estaría muy lejos de las productividades necesarias para competir económicamente con otras formas de eliminación de carbono.

Precisamente por eso el siguiente salto tecnológico no consiste únicamente en construir tanques más grandes. Tendrá que aumentar radicalmente la cantidad de superficie mineral que realmente participa en las reacciones.

Un problema aparentemente trivial: gran parte de la roca apenas trabaja

Los experimentos piloto revelaron otra limitación interesante.

La mayor parte de la disolución probablemente ocurrió en menos de 1 cm de la capa superior del olivino. El mineral situado debajo participaba mucho menos en el proceso.

Eso cambia bastante la perspectiva del escalado.

Acumular toneladas de olivino en un depósito no garantiza proporcionalmente más captura de carbono. Será necesario diseñar reactores capaces de mantener una gran superficie mineral accesible al agua y a los microorganismos sin disparar el consumo energético mediante agitación, trituración o bombeo.

Ahí podría encontrarse una de las principales oportunidades de ingeniería: geometrías de reactor diferentes, partículas optimizadas, sistemas de flujo pasivo o semicontinuo y aprovechamiento de infraestructuras costeras existentes.

De capturar carbono a recuperar minerales valiosos

La meteorización libera diferentes elementos presentes en las rocas. El equipo ya estudia si el proceso podría aprovecharse también para recuperar metales de interés económico.

Esta posibilidad merece atención porque la economía de la eliminación de carbono sigue siendo complicada.

Si una instalación pudiera combinar retirada verificable de CO₂ con tratamiento mineral o recuperación de determinados materiales, aparecerían ingresos adicionales capaces de reducir el coste por tonelada capturada.

La ubicación también será determinante. Transportar enormes cantidades de roca a grandes distancias puede añadir emisiones y costes que deterioren rápidamente el balance ambiental.

Por eso una futura instalación tendría más sentido cerca de fuentes adecuadas de minerales, infraestructuras portuarias y grandes volúmenes de agua de mar, utilizando electricidad baja en carbono y evitando tratamientos intensivos del agua.

Ficha técnica

Cómo funciona

Una cepa modificada de la bacteria marina Alteromonas macleodii produce continuamente sideróforos, moléculas capaces de capturar hierro. Estas moléculas retiran parte del hierro oxidado que recubre el olivino y ralentiza su disolución. Al mantenerse expuesta la superficie mineral, aumenta la meteorización. La reacción libera magnesio y otros componentes y eleva la alcalinidad del agua, favoreciendo que CO₂ atmosférico quede almacenado principalmente como bicarbonato disuelto.

En cifras

  • 2,6 ± 1,0 veces mayor velocidad de disolución del olivino en los ensayos controlados.
  • Más de 4 kg de olivino utilizados en cada reactor piloto.
  • Aproximadamente 0,50 g de CO₂ retirados del aire cada día en los reactores piloto con bacterias modificadas.
  • Aproximadamente 3,1 veces más disolución de magnesio en los experimentos piloto.
  • Modelo industrial estudiado: 150 toneladas de olivino y unos 24.000 litros de agua de mar.
  • Eliminación neta modelizada: 1,13 kg de CO₂/día, un 74 % superior al escenario de referencia de 0,65 kg/día.

Qué tiene de diferente

La meteorización mejorada convencional intenta acelerar las reacciones principalmente aumentando la superficie del mineral mediante trituración y dispersión. Este método añade un acelerador biológico: microorganismos diseñados para evitar que los óxidos de hierro pasiven la superficie del olivino.

El proceso se realiza además dentro de reactores, permitiendo controlar el agua, los microorganismos, el mineral y la alcalinidad producida.

Comparación directa con la tecnología convencional

  • Meteorización convencional: reacción natural muy lenta, poco control sobre las condiciones y dificultades para medir con precisión el CO₂ retirado.
  • Meteorización mejorada tradicional: roca triturada distribuida sobre suelos o ambientes costeros; mayor superficie reactiva, aunque la velocidad y la medición de la captura continúan siendo retos importantes.
  • Biometeorización propuesta: olivino + agua de mar + bacterias modificadas en reactor. La ventaja experimental es una disolución mineral hasta 2,6 veces más rápida y una mayor capacidad para controlar y medir el proceso. A cambio, aparecen necesidades adicionales de nutrientes, infraestructura y bioseguridad.

Limitaciones

La captura demostrada todavía es muy pequeña: alrededor de 0,50 g de CO₂ diarios por reactor piloto.

El escenario industrial es una simulación basada en análisis de ciclo de vida, no una planta construida.

El suministro de nutrientes puede destruir el beneficio climático si su producción genera demasiadas emisiones.

Gran parte del olivino situado en las capas inferiores del reactor participa poco en la reacción.

La extracción, trituración y transporte del mineral tienen costes energéticos y ambientales.

La disolución del olivino puede liberar níquel y otros metales traza que deben controlarse.

El empleo de bacterias modificadas genéticamente exige evaluar bioseguridad, persistencia ambiental y posibles interacciones con los ecosistemas marinos.

Todavía no se ha demostrado competitividad económica a escala comercial.

En qué fase se encuentra

Piloto experimental.

La tecnología ha superado los pequeños reactores de laboratorio y ha funcionado en reactores continuos con varios kilogramos de olivino y agua de mar real. No existe todavía una instalación de demostración industrial ni una planta comercial.

Quién está detrás

La investigación está liderada por científicos del Wyss Institute for Biologically Inspired Engineering de Harvard University, el Department of Systems Biology de Harvard Medical School y la Stanford Doerr School of Sustainability, en Estados Unidos.

Entre los investigadores principales figuran Neil C. Dalvie, Amogh P. Jalihal, Abigail Fitzgibbon, Pamela A. Silver, Michael Springer y Steven J. Davis, junto con otros colaboradores.

El trabajo recibió apoyo del Wyss Institute Director’s Fund, Synthetic Biology Hive de Harvard Medical School, Harvard Climate and Sustainability Translational Fund, Salata Institute for Climate and Sustainability, Homeworld Collective y Schmidt Science Fellowship. Neil Dalvie recibió además financiación del programa Career Awards at the Scientific Interface de Burroughs Wellcome Fund para continuar investigando la producción microbiana de sideróforos y el procesamiento de minerales.

Los investigadores Neil C. Dalvie, Jan-Tobias Böhnke, Pamela A. Silver y Michael Springer han presentado una solicitud de patente relacionada con las cepas bacterianas modificadas para producir sideróforos.

Fuente de los datos

Estudio científico revisado por pares, publicado el 28 de agosto de 2026 en Nature Biotechnology: Engineered bacterial siderophore production accelerates rock weathering for carbon removal.

Información complementaria procedente del Wyss Institute de Harvard University y del análisis de ciclo de vida desarrollado junto a investigadores de Stanford.

Vía Harvard University

Más información: Engineered bacterial siderophore production accelerates rock weathering for carbon removal | Nature Biotechnology

Canal de WhatsApp de EcoInventos

Publicado en: Tecnología verde

Interacciones con los lectores

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Barra lateral principal

Investigadores checos desarrollan un “nanosándwich” que convierte CO2 en etanol usando luz solar con una eficiencia récord del 2,74 %

Investigadores de la Universidad Carolina de Praga han desarrollado una fotocátodo capaz de utilizar energía solar para convertir CO₂ directamente en etanol.

Investigadores chinos desarrollan un adhesivo reciclable que pega bajo el agua en 10 segundos y dura más de 3 años

Nuevo pegamento supramolecular alcanza 1,1 MPa en solo 10 segundos bajo el agua y soporta 2 kg durante más de 3 años.

China construye la grúa de anillo más potente del mundo: levanta 14.000 toneladas y consume más de un 30 % menos de energía

China fabrica la mayor grúa anular del mundo: levanta hasta 14.000 toneladas y alcanza 700.000 toneladas-metro.

Investigadores desarrollan nuevo recubrimiento para tubos de cobre que mejora 5,5 veces la condensación y podría reducir el consumo de los aires acondicionados

Científicos desarrollan tubos de cobre que mejoran un 450% la transferencia de calor por condensación gracias a un recubrimiento hidrófobo.

Investigadores desarrollan refrigeración sin compresor que aprovecha calor residual y solar para reducir el consumo eléctrico

Científicos alemanes y japoneses desarrollan refrigeración de estado sólido impulsada por calor residual y energía solar, sin compresores eléctricos.

SolarWindow lanza una lámina solar flexible más delgada que una moneda y tan potente como los paneles de tejado

SolarWindow lanza ElectroFlex, una lámina solar ultrafina, flexible y adhesiva diseñada para generar electricidad sobre superficies curvas.

Investigadores desarrollan un envase biodegradable con orégano y cobre que ayuda a conservar el pescado por más tiempo

Científicos desarrollan un envase activo biodegradable que bloquea hasta el 91,55% de la radiación UV y combate bacterias.

Transformación agrícola sostenible: por qué el diseño «llave en mano» salva recursos en olivos y almendros

La transición hacia modelos agrícolas sostenibles no depende solo de la voluntad del agricultor, sino de la precisión técnica con la que se diseña e implementa cada hectárea.

Investigadores españoles desarrollan un método que captura nanoplásticos del agua y los convierte en materiales para eliminar metales pesados

Científicos españoles capturan nanoplásticos del agua y los convierten en materiales capaces de retirar otros contaminantes.

Investigadores británicos desarrollan un plástico que se vaporiza a solo 90 °C y se reconstruye al enfriarse

Científicos de la Universidad de Surrey crean un polímero reciclable que pasa de sólido a gas y vuelve a ensamblarse.

Puede revisar y cambiar sus preferencias de cookies con respecto a este sitio web en este enlace.

Copyright EcoInventos © 2026 - Aviso legal - Política de privacidad RGPD - Cookies