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Investigadores de la Universidad de Surrey concentran orina humana en fertilizante mediante ósmosis directa con bajo consumo energético

20 abril, 2026 Deja un comentario

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Científicos británicos optimizan la conversión de orina en fertilizante líquido usando filtración eficiente y sistemas de bajo consumo energético.

  • 🔬 Residuo infravalorado → fuente de nutrientes clave.
  • 💧 Menos energía → filtración sin presión, menor coste.
  • 🌱 Nitrógeno y fósforo recuperados → fertilizante local.
  • 🏙️ Cambio de enfoque urbano → de residuo a recurso.
  • ⚠️ Desafío técnico → acumulación en membranas.
  • ♻️ Economía circular real → cerrar el ciclo del agua.

La orina humana podría convertirse en una potente fuente de fertilizante de bajo consumo energético

Un estudio reciente plantea algo que incomoda un poco al principio, pero tiene todo el sentido del mundo: la orina humana puede convertirse en fertilizante de alto valor con un consumo energético muy bajo. Lo interesante no es solo la tecnología, es el cambio de mentalidad. Lo que hoy se tira por el desagüe podría convertirse en un recurso agrícola estratégico.

En un contexto donde la producción de fertilizantes depende en gran medida de procesos intensivos en energía —como el proceso Haber-Bosch, responsable de una parte relevante del consumo global de gas natural—, esta alternativa abre una vía mucho más ligera, más local, más lógica.

Dentro de las pruebas

Durante los ensayos, el sistema demostró algo clave: funciona con orina real, no solo en condiciones ideales de laboratorio. La membrana extraía agua y concentraba los nutrientes en un volumen menor, generando un líquido con potencial fertilizante.

No todo es perfecto. Con el uso continuado, la membrana se va “ensuciando”. Microorganismos y compuestos orgánicos se acumulan, ralentizando el proceso. Es el típico problema de cualquier sistema vivo: el rendimiento cae poco a poco, no de golpe.

Aquí está el matiz importante: no se trata de una tecnología frágil, sino de una que requiere mantenimiento inteligente. Algo bastante asumible si se compara con las infraestructuras actuales de tratamiento de aguas.

Recuperación de los nutrientes en la orina

Aunque apenas representa alrededor del 1 % del volumen de aguas residuales domésticas, la orina concentra gran parte del nitrógeno, fósforo y potasio presentes en ellas. Es decir, justo lo que la agricultura necesita.

Hoy, las ciudades eliminan estos nutrientes en depuradoras, muchas veces con procesos químicos y consumo energético elevado. Después, el sector agrícola los vuelve a comprar en forma de fertilizantes industriales. Es un circuito absurdo si se mira de cerca.

Este tipo de tecnología propone algo distinto: recuperar nutrientes en origen y reutilizarlos directamente. Menos transporte, menos transformación, menos dependencia externa. Más coherencia.

Movimiento del agua sin presión

El corazón del sistema es la ósmosis directa (forward osmosis). En lugar de forzar el paso del agua con presión —como ocurre en la ósmosis inversa—, se aprovecha un gradiente natural de concentración.

Esto tiene varias implicaciones prácticas. Menor consumo energético. Menor desgaste de materiales. Y, sobre todo, mayor viabilidad en contextos descentralizados, donde no siempre hay grandes infraestructuras disponibles.

Eso sí, no todos los nutrientes se quedan. Parte del nitrógeno y el potasio se escapan en el proceso. Aun así, la concentración conseguida resulta suficiente para plantear usos agrícolas reales.

Qué se obstruyó primero

El principal obstáculo detectado es el fouling, esa acumulación progresiva que termina bloqueando la membrana. Curiosamente, no se debe tanto a minerales duros como a vida microscópica: bacterias, compuestos orgánicos, residuos pegajosos.

La composición de la orina influye mucho. En condiciones más alcalinas proliferan ciertos tipos de bacterias; en medios más ácidos aparecen otros organismos. Es un pequeño ecosistema que evoluciona sobre la superficie de la membrana.

Aquí entra en juego un factor que muchas veces se pasa por alto: la gestión previa del residuo condiciona todo el sistema.

Por qué el filtrado ayudó

Filtrar la orina antes del tratamiento marca la diferencia. No es un detalle técnico menor. Es casi una condición básica.

Los ensayos muestran que, al eliminar partículas gruesas, la pérdida de rendimiento baja de forma notable. Menos acumulación, más estabilidad. Parece obvio, pero en sistemas reales estos pasos previos suelen ser los que determinan el éxito o el fracaso.

En otras palabras, la simplicidad del pretratamiento puede ahorrar muchos problemas después.

El papel de las condiciones de almacenamiento

Otro punto interesante es cómo influye el almacenamiento. Ajustar el pH, por ejemplo con ácido cítrico, reduce la acumulación en la membrana.

No es una solución mágica, pero sí una mejora tangible. Demuestra que el rendimiento no depende solo del reactor, sino de toda la cadena.

Este tipo de detalles abre la puerta a optimizaciones relativamente sencillas. Nada sofisticado. Ajustes prácticos que pueden aplicarse incluso en sistemas locales o comunitarios.

Un sistema probado en condiciones reales

Uno de los resultados más prometedores es la recuperación del rendimiento tras la limpieza. Con un enjuague y tratamiento químico suave, el sistema recupera entre un 91 % y un 98 % de su capacidad.

No vuelve exactamente al punto inicial. Siempre queda algo de desgaste. Pero la degradación es manejable. Y eso, en sistemas reales, es clave.

Porque aquí no se busca perfección. Se busca funcionamiento continuo y mantenible en el tiempo.

Conectando el saneamiento con la producción de fertilizantes

La clave de todo esto está en separar la orina desde el principio. Si se mezcla con el resto de aguas residuales, el problema se complica muchísimo.

Algunas ciudades ya lo están explorando. En Durban, por ejemplo, se han implementado sistemas de inodoros con separación de orina, conectando saneamiento y agricultura de forma directa.

Además, ensayos agrícolas previos han demostrado que este tipo de fertilizante puede funcionar en cultivos como la cebada. No es teoría. Ya hay base experimental.

Esto encaja perfectamente con enfoques actuales de economía circular urbana, donde los residuos dejan de ser un problema y pasan a ser recursos.

Líneas futuras de investigación

Quedan retos importantes. Uno de ellos es la acumulación de sales, especialmente sodio, que puede limitar el uso agrícola si no se controla.

También será necesario garantizar la seguridad sanitaria, evitando contaminantes no deseados. Y, por supuesto, diseñar sistemas logísticos viables: recogida, almacenamiento, transporte.

No es solo una cuestión tecnológica. Es un cambio de sistema. Y eso siempre lleva tiempo.

Qué impacto puede tener en el medio ambiente

El impacto potencial es significativo. Por un lado, se reduce la carga de nutrientes en las aguas residuales, lo que disminuye problemas como la eutrofización en ríos y costas.

Por otro, se reduce la necesidad de fertilizantes industriales, asociados a emisiones de CO₂ y consumo intensivo de energía. Menos dependencia de combustibles fósiles. Menos presión sobre recursos minerales como el fósforo.

También hay un efecto indirecto importante: acercar la producción de fertilizantes al consumo agrícola local, reduciendo transporte y vulnerabilidad en cadenas globales.

Vía Universidad de Surrey

Más información: Fouling dynamics of forward osmosis membrane during multi-cycle concentration of hydrolysed and stabilized real human urine – ScienceDirect

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Publicado en: Agricultura ecológica, Reutilizar

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