
Investigadores de la Universidad de Toronto desarrollaron un método llamado cristalización carbonatada evaporativa para capturar CO₂ directamente del aire. El proceso usa acción capilar y evaporación, evitando equipos costosos como ventiladores industriales o grandes plantas químicas.
- Captura de CO₂ con fibras y evaporación natural.
- Menos coste, menos energía, menos maquinaria.
- Reacción acelerada gracias a solución súper concentrada.
- Cristales sólidos tipo “rock candy” = proceso más simple.
- Material barato, procesos pasivos, viento como aliado.
- Reducción de capital hasta un 40 %.
- Humedad, principal reto técnico.
- Potencial para una captura accesible y escalable.
“Rock candy”: una técnica más simple y asequible para capturar carbono directamente del aire
Un equipo de ingeniería de la Universidad de Toronto ha dado con una forma sorprendentemente sencilla de capturar dióxido de carbono atmosférico, apoyándose en algo tan cotidiano como el viento y en una física tan elemental como la evaporación. Una combinación extraña a primera vista, pero enormemente prometedora para reducir los costes de la captura directa de carbono, una tecnología que hoy avanza, pero todavía lucha contra su mayor obstáculo: el precio.
El grupo denomina a su método cristalización carbonatada por evaporación. Y el apodo de “rock candy” —caramelos de azúcar cristalizados— describe muy bien el resultado: pequeñas formaciones blancas de carbonato potásico, donde queda retenido el CO₂ extraído del aire. La clave no está en inventar nuevos materiales, sino en dejar que la naturaleza haga parte del trabajo pesado.
Un sistema que funciona con principios pasivos
La idea nace de una pregunta sencilla: ¿por qué las plantas industriales de captura directa emplean enormes ventiladores para mover aire a 1,5 m/s si, en gran parte del planeta, el viento natural sopla más rápido que eso? Si el viento ya existe, ¿por qué no aprovecharlo?
El investigador Dongha Kim decidió explorar esa vía. Su diseño utiliza largas fibras de polipropileno, un material barato, ligero y muy extendido. La parte inferior de cada fibra se sumerge en una solución de hidróxido de potasio (KOH). El líquido asciende lentamente por capilaridad, formando una película ultra fina en la superficie.
Cuando el viento pasa sobre esas fibras, el agua se evapora y concentra la solución hasta niveles muy superiores a los que se manejan en los sistemas tradicionales. Esta concentración extrema vuelve la reacción con el CO₂ mucho más rápida, y al producirse el carbonato potásico de forma sólida sobre el propio hilo, el proceso evita etapas químicas caras y complejas.
Ese pequeño detalle, aparentemente modesto, cambia medio sistema.
Del aire al cristal sin pasos intermedios innecesarios
En los métodos convencionales, el CO₂ se captura en líquidos diluidos que deben regenerarse mediante procesos químicos adicionales, filtrados y reactores que encadenan energía, equipos y costes.
Aquí, el carbonato se forma directamente como cristal sólido. Para recuperarlo basta con “lavar” la fibra y recoger la sal. Después, un proceso electroquímico separa de nuevo el CO₂ puro y regenera el hidróxido de potasio para reutilizarlo en un ciclo casi cerrado. Esta parte electroquímica ya es bien conocida en la industria, lo que reduce incertidumbres técnicas.
No hay ventiladores gigantes. No hay torres de absorción complejas. No hay aditivos adicionales. La mejora económica proviene, sobre todo, de esa simplicidad deliberada.
Qué revela el análisis económico
Según el estudio, la operación del sistema tendría costes comparables a los métodos actuales, pero los costes de capital podrían caer hasta un 40 %. El motivo es claro: si desaparecen los ventiladores y buena parte de la infraestructura química, desaparece también el gasto asociado.
En una industria donde cada euro cuenta —y donde la falta de competitividad frena la expansión de la captura de CO₂— reducir el CAPEX es una pequeña revolución.
Retos pendientes: humedad y escalabilidad
El sistema funciona mejor en entornos secos, donde la evaporación es más intensa. En zonas con aire muy húmedo, la capacidad del sistema para concentrar la solución y formar cristales disminuye. Tampoco está aún claro cómo responderá el método bajo condiciones extremas o durante ciclos de operación prolongados.
Ahora, el equipo trabaja en un planta piloto para estudiar de verdad su comportamiento fuera del laboratorio. Será ahí donde se verá si esta idea ligera como un hilo puede convertirse en una herramienta industrial sólida.
Potencial
Si este método madura, podría impulsar un cambio profundo: capturar carbono sin depender de maquinaria pesada ni consumos energéticos elevados. Un sistema que funcione en silencio, movido por el viento, encaja sorprendentemente bien con una visión de infraestructuras climáticas más discretas, modulares y distribuidas.
En combinación con energías renovables, almacenamiento sostenible o combustibles sintéticos bajos en carbono, esta tecnología ayudaría a cerrar el círculo: lo que sale a la atmósfera podría recuperarse con menos coste y menos impacto. Y eso abre la puerta a aplicaciones que hoy son impensables para la mayoría de países o comunidades.
No es la pieza que lo resolverá todo. Pero sí una herramienta nueva, ingeniosa y con un potencial real para reducir emisiones difíciles, apoyar la neutralidad climática y construir un modelo donde la tecnología coopere con los procesos naturales, en lugar de luchar contra ellos.
Más información: Dongha Kim et al, Passive direct air capture via evaporative carbonate crystallization, Nature Chemical Engineering (2025). DOI: 10.1038/s44286-025-00308-5



Eduardo dice
Se podria utilizar una chimenea solar para hacer circular el aire y secar las fibras.
Las chimeneas solares utilizan la radiación solar para calentar aire y elevarlo por efecto chimenea.