
Shell demuestra un nuevo sistema de refrigeración por inmersión que acelera la recarga de vehículos eléctricos y reduce el coste de las baterías.
- ⚡ Recarga del 10% al 80% en 9 minutos y 54 segundos.
- 🔋 10 km por cada kWh de consumo.
- 🚗 Más de un 30% de mejora en eficiencia energética.
- 🌍 Huella de carbono de unas 10 toneladas de CO₂e durante todo el ciclo de vida.
- ♻️ Batería más pequeña, ligera y con menos materiales.
- ❄️ Nuevo sistema de refrigeración por inmersión para acelerar la carga.
Una de las mayores petroleras del mundo presenta un coche eléctrico que quiere cambiar las reglas del juego: recarga del 10% al 80% en menos de 10 minutos con solo 175 kW
La electrificación del transporte lleva años avanzando a gran velocidad, aunque todavía arrastra dos grandes desafíos: los tiempos de recarga y el tamaño de las baterías. Ahora, Shell ha decidido demostrar que quizá el camino no pasa por instalar acumuladores cada vez más grandes, más pesados y más caros, sino por gestionar mucho mejor el calor que generan.
Con esa idea nace el Triple 10 Challenge Concept Car, un prototipo funcional presentado en Reino Unido que propone una filosofía completamente distinta para el diseño de futuros vehículos eléctricos. En lugar de perseguir autonomías enormes mediante baterías gigantes, apuesta por maximizar la eficiencia energética, reducir el peso del conjunto y aprovechar tecnologías térmicas ya disponibles para acelerar la carga sin comprometer la vida útil de la batería.

Un vehículo eléctrico diseñado para consumir mucho menos
El nombre Triple 10 hace referencia a tres objetivos muy concretos.
El primero consiste en recargar la batería del 10% al 80% en menos de diez minutos.
El segundo busca alcanzar un consumo de 10 kilómetros por cada kWh, una cifra que supera claramente la eficiencia de la mayoría de los vehículos eléctricos actuales.
El tercero fija una huella de carbono aproximada de 10 toneladas de CO₂ equivalente durante todo el ciclo de vida del automóvil, desde su fabricación hasta su utilización con electricidad procedente de fuentes renovables.
Para conseguirlo, Shell afirma haber mejorado en más de un 30% la eficiencia energética global respecto a numerosos modelos eléctricos actuales. Esto permite instalar una batería de menor capacidad sin renunciar a una autonomía competitiva, algo que reduce tanto el coste del vehículo como la cantidad de materias primas necesarias para fabricarlo.
La refrigeración pasa a ser el verdadero protagonista
El elemento más innovador del proyecto no está en el motor ni en la batería. Está en la gestión térmica.
Mientras la mayoría de los vehículos eléctricos utilizan circuitos de agua con glicol para refrigerar la batería, este prototipo emplea un fluido dieléctrico desarrollado por Shell que permite sumergir directamente las celdas de la batería en un líquido especialmente diseñado para absorber el calor sin conducir la electricidad.

Este sistema consigue mantener una temperatura mucho más uniforme incluso durante las cargas ultrarrápidas. Al reducir los puntos calientes que suelen aparecer dentro del paquete de baterías, disminuye el estrés térmico y mejora tanto la eficiencia como la durabilidad de los componentes.
Además, el vehículo utiliza un único circuito de refrigeración para gestionar la temperatura de todo el sistema de propulsión. Esa simplificación reduce peso, disminuye el número de piezas y facilita la fabricación.
Cargar más rápido utilizando la infraestructura que ya existe
Uno de los datos más llamativos del proyecto es que consigue pasar del 10% al 80% en solo 9 minutos y 54 segundos utilizando un cargador de 175 kW.
Muchos de los vehículos capaces de cargar en menos de diez minutos necesitan potencias superiores a 300 kW, una infraestructura todavía limitada en buena parte de Europa.
En este caso, el prototipo obtiene aproximadamente 24 kilómetros de autonomía por cada minuto conectado al cargador, frente a los alrededor de 13 kilómetros por minuto que consiguen muchos vehículos eléctricos actuales utilizando esa misma potencia.
Eso supone prácticamente duplicar la velocidad a la que se recupera autonomía sin exigir estaciones de carga más potentes ni inversiones adicionales en la red pública.
Menos batería también significa menos emisiones
Uno de los aspectos más interesantes del proyecto es que la sostenibilidad no depende únicamente del uso del vehículo, también comienza en la fábrica.
La producción de baterías representa una parte importante de las emisiones asociadas a un coche eléctrico. Reducir su tamaño implica utilizar menos litio, níquel, grafito, cobre o aluminio, además de disminuir la energía necesaria durante el proceso de fabricación.
Shell estima que este concepto podría alcanzar una reducción cercana al 50% de las emisiones de todo su ciclo de vida respecto a muchos vehículos eléctricos actuales comercializados en Europa, gracias a la combinación de una batería optimizada, materiales reciclables, diseño ligero y recarga mediante electricidad de origen renovable.
Una tendencia que empieza a extenderse en toda la industria
Durante los últimos años numerosos fabricantes han comenzado a replantearse el tamaño ideal de las baterías.
La evolución de las químicas, la mejora de la electrónica de potencia y los avances en refrigeración permiten que vehículos con acumuladores más pequeños puedan ofrecer prestaciones muy competitivas.
Al mismo tiempo, aparecen arquitecturas eléctricas de 800 voltios, sistemas de refrigeración más avanzados y nuevos materiales capaces de soportar cargas mucho más intensas.
La propuesta de Shell se enmarca precisamente dentro de esa tendencia: hacer vehículos más eficientes en lugar de hacerlos simplemente más grandes. Una estrategia que también ayuda a reducir el consumo de recursos minerales, uno de los grandes debates de la movilidad eléctrica.
Potencial
El Triple 10 Challenge demuestra que la innovación en movilidad eléctrica no depende únicamente de desarrollar baterías con mayor capacidad. Optimizar la gestión térmica, reducir el peso y mejorar la eficiencia pueden ofrecer beneficios ambientales igual de importantes.
Si estas soluciones llegan a modelos comerciales, podrían facilitar la fabricación de vehículos eléctricos más asequibles, con menor demanda de materias primas críticas y tiempos de recarga mucho más cercanos a los de un repostaje convencional.
También abrirían la puerta a una utilización más eficiente de la infraestructura de carga existente, acelerando la transición hacia una movilidad con menores emisiones sin exigir grandes transformaciones en la red eléctrica.
A veces los avances más relevantes no consisten en añadir más tecnología. Consisten en utilizar mejor la que ya existe. Y ese parece ser precisamente el mensaje que Shell ha querido lanzar con este prototipo.
Vía Shell unveils its Triple 10 Challenge Concept Car | Shell Global



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