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Investigadores de la Universidad Técnica de Múnich demuestran que los árboles urbanos son el mayor sumidero de carbono en las ciudades

9 marzo, 2026 2 comentarios

4.7/5 - (3 votos)
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Estudio en Múnich revela que los árboles urbanos pueden absorber tanto CO₂ como el emitido por el tráfico en días de verano.

  • Árboles urbanos como sumideros de carbono en plena ciudad.
  • En días de verano, absorción de CO₂ comparable al tráfico urbano.
  • Estudio en Múnich con mapas climáticos de alta resolución.
  • Césped urbano como emisor neto de CO₂ por respiración del suelo.
  • Estaciones del año influyen en el balance de carbono.
  • Mapas urbanos para planificar mejor parques y arbolado.
  • Árboles urbanos: menos calor, mejor aire y más resiliencia climática.

Los árboles urbanos emergen como el mayor sumidero de carbono en las ciudades

Las ciudades suelen imaginarse como lugares donde el carbono solo se acumula: tráfico, calefacción, edificios… emisiones por todas partes. Sin embargo, un estudio reciente sugiere que dentro de ese paisaje urbano existe un aliado silencioso. Los árboles urbanos funcionan como el principal sumidero de carbono dentro de las ciudades, absorbiendo más dióxido de carbono que cualquier otro tipo de vegetación presente en parques o jardines.

En determinados días de verano, la capacidad de absorción de los árboles puede llegar a igualar o incluso superar las emisiones generadas por el tráfico urbano. No significa que las ciudades dejen de emitir CO₂ —ni mucho menos—, pero sí revela que el arbolado urbano juega un papel climático mucho más importante de lo que se pensaba.

Este tipo de hallazgos está empezando a cambiar la forma en que urbanistas, climatólogos y administraciones públicas entienden el papel de la naturaleza en las ciudades.

Cartografiando el carbono en toda la ciudad

Para comprender cómo se comporta el carbono dentro de una ciudad, el equipo liderado por Jia Chen en la Universidad Técnica de Múnich (TUM) desarrolló un sistema de mapas climáticos de alta resolución capaces de rastrear intercambios de CO₂ a escala de calle.

El resultado es revelador. En calles con árboles, pequeños parques o zonas ajardinadas, el carbono se mueve de forma distinta que en áreas dominadas por asfalto y hormigón. Los árboles capturan dióxido de carbono mientras a pocos metros los vehículos lo emiten, generando una especie de mosaico climático urbano.

Durante los días cálidos del verano, cuando la luz solar es abundante y las hojas están en pleno crecimiento, la fotosíntesis alcanza su máximo rendimiento. En ese momento, los árboles incorporan carbono a su biomasa —madera, hojas, raíces— más rápido de lo que el entorno lo libera.

Comprender exactamente cuándo y dónde ocurre este equilibrio resulta clave para evaluar cómo influyen los distintos tipos de espacios verdes en el balance de carbono de una ciudad.

Los árboles absorben la mayor cantidad de carbono

Los datos mostraron que el dosel arbóreo urbano —la cobertura de copas de árboles— destaca claramente como el principal sumidero de carbono dentro del ecosistema urbano.

Durante el día, las hojas capturan CO₂ mediante la fotosíntesis y una parte de ese carbono queda almacenada en el crecimiento del árbol. Aunque el conjunto de la vegetación urbana solo compensa una pequeña fracción de las emisiones totales de la ciudad, ese porcentaje no es insignificante.

En los inventarios climáticos urbanos, unos pocos puntos porcentuales pueden marcar la diferencia al evaluar si una ciudad avanza o no hacia sus objetivos de reducción de emisiones.

Además, los árboles urbanos suelen acumular carbono durante décadas. No es un proceso inmediato, pero sí una forma relativamente estable de almacenamiento biológico de carbono.

El césped libera dióxido de carbono

No toda la vegetación urbana funciona igual.

El estudio detectó que las zonas de césped y praderas urbanas se comportan de forma muy diferente a los árboles. Aunque también realizan fotosíntesis, los procesos biológicos del suelo —especialmente la respiración microbiana— liberan CO₂ de forma constante.

Cuando los investigadores analizaron el balance anual, observaron que muchas áreas de césped terminaban emitiendo más carbono del que capturaban.

Esto no significa que los parques sean negativos para el clima, pero sí demuestra que la gestión del suelo urbano influye enormemente en el balance de carbono. Factores como el riego, el uso de fertilizantes o la frecuencia de corte del césped pueden alterar ese equilibrio.

Cada decisión de mantenimiento tiene un impacto climático.

El verano impulsa la absorción de carbono

Las estaciones del año cambian por completo la dinámica del carbono urbano.

En verano, con abundante luz solar y temperaturas adecuadas, la fotosíntesis se intensifica y la absorción de carbono alcanza su punto máximo. Es el periodo en el que los árboles funcionan como auténticos filtros de CO₂.

Pero cuando cae la noche, el proceso se invierte parcialmente. Las plantas dejan de fotosintetizar, mientras que la respiración de raíces y suelos continúa liberando carbono.

En invierno ocurre otro cambio importante. Los árboles caducifolios pierden sus hojas y la capacidad de absorción disminuye notablemente, mientras que el suelo sigue respirando.

Por eso los científicos insisten en analizar el carbono urbano mes a mes, estación por estación, en lugar de tratar los espacios verdes como si fueran sistemas estáticos.

Las pruebas de campo confirman los resultados

Para validar el modelo, los investigadores realizaron mediciones directas en parques y zonas verdes de la ciudad.

Entre abril de 2024 y febrero de 2025, el equipo midió intercambios de carbono en árboles y suelos urbanos, comparando esos datos con las estimaciones generadas por el mapa climático.

Los resultados mostraron una alta coincidencia entre las mediciones reales y el modelo, lo que refuerza la fiabilidad del sistema. También permitió detectar zonas donde los cálculos todavía necesitan mejoras, especialmente en periodos de verano con intensa actividad biológica.

Este tipo de verificación sobre el terreno resulta esencial para convertir los mapas climáticos en herramientas útiles para la planificación urbana.

Importancia de los árboles en las ciudades. Imagen: Leonardo da Shutterstock

Los píxeles satelitales mezclan distintas superficies

Uno de los grandes retos del análisis urbano es que los satélites observan superficies mezcladas.

Un solo píxel puede incluir árboles, aceras, tejados y carreteras. Cuando eso ocurre, el valor obtenido representa una media de todas esas superficies.

En Múnich, alrededor del 35 % de los píxeles con vegetación incluían también superficies impermeables, como pavimento o edificios. Este fenómeno puede hacer que los espacios verdes parezcan menos eficaces de lo que realmente son.

Por eso los investigadores combinan datos satelitales con observaciones locales. La combinación permite obtener una imagen mucho más precisa del papel climático de cada barrio.

Planificación con datos más precisos

Disponer de mapas climáticos más precisos ayuda a mejorar los inventarios urbanos de emisiones de gases de efecto invernadero.

Separar claramente el CO₂ absorbido por la vegetación del generado por el tráfico o la calefacción permite detectar dónde los cálculos actuales todavía fallan.

Después de aplicar este enfoque en Múnich y Zúrich, el equipo pretende extender la metodología a otras ciudades interesadas en entender mejor su huella climática.

Con datos más claros, los responsables municipales pueden defender la protección del arbolado urbano con argumentos científicos, en lugar de basarse únicamente en intuiciones.

Beneficios de los árboles urbanos

El carbono es solo una parte de la historia.

Los árboles urbanos aportan beneficios ambientales y sociales mucho más amplios. Su sombra reduce el calentamiento de las calles, la evapotranspiración enfría el aire y las raíces ayudan a infiltrar agua de lluvia en el suelo.

En ciudades cada vez más afectadas por olas de calor urbanas, estas funciones se vuelven cruciales.

Los árboles también mejoran la calidad del aire, reducen el ruido y crean espacios más agradables para vivir. Pequeños cambios que, en conjunto, mejoran la salud pública y la calidad de vida urbana.

El carbono varía entre distintas manzanas de la ciudad

Uno de los descubrimientos más interesantes del estudio es que el impacto climático de la vegetación urbana cambia de una calle a otra.

Pequeños parques, alineaciones de árboles o jardines privados crean un mosaico de microclimas dentro de la ciudad. Algunos barrios actúan como pequeños sumideros de carbono, mientras que otros apenas influyen en el balance de CO₂.

Los mapas desarrollados por el equipo muestran qué zonas realmente influyen en el clima urbano. Esta información facilita explicar a los ciudadanos por qué ciertos espacios verdes son más valiosos que otros desde el punto de vista climático.

La naturaleza urbana, vista así, deja de ser un simple elemento decorativo. Se convierte en infraestructura climática.

Vía www.tum.de

Más información: Fine‐Scale Estimation of Urban Biogenic CO2 Fluxes: A Novel Framework Integrating Multiple Versions of Vegetation Photosynthesis and Respiration Models and In Situ Measurements – Li – 2026 – Earth’s Future – Wiley Online Library

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Publicado en: Contaminación, Artículos destacados

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Comentarios

  1. Jaime Baptista dice

    9 marzo, 2026 a las 14:48

    Gracias por su trabajo! Algunas de sus publicaciones, las aplicables a nivel doméstico me sirvieron.
    Los sigo desde Potosí, Bolivia

    Responder
  2. Lucio Rivera dice

    11 marzo, 2026 a las 13:39

    Los momentos actuales del cambio climático es importante realizar acciones que favorezcan la mejora de éste. Sin duda la biomasa arborea es importante en las ciudades. En mi caso lo percibo en el Bosque de San Juan de Aragón que está en mi comunidad.

    Responder

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