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Investigadores de Luisiana desarrollan espuma de origen vegetal con 85% de eficiencia para eliminar microplásticos del agua

11 febrero, 2026 1 comentario

4.8/5 - (6 votos)
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Científicos de LSU diseñan espuma de ácido graso derivado del aceite de ricino que atrapa microplásticos de cualquier composición.

  • Microplásticos persistentes.
  • Agua contaminada, invisible.
  • Espuma vegetal funcional.
  • Trampa física, no química.
  • Material abundante y barato.
  • Aplicación en depuración.
  • Tecnología sencilla, escalable.

Una espuma ecológica ofrece una nueva vía eficaz para eliminar microplásticos del agua

El laboratorio de Louisiana State University (LSU), dentro de su College of Engineering, lleva años abordando uno de los problemas más complejos de la contaminación moderna: los microplásticos en el agua. Bajo la dirección del investigador Bhuvnesh Bharti, el equipo ha explorado este reto desde la ciencia coloidal, una disciplina que analiza el comportamiento de partículas diminutas suspendidas en fluidos. Un enfoque poco vistoso, pero clave.

Con la colaboración de la recién graduada Kennedy Guilot, el grupo ha desarrollado una espuma de origen vegetal capaz de atrapar microplásticos de muy distinta naturaleza. No distingue entre polímeros, tamaños o estados de degradación. Simplemente los retiene. Y eso, en este campo, es un pequeño salto conceptual.

Microplásticos: un problema escurridizo

Los microplásticos no son solo fragmentos pequeños de plástico. Son partículas persistentes, con superficies químicas muy distintas entre sí, que aparecen tanto en aguas residuales como en ríos, suelos agrícolas o incluso agua potable. Su tamaño microscópico y su diversidad hacen que los sistemas de filtrado convencionales fallen o solo funcionen para un tipo concreto de contaminante.

Hasta ahora, muchas tecnologías de depuración dependían de interacciones químicas específicas. Funcionan bien… siempre que el contaminante sea “predecible”. El problema es que los microplásticos no lo son. Por eso, una solución universal en un solo paso ha sido, durante años, más un deseo que una realidad.

Una trampa física en lugar de una reacción química

La propuesta del equipo de LSU da un giro interesante. En lugar de modificar químicamente el agua o los plásticos, optan por algo más directo: atraparlos físicamente.

La clave está en una espuma formada por burbujas de aire y una red de microtúbulos sólidos, con forma de pequeñas varillas, fabricados a partir del ácido 12-hidroxiestearico, un ácido graso de origen vegetal. Estos microtúbulos ocupan los canales líquidos entre las burbujas de la espuma y crean una especie de atasco microscópico. Todo lo que queda ahí dentro, no sale.

El proceso es sorprendentemente simple. Se añade el agente espumante al agua contaminada y se agita con energía. No hacen falta reactivos complejos ni condiciones especiales. Los microplásticos quedan retenidos dentro de la espuma, independientemente de su composición.

El equipo lo compara con el juego Kerplunk. Los microtúbulos actúan como los palillos y los microplásticos como las canicas atrapadas arriba. Una analogía sencilla, casi infantil, pero bastante precisa.

Eficiencia real, sin trucos

Uno de los aspectos más interesantes es que esta espuma no necesita modificar la superficie de los microplásticos ni establecer enlaces químicos con ellos. Funciona con plásticos nuevos, envejecidos, fragmentados por el sol o el agua. Eso amplía mucho su campo de aplicación.

Tras varios ciclos de espumado, el sistema alcanza una eficiencia acumulada de eliminación del 85 %. No es un número mágico, pero sí notable para una técnica tan simple y sin productos tóxicos asociados.

Además, recuperar los microplásticos atrapados tampoco requiere procesos complicados. Basta con aplicar calor para desestabilizar la espuma y liberar las partículas, facilitando su recogida y gestión posterior.

Un material humilde con ventajas claras

Hay un detalle que no pasa desapercibido: el ácido graso utilizado procede del aceite de ricino. Un recurso vegetal, abundante, barato y ya presente en múltiples cadenas industriales. No es un material exótico ni dependiente de tierras raras o procesos altamente energéticos. Eso importa. Mucho.

Este enfoque encaja mejor con las necesidades reales de las plantas de tratamiento de aguas, donde la simplicidad, el coste y la robustez del sistema suelen pesar más que la sofisticación tecnológica.

Potencial

Esta espuma vegetal abre la puerta a soluciones híbridas en depuración, complementando filtros y tratamientos existentes sin sustituirlos por completo. Podría integrarse en estaciones depuradoras, puntos de acumulación de microplásticos o incluso sistemas portátiles para zonas rurales o emergencias.

Más allá del agua, el concepto de atrapar contaminantes por diseño físico, y no por afinidad química, puede inspirar nuevas tecnologías para otros residuos difíciles de capturar. Menos dependencia de materiales complejos, más inteligencia estructural.

No es la solución definitiva al problema del plástico. Pero sí una herramienta realista, escalable y alineada con una idea cada vez más necesaria: limpiar sin ensuciar más. A veces, avanzar consiste justo en eso.

Vía LSU Research Bites: Eco-Friendly Foam Offers Powerful New Way to Remove Microplastics from Water

Más información: Fatty acid foams for nonselective physical removal of microplastics from aqueous solutions – Soft Matter (RSC Publishing) DOI:10.1039/D5SM00850F

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Publicado en: Gestión eficiente del agua

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Comentarios

  1. Bachiller dice

    13 febrero, 2026 a las 21:50

    Será eficacia, no eficiencia.

    Responder

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