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Investigadores de Stanford crean un nuevo cemento que reduce la contaminación en un 67% usando roca volcánica

9 abril, 2026 Deja un comentario

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Científicos de Stanford impulsan “Phlego”, un cemento con materiales volcánicos que reduce emisiones sin cambiar procesos industriales.

  • Cemento → 8 % emisiones globales.
  • Nueva fórmula → −67 % CO₂.
  • Roca volcánica → sin carbono.
  • Menos clínker → menos energía.
  • Compatible → fábricas actuales.
  • Alternativa real → materiales escasos.
  • Inspiración → naturaleza volcánica.

Stanford logra reducir en dos tercios las emisiones del cemento con roca volcánica

El cemento está en todas partes. Viviendas, carreteras, infraestructuras críticas. Y, al mismo tiempo, es uno de los grandes responsables de las emisiones globales. Se estima que su producción genera cerca del 8 % de los gases de efecto invernadero. Un problema enorme, bastante invisible.

Un equipo de la Universidad de Stanford ha dado un paso importante para cambiar esa realidad. Su propuesta no gira en torno a reinventarlo todo desde cero. Va por otro camino: aprovechar lo que ya existe, pero hacerlo mejor.

Inspiración en la naturaleza volcánica

La investigación liderada por Tiziana Vanorio parte de una observación curiosa: en regiones volcánicas como Pozzuoli (Italia), existen rocas formadas de manera natural que actúan como un cemento extremadamente resistente.

Estas rocas, ricas en cenizas volcánicas (puzolanas), presentan propiedades mecánicas sorprendentes. Flexibles antes de fracturarse, duraderas durante siglos. Basta mirar estructuras romanas como el Panteón para entender su potencial.

El equipo ha conseguido replicar ese comportamiento en laboratorio, desarrollando una fórmula llamada Phlego, un cemento de bajo carbono inspirado en esos procesos geológicos.

Por qué el cemento tradicional contamina tanto

El problema del cemento convencional está en su núcleo: el clínker.

Para producirlo, se calienta caliza (carbonato cálcico) a temperaturas muy elevadas. Este proceso libera CO₂ por dos vías:

  • Reacción química directa: la descomposición de la caliza genera grandes emisiones.
  • Consumo energético: hornos alimentados, en muchos casos, con combustibles fósiles.

Además, hay una ineficiencia clara: aproximadamente la mitad de la masa original de la roca se pierde en forma de dióxido de carbono. Es decir, se extrae, se transporta… y se convierte en emisiones.

Aquí es donde entra el cambio.

Phlego: una alternativa con menos carbono

La clave de Phlego está en sustituir la caliza por una roca ígnea rica en minerales, formada ya sin carbono en su origen geológico.

Esto tiene varias implicaciones importantes:

  • Al calentarse, no libera CO₂ significativo.
  • Genera una puzolana artificial con propiedades activas.
  • Puede desempeñar el papel del clínker o complementarlo.

El resultado es una reducción de emisiones de hasta el 67 %, manteniendo estándares industriales.

Un detalle relevante: el material se ha diseñado para imitar la microestructura fibrosa de las rocas volcánicas naturales. Esto mejora la resistencia a la fisuración. En otras palabras, estructuras más duraderas. Y eso, a largo plazo, también reduce emisiones.

Un sector difícil de descarbonizar

El cemento forma parte de los llamados sectores “hard-to-abate”. Es decir, difíciles de descarbonizar.

No solo por la tecnología, también por el contexto económico:

  • Márgenes muy ajustados en la industria.
  • Producción continua, sin margen para parar procesos.
  • Alta dependencia de infraestructuras existentes.

Por eso, soluciones como Phlego tienen ventaja: funcionan como un “drop-in”, es decir, se pueden integrar en las plantas actuales sin grandes modificaciones.

Ese punto es clave. Sin él, muchas innovaciones se quedan en el laboratorio.

El problema creciente de los materiales alternativos

Hasta ahora, la industria ha reducido emisiones utilizando materiales complementarios llamados SCM (materiales cementantes suplementarios), como cenizas volantes o escorias industriales.

El problema es que estos materiales empiezan a escasear:

  • Menos centrales de carbón → menos cenizas disponibles.
  • Variabilidad en calidad → más control necesario.
  • Limitación geográfica → transporte más caro.

Aquí aparece otra ventaja de Phlego: es un material abundante, más homogéneo y escalable.

Según previsiones del sector, la demanda de SCM crecerá alrededor de un 8 % anual en la próxima década. La presión sobre el suministro será fuerte. Alternativas como esta llegan en el momento justo.

Del laboratorio al mercado

El salto de la investigación a la industria es siempre el punto crítico. En este caso, el equipo de Stanford ya ha avanzado en esa dirección:

  • Validación técnica del material.
  • Ensayos que cumplen estándares industriales.
  • Apoyo del Stanford Sustainability Accelerator.
  • Contacto con empresas del sector.

Además, están optimizando el proceso para mejorar rendimiento y costes. Porque, en este sector, la sostenibilidad sin viabilidad económica no funciona.

Potencial

El potencial de esta tecnología no está solo en reducir emisiones. Va más allá.

Puede ayudar a redefinir cómo se construye:

  • Integración en infraestructuras urbanas bajas en carbono.
  • Uso en proyectos de rehabilitación energética.
  • Aplicación en regiones con acceso limitado a SCM tradicionales.

Además, encaja bien con otras tendencias:

  • Electrificación de hornos industriales.
  • Uso de energías renovables en procesos térmicos.
  • Digitalización para optimizar mezclas y materiales.

No es una solución única. Tampoco mágica. Pero sí una pieza importante en un puzzle complejo.

Si se combina con políticas públicas adecuadas, estándares de construcción más exigentes y demanda de materiales sostenibles, puede acelerar un cambio real.

Y aquí está lo interesante: no hace falta esperar décadas. La base ya existe. Solo falta escalarla.

Vía Stanford Report

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Publicado en: Arquitectura sostenible

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