
Microplásticos llegan a las profundidades del océano: hallan contaminación en animales de respiraderos hidrotermales a 2.000 metros bajo el mar.
- 🌊 Microplásticos a 2.000 metros de profundidad.
- 🐚 Presencia en el 92 % de los animales analizados.
- 🔬 Respiraderos hidrotermales contaminados.
- 🧭 Diferencias entre regiones oceánicas.
- ♻️ Prevención en origen, única solución viable.
- 🌍 Nueva alerta para la conservación marina.
Microplásticos llegan a los respiraderos hidrotermales: el plástico ya alcanza uno de los ecosistemas más remotos del planeta
Durante años se creyó que los respiraderos hidrotermales del fondo oceánico eran uno de los últimos refugios prácticamente intactos del planeta. Son ecosistemas extremos, situados a unos 2.000 metros de profundidad, donde la vida prospera gracias a compuestos químicos que emergen desde el interior de la Tierra, sin depender de la luz solar. Sin embargo, una nueva investigación demuestra que ni siquiera estos lugares han escapado a la contaminación generada por la actividad humana.
Un equipo de investigadores del Korea Research Institute of Bioscience and Biotechnology (KRIBB) ha detectado microplásticos en caracoles y mejillones que viven alrededor de estos respiraderos submarinos. El estudio, publicado en la revista Water Research, encontró partículas plásticas en 11 de los 12 animales analizados, lo que equivale al 92 % de las muestras estudiadas.
Un problema que alcanza las profundidades más inaccesibles
Los microplásticos, definidos como fragmentos de plástico inferiores a 5 milímetros, ya habían sido localizados en glaciares, sedimentos oceánicos, agua potable, aire e incluso en tejidos humanos. Este trabajo amplía aún más esa lista y confirma que también forman parte de uno de los ambientes más aislados del océano profundo.
Los investigadores analizaron organismos procedentes de dos zonas muy alejadas entre sí: la cuenca del Norte de Fiyi, en el Pacífico suroccidental, y la Dorsal Central del Índico. A pesar de la enorme distancia respecto a las costas y de las condiciones extremas de estos hábitats, la contaminación estaba presente en ambos lugares.

Cada animal contenía una media de 3,42 fragmentos de plástico, siendo el poliestireno el material detectado con mayor frecuencia. Este polímero se utiliza ampliamente en envases desechables, embalajes y productos de aislamiento, lo que pone de manifiesto la enorme capacidad de dispersión de los residuos plásticos.
La forma de alimentarse influye en la acumulación de plásticos
Uno de los aspectos más interesantes del estudio es que la distribución de los microplásticos dentro del organismo depende del comportamiento alimentario de cada especie.
Los caracoles, que se alimentan raspando el fondo marino, concentraban la mayor parte de las partículas en sus órganos digestivos. En cambio, los mejillones, que filtran continuamente el agua para capturar alimento, presentaban una distribución mucho más uniforme de los microplásticos por todo su cuerpo.
Esta diferencia ayuda a comprender cómo interactúan estos contaminantes con distintos organismos y puede facilitar futuras investigaciones sobre sus efectos fisiológicos y metabólicos.
El océano profundo tampoco está aislado
Aunque estos ecosistemas parecen desconectados de la actividad humana, en realidad mantienen una relación constante con el resto del océano mediante corrientes marinas, procesos de sedimentación y transporte de partículas.
Los científicos observaron además que los animales del océano Índico acumulaban concentraciones significativamente superiores a los del Pacífico suroccidental. Todavía no existe una explicación definitiva, aunque los investigadores apuntan a varios factores que podrían actuar conjuntamente:
- Las diferencias en las corrientes oceánicas, que transportan partículas durante miles de kilómetros.
- La intensidad de la contaminación costera en distintas regiones.
- La aportación de grandes sistemas fluviales, capaces de arrastrar enormes cantidades de residuos hacia el mar.
- La acumulación de plásticos en los sedimentos, que posteriormente pueden incorporarse a la cadena alimentaria bentónica.
Todo ello confirma que la contaminación plástica funciona a escala planetaria y que incluso las regiones aparentemente más remotas permanecen conectadas con las actividades desarrolladas en la superficie.

Un desafío creciente para la biodiversidad marina
Los respiraderos hidrotermales albergan comunidades biológicas extraordinarias. Muchas de sus especies son endémicas, es decir, no existen en ningún otro lugar del planeta. Además, presentan adaptaciones únicas a temperaturas extremas, altas presiones y ambientes ricos en compuestos químicos.
La llegada de microplásticos añade un nuevo factor de estrés para organismos cuya biología todavía se conoce muy poco. Aunque los efectos concretos sobre estas especies aún están siendo investigados, otros estudios realizados en diferentes ecosistemas marinos han relacionado la presencia de microplásticos con:
- Alteraciones digestivas.
- Reducción de la capacidad reproductiva.
- Respuesta inflamatoria en tejidos.
- Estrés oxidativo.
- Transporte de contaminantes químicos adheridos a la superficie del plástico.
En especies filtradoras, además, estos fragmentos pueden desplazar parte del alimento natural, reduciendo la energía disponible para crecer y reproducirse.
Qué impacto puede tener en el medio ambiente
La presencia de microplásticos en ecosistemas tan profundos demuestra que la contaminación marina ya no es únicamente un problema costero. El plástico forma parte del ciclo oceánico global y puede permanecer durante décadas desplazándose entre la superficie, la columna de agua y los sedimentos.
Esto supone un riesgo añadido para la cadena alimentaria marina, ya que las partículas pueden pasar de pequeños invertebrados a peces y otros depredadores mediante procesos de bioacumulación y transferencia trófica. Aunque los microplásticos no siempre permanecen íntegros durante ese recorrido, sí pueden transportar aditivos químicos y otros contaminantes asociados.
También preocupa el impacto sobre ecosistemas extremadamente lentos en su recuperación. Los respiraderos hidrotermales evolucionan durante miles de años y albergan especies muy especializadas, por lo que cualquier alteración puede tener consecuencias difíciles de revertir.
Desde el punto de vista científico, este hallazgo refuerza la necesidad de incorporar el océano profundo a los programas internacionales de seguimiento ambiental. Iniciativas impulsadas dentro del Decenio de las Ciencias Oceánicas para el Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas (2021-2030) están promoviendo precisamente una mejor vigilancia de estos ecosistemas para comprender cómo responden al cambio climático y a la contaminación global.

Reducir el problema donde realmente comienza
Extraer microplásticos del fondo oceánico resulta, en la práctica, inviable. La enorme profundidad, las condiciones extremas y la inmensidad del océano hacen imposible plantear una limpieza a gran escala.
Por esa razón, la estrategia más eficaz continúa siendo evitar que el plástico llegue al medio ambiente. Esto implica reducir el consumo de productos de un solo uso, mejorar los sistemas de recogida y reciclaje, desarrollar materiales con menor impacto ambiental y limitar la liberación de microplásticos procedentes de textiles sintéticos, neumáticos o procesos industriales.
En los últimos años también se están desarrollando tecnologías capaces de capturar microplásticos en estaciones depuradoras, filtros para lavadoras domésticas y nuevos materiales biodegradables que buscan disminuir la cantidad de residuos persistentes que terminan alcanzando ríos y océanos.

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